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martes, 8 de diciembre de 2015

LOS SECO DE LUCENA (3)

Un artículo de Helene Boland Seco de Lucena, descendiente familiar.

LUIS SECO DE LUCENA PAREDES

“Don Luis, catedrático. Don Luis, director de estas jornadas, Don Luis, conferenciante. Don Luis, multiplicado”*. Aunque parezca poco factible, le faltan aún más calificativos a Don Luis, pero pensándolo bien de cada una de estas palabras derivan las otras: el incansable investigador, el amante de la música, el buen amigo de sus amigos, por supuesto el profesor, esposo y padre de familia, y por último mi abuelo.



Nace en Granada justo al empezar el siglo, en 1901. Es hijo del famoso periodista con el que comparte nombre y apellidos y sobre todo, su ilusión por ver Granada propulsada a lo alto de la cima. La influencia de la fuerte personalidad paterna sobre el joven Luis se puede medir en su incursión en la prensa a sus 13 años, pues junto con unos amigos editan un semanario titulado La Libertad, en sus columnas como articulista en La Publicidad, en El Defensor, en la Gaceta de Sur en los años 1924-1925, y más adelante utilizándola como medio para su labor en pro de la defensa de Granada artística y la divulgación de lo que yo llamaría “su gran Obra”, su investigación sobre la historia política y cultural del Islam español. Es curioso el paralelismo que existe entre su propia vida y sus éxitos laborales basados en esa laboriosa investigación: dos enormes puzzles a los que en su debido momento se dispondrá a colocar una pieza tras otra hasta completarlos.

Al tener un carácter independiente se mostrará seguro al comunicarle a su padre, que veía en él un digno sucesor, su decisión muy joven aún, de lanzarse a por la cátedra de lengua árabe de Granada y es que al irse a preparar el doctorado a Madrid conoce a Ángel González Palencia, a Emilio García Gómez, a Menéndez Pidal, a Manuel Gómez Moreno y a Miguel Asis, siendo este último el que le va a dar sin saberlo, la clave que le abrirá la puerta de la investigación, al comentarle la presencia de documentos árabes tanto en conventos y monasterios granadinos como en la misma universidad. En su interior existe una clara inclinación hacia el estudio como reflejan sus excelentes calificaciones en el colegio, en la universidad, donde termina Filosofía y Letras con calificación de premio extraordinario (1923) y finalmente en sus estudios en Madrid culminando el doctorado con un sobresaliente (1941), redactando su Tesis doctoral “Ibn Hazm al-Andalusi: libro del Naqt al-Arús”, traducción española con notas y estudios. Pero antes de llegar a esta fecha, Luis va a ser profesor en Granada (1926) donde se le nombrará “profesor especial del Instituto”, y sucesivamente en Morón de la Frontera, enviado en comisión de servicios, en Jaén y finalmente volviendo a Granada al estallar la guerra impartiendo clases en el recién inaugurado Instituto femenino Ángel Ganivet. Paralelamente a su trabajo de profesor, fue funcionario del ministerio de Trabajo llevando a cabo las mediaciones en los problemas laborales que podían surgir en lo que se denominaba “los jurados mixtos”. Al terminar la contienda se entera por el Boletín Oficial del Estado, que la Alta Comisaría de Marruecos solicita un profesor que supiera hablar árabe y que asesorara en materia de enseñanza marroquí al alto comisario, y sin pensárselo dos veces se traslada por un periodo de 2 años a Tetuán. Sin embargo, sabe que su futuro está en Granada y en 1941 al quedarse vacante la plaza de cátedra de árabe de la universidad de Granada, se lanza a por ella mediante el riguroso proceso de las oposiciones, y finalmente cumple con el sueño de volver a su ciudad natal, ocupando ese puesto junto con el de la dirección de Escuela de Estudios Árabes, hasta su jubilación en 1971.



A lo largo y a lo ancho de todos los días que llenaron estos 30 años frente a su cátedra, el incansable Luis trabaja en el gran desafío que constituye sacar del olvido documentos llenos de polvo y nunca estudiados que representaban la raíz para el profundo conocimiento de una cultura que llegó a su apogeo en Granada, para finalmente dejarnos lo que tituló Cristóbal Torres Delgado “El profesor Seco de Lucena y su huella en la historia medieval”. Basta con consultar su bibliografía (que he recogido en lucenacenseblogspot.com) para darse cuenta de la envergadura de su obra. Gracias a ella conocemos por ejemplo, con certeza, la fecha de la batalla del Salado (revista Al-Andalus); también, aporta informaciones nuevas sobre las expediciones del Condestable Luna y de Juan Castilla II (Revista del Instituto Egipcio de Estudios); levanta el telón que oscurecía la información corrompida por el paso de los años acerca del verdadero nombre de la madre de Boabdil (Abu Abdallah Muhammad); sobre la poesía del occidente europeo (Orígenes del orientalismo literario), y el estudio de tres romances fronterizos publicados en el Bulletin Hispanique des annales de la faculté des lettres de Bordeaux (1959); y, deshace errores transmitidos de generación en generación acerca de las actuaciones y manejos políticos en la corte de los sultanes (Los Abencerrajes. Leyenda e Historia); La variedad de los lugares en la que publicaba el resultado de sus trabajos da una clara visión del reconocimiento del que gozaba, pero lo que de manera contundente aclara el deseo que albergaba Luis de llevar sus conocimientos a las cuatro esquinas del mundo, son sus repetidas y sonadas conferencias en lugares tan diversos como: Canadá, Inglaterra, Italia, Alemania, Francia, Marruecos, Suiza, Egipcio, y Rusia a la que no pudo acudir por sentir en el tren que lo conducía hacia allá, los primeros síntomas del cáncer que se lo llevó. También por el mismo motivo acudió a multitudes de ciudades españolas: Madrid, Valencia, Córdoba, Sevilla, Málaga, y por supuesto Granada, etc…



Sus viajes por el territorio español no sólo son debidas a sus conferencias, sino que también a las sesiones Hispano Musulmanas de las que fue director y se organizaron sucesivamente en Madrid, Córboba, Sevilla, Toledo, Granada, Valencia y Murcia. 

Sin lugar a duda todas estas actividades contribuyeron a la difusión de sus estudios, a facilitar el encuentro y la puesta en común de los resultados de la investigación llevada a cabo por los historiadores que en aquella época se dedicaban al estudio del Islam. Y por esa preocupación para que no se quedara su propia investigación y las del grupo de amigos que le rodea en el olvido, sino más bien todo lo contrario, buscando la posibilidad de reunir y contagiar a otros en sus investigaciones, lo lleva a fundar con el catedrático de lengua hebrea de la UGR la revista científica titulada “Miscelánea de Estudios Arabes y Hebraicos” de la que fue también director.

Lo curioso de su perspicaz personalidad se observa también mediante la lectura de los artículos que él escribía al regreso de sus viajes en el extranjero, como en dos ocasiones, una durante su viaje a Colonia y otro durante su viaje a Nueva York. Relata a su vuelta (1953) de Alemania la emoción que le causa haber avistado los destrozos de las ciudades que hubo de atravesar en su periplo con el fin de asistir al Congreso Orientalista de Bonn, siendo el único español invitado por la Sociedad Alemana de Estudios Orientales. Esclarece no obstante, que aquellos destrozos se localizan en las grandes ciudades y no en los pequeños pueblos como Zons, “que pasaron al lado de la hecatombe”. ¡Sin embargo y lo que más admira del pueblo alemán, es como en aquella Alemania 10 años después del final del conflicto mundial, con las cicatrices y mutilaciones a simple vista, existen seminarios de Estudios Orientales en la mayoría de sus universidades! De su viaje a Estados Unidos nos cuenta, entre otras cosas, un detalle que ocurrió durante su larga travesía, la exposición de un español en pleno océano Atlántico. En efecto, embarcó junto al matrimonio Seco de Lucena (Luis y María) el pintor García Iranzo y de forma totalmente espontánea, se organiza la exposición de sus obras a bordo del transatlántico. Sin lugar a duda le hierve la sangre del periodista que fue su padre, y aprovecha la ocasión para escribir unos curiosos y simpáticos artículos. También aprovechó sus veraneos en el pueblo de Los Bérchules en las Alpujarras para por una parte alabar la variedad de sus paisajes, la frescura de sus riachuelos, que contrastan con las ariscas montañas alternándose uno con otro, y por otra parte, la excesiva falta de comunicación que le impide dar salida a sus productos.

De su participación en congresos nacionales e internacionales le llegarán números premios y condecoraciones españolas y extranjeras como la que le concede el gobierno de la RAU (Repúblicas Árabes Unidas): la placa de oro de primera clase de la orden del Nilo, una de las más altas condecoraciones egipcias. Recibe también el premio Luis Vives en 1958 por sus méritos como investigador. Y el mismo año, recibe la beca de la fundación March que le otorga una ayuda de 50.000 pesetas para su investigación sobre la civilización hispano musulmana del siglo XV. Pero también se le premiará por parte del ministerio de Educación Nacional con la Encomienda de número de la Orden de Alfonso X el Sabio en 1964.

Él tuvo la inmensa suerte de atravesar, saliendo ileso, una guerra civil que mermó la Granada intelectual de aquella época y es importante encajar su obra con las dificultades y las limitaciones y presiones propias del régimen político durante el que desarrolló su actividad profesional. Por supuesto marcaron los límites a su investigación, sobre todo en la forma de tratar los temas elegidos de entre el legado de su padre. Y es que, dedicará horas y horas a clasificar la abundante correspondencia de su padre para poder llevar a cabo estudios y publicaciones como el que dedicó a José Zorrilla, a Isaac Albéniz o a Angel Ganivet, este último siendo el más profuso por la cantidad de información que poseía ya que fue amigo íntimo de su tío Paco, hermano de su padre. Difundió la obra de Ganivet, procurando dar las informaciones más fieles posibles, a través de unas conferencias que dio en el territorio español. Pero ahí no se quedaron sus esfuerzos ya que traspasó nuestras fronteras, y en 1967, en Roma, en el instituto español de lengua y literatura organiza otra conferencia aprovechando el centenario de su nacimiento. Se quedará con las ganas de realizar un estudio sobre el poeta García Lorca ya que la coyuntura política seguía siendo desfavorable, y es curioso cómo le seguía preguntando a sus hijos mayores a la hora de la comida, como el que no quiere la cosa, si el profesor de literatura le había hablado de García Lorca mientras interrumpía la lectura diaria de las poesías del poeta que daban “música” al almuerzo.














Dedicaba Luis sus ratos libres a sus amigos, a su familia, a su esposa, y a la música. Disfrutaría mucho al aceptar la secretaría del patronato Cátedra Manuel de Falla de la Universidad de Granada que ofrecía concierto en el aula magna de la facultad de medicina a partir del mes de noviembre. No sólo intentaba traer a Granada grandes orquestas sino que también promovió las mejoras en cuanto a las instalaciones como por ejemplo la adquisición de un piano de cola. Paralelamente a aquella misión es designado en 1954 miembro del Comité del III festival de música y danza de Granada, pasando en 1962 a ocupar el cargo de comisario del festival hasta el año 1970. Destacan de estos años su figura como propulsor de estos festivales culminando en su último año con una programación de la que destaca la de Andrés Segovia en el mismísimo patio de los leones de la Alhambra. Pero también es menester comentar la presencia e incorporación en la programación anual de los coros de la provincia, como los niños cantores de Guadix, en colaboración con la Orquesta Nacional. Y por último, pero no menos importante, cabe nombrar aquello que en este año 2015 cumplió su 46 aniversario: los cursos Manuel de Falla, última aportación de Luis Seco de Lucena al festival. En 1970 se inauguran con 30 becarios, críticos musicales y profesores de música, con una duración de 10 días.

Y ya llegamos al final de esta corta biografía pero queda aún un punto indispensable por recalcar ya que le ocuparía mucha parte de su tiempo, y sobre todo lo hizo como deber de cualquier granadino que se ve afligido por el continuo destrozo de la armonía arquitectural de la ciudad. Publica en los cuadernos de Artes de la UGR, un estudio en el que describe aquellos monumentos que han ido desapareciendo a lo largo de los siglos, incluyendo los últimos baños árabes del estropeado barrio de los Alfareros, en 1968, conocido por El Realejo. Publicó más de 30 artículos en la prensa exhortando a que se aplicara la ley con el fin de proteger y evitar que se perdiera para siempre el encanto y la armonía del paisaje granadino, dedicando varios de ellos a la Vega. Publicó con la Caja de Ahorros en cuaderno alabando los famosos Cármenes granadinos cuya denominación es intrínseca a las casas de esta ciudad.

Y para terminar con una anécdota hemos de remontar a 1986 en clase de español en un instituto de París donde la que os habla se quedó muda al ver agitar el libro de su abuelo en la mano de su profesora de español, que nos anunciaba, que esa era por entonces la mejor guía para acudir de turismo a Granada. Una guía que fue traducida a 4 idiomas y con varias reediciones. A esta guía añadiremos los libros de La Alhambra y del Albaicín que tuvieron también una gran acogida.



Luis fue, como el recién fallecido y alumno suyo Emilio de Santiago, o como sus amigos Domingo Sánchez Puerta, Jesús Bermúdez, Alfonso Gámir,…, lo que se denomina un “auténtico anfitrión” para realizar una visita deliciosa por la Alhambra y el Generalife. Por ello fue propuesto por Manuel Gómez Moreno y Leopoldo Torres Balbás (con el que mantenía una intensa correspondencia sobre temas alhambreños después de que dejara el cargo de arquitecto del monumento) como académico correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid en 1959, (ya lo era de la de Bellas Artes de Granada desde 1951), cuando, para los granadinos, la Alhambra era nuestra segunda casa por la que paseábamos buscando duendes los fines de semana.




domingo, 29 de noviembre de 2015

LOS SECO DE LUCENA (2)

Un artículo de Helen Boland Seco de Lucena, descendiente familiar.

FRANCISCO SECO DE LUCENA

Francisco (Paco) Seco de Lucena nació en Puerto Real, provincia de Cádiz, a finales del año 1869. Cuando cumplió 7 años la familia entera, formada por los tres hermanos Luis, Paco, Ángeles y la madre, Doña Manuela (viuda de Manuel Seco Escalada), se trasladó a Granada. Francisco, por entonces Paquito, por las mañanas, al regazo de su madre, maestra, aprenderá los conocimientos necesarios que le llevarán a ingresar en el único instituto con que contaba Granada en esta época. 

En cambio sus tardes eran bien distintas, se reunía con Luis, 13 años mayor que él, en la redacción del periódico El Universal del que era director. Nos cuenta Francisco Gil Craviotto que entre los numerosos artículos de despedida publicados a Paco el día de su muerte destacan las palabras del periodista Juan Pedro Mesa de León : “¡Cuantas veces lo tuve sentado sobre mis rodillas en aquella inolvidable redacción de la calle Navas!”, dejándonos entrever con total claridad dónde y cómo a Paco, le acabaría picando a él también el gusanillo del periodismo. 

Sin embargo, si estos fueron sus primeros pasos, no cabe la menor duda de que fue en el periódico El Defensor de Granada donde Paco se embebería de la mismísima esencia del periodismo que le inculcaría Luis, su fundador. Y es que pronto iba a nacer un nuevo “concepto” del periodista que encabezaría Luis acompañado de su joven hermano, al acudir en persona al lugar exacto donde ocurría el acontecimiento, como ocurrió con los damnificados del terremoto que asoló numerosos pueblos de la provincia: subidos en lo alto de un burro llevaron a cuestas alimentos, medicinas y ropa de abrigo: había nacido el reportero. 

Aquella faceta de moderno periodista, que a pesar de las largas y penosas condiciones de aquella época para realizar viajes, dada las escasas infraestructuras, se traslada al lugar de los hechos, iba a ser clave para Paco.

Pero la mente de Paco alberga otras preocupaciones, como nos lo cuenta su amigo M. Martínez Barrionuevo al describir a un joven “con cerebro chispeante reventando de savia”, y al acabar sus estudios de enseñanza segundaria se matricula en la universidad de Granada con la firme intención de dedicarse a la abogacía. 

Destaca la facilidad con la que va a llevar a cabo ese nuevo reto en armonía con su labor periodística y de cómo poco a poco se va a ir introduciendo en la redacción de El Defensor sin dejar de desarrollar su carrera de abogado. Se le asigna la crónica taurina del periódico, tarea que llevará a cabo asistiendo en primera línea a cuantas novilladas y corridas fueran necesarias, ofreciendo al lector los momentos más emocionantes y alabando el nacimiento de nuevos talentos.

Más adelante, habiendo demostrado su talento y cumpliendo con sus obligaciones estudiantiles, es nombrado redactor corresponsal ofreciéndole las facilidades que necesitaba para poder compaginar ambas ocupaciones. En efecto, siguiendo la misma dinámica que ha llevado hasta ahora, se desplaza hasta el lugar de los acontecimientos, pero esta vez con el firme propósito de relatar los juicios más sonados del momento. Y ello hasta 1897 año en el que acabará su licenciatura y pasará a ejercer como abogado criminólogo, obligándole a dejar de lado este tipo de artículos.

Su talento como orador le llevará a representar a la prensa granadina en un meeting organizado a favor de la abolición del impuesto sobre el consumo en el que destacan sus palabras: “es un impuesto injusto por su desigualdad, por ser la contribución de la miseria al ser un impuesto que pesa sobre los artículos de primera necesidad”. 

O durante una conferencia titulada, “Arte y Ornato” leída en el liceo en la que explica que las obras artísticas “reflejan de manera clara el modo de ser presente y pasado” de los pueblos que las producen aludiendo a los cambios estéticos que acaecen en Granada (embovedado del Darro a su paso por la acera del casino). También avisa sobre las graves consecuencias de “vaciar los edificios del centro urbano de sus habitantes, levantando en las zonas periféricas nuevas construcciones y apartándolos del núcleo de vida que es el centro de la capital” (Gran Vía). 


Y finalmente perfila su discurso hallando soluciones como las que presenta en su sonada conferencia sobre el tema del regionalismo en la Cámara de Comercio. Las bases de su pensamiento regionalista radican en el paralelismo entre regionalismo y la lucha por el patrimonio. Está convencido de que cada pueblo, cada región debe guardar su identidad y que, componiendo “una fuerza política representativa de estos intereses” se generaría, grandes beneficios en vez de dejar que sea Madrid quien maneje y tome las decisiones. Opinión que comparte con su hermano, como lo relata el diario catalán Renaixensa en el que se describe una agradable tertulia de su colaborador en el Salón de El Defensor, donde se inició una conversación en torno a “un movimiento particular por Andalucía formando una región del sur este de España”.

Pero aquel don de elocuencia no iba a ser el único de Paco, pues sabe perfectamente plasmar en el papel cada palabra que sale de su boca. Por ello no nos debe extrañar ver nacer una entrañable amistad entre Ángel Ganivet y Paco, a pesar de tener entre ellos una diferencia de 5 años de edad (siendo Paco el menor), que congeniaron de manera casi inmediata en sus primeras clases en el instituto, todo ello basado en una admiración mutua. Su sensibilidad literaria no sólo se encontraría a sus anchas entre las amistades de su hermano mayor, sino que él mismo llegaría a formar parte del grupo de los selectos literatos y artistas que reunía la Granada de fin de siglo. 

Colabora con el erudito granadino Valladar en su revista “La Alhambra” escribiendo artículos literarios como “El Zambombero ambulante”, “El asalto de los Guajares”, o sobre costumbres granadinas: “El día de San Antón”. Y no olvidemos recalcar la presencia de su pluma en El Defensor bajo su nuevo seudónimo Don Pascual, con el que firmaría críticas teatrales a las que finalmente seguirían numerosos artículos de misma índole que los que iba publicando en La Alhambra.

Paco fue adquiriendo tal notoriedad que ocupó al igual que Luis, un sitio relevante en la sociedad granadina. Será nombrado socio honorario de El liceo, socio corresponsal de la Real Sociedad cordobesa de los Amigos del País, y, de la Sociedad de El Fomento de las artes.

Gran amigo de sus amigos se lanza en la escritura de dos prólogos:

El primero, el que le confía Afán de Ribera para su libro “Entre Beiro y Dauro” en el que cuenta cómo el autor ha conseguido mantener un núcleo de literatos a su alrededor a modo de la antigua cuerda granadina en la que tuvo parte, formando “un refugio de la musa granadina” que se quedó huérfana al irse los componentes de su cuerda a buscar el éxito a Madrid. 

Paco explica de forma admirable cómo Afán de Ribera se mantuvo fiel a Granada careciendo de ambición madrileña en “esta Granada tan original y poética, que va desapareciendo empujada por las brutales exigencias de lo que hemos dado en llamar progreso, de esta granada que habría de quedar entre las sombras del tiempo para los granadinos del porvenir, sin la meritísima labor de nuestro insigne y genial poeta”. 

El segundo, a título póstumo, de “El escultor de su alma” de Ángel Ganivet, será desgraciadamente el último trabajo de Paco. Nos cuenta como en las cortas estancias veraniegas de Ángel, puesto que ya no vivía en Granada, se organizaban tertulias en el Centro Artístico o en el Salón de El Defensor en cuyos encuentros los entonces amigos que formaban la Cofradía del Avellano se nutrían de sus palabras como agua de mayo. Nos envuelve en ese ambiente y nos hace entender el desarrollo filosófico del pensamiento de Ganivet hasta situar al hombre dentro de su obra. Realiza un estudio profundo hilando su vida a su obra y de cómo a través de su estancia en el extranjero analiza con claridad, la situación de España y concretamente de Granada dentro de la nación. Concluye con estas palabras “estudió para su patria y para el honor de su patria como obrero incansable”.



Con toda probabilidad a Paco le anima las palabras que le escribe su amigo Ángel Ganivet en una de las cartas que publicó Luis Seco de Lucena Paredes en su trabajo titulado Juicio de Ángel Ganivet sobre su obra literaria en la que dice “Paco tu sabes que yo no te aconsejo que seas abogado, porque me gustaría que te dedicaras a cosas más altas”. Tal y como lo demuestra su última faceta que no llegó a desarrollar, la de político, sorprendiéndole la muerte, vistiendo una espantosa enfermedad que lo mataría después de una penosa agonía. 

En el artículo en el que juzga el prólogo del libro titulado El Instituto del trabajo, escrito por José Canalejas, se dibuja la lenta maduración de su pensamiento político, del que destacan estas palabras: “el ansia vehementísima de mejoramiento de los obreros”, y este análisis: por una parte las reivindicaciones del proletariado (separada en dos troncos: socialismo y anarquismo) y por otra parte, el campo de las ideas (intervencionismo y abstencionismo laisser faire laisser passer). 

Desgraciadamente en octubre de 1904, Paco nos deja a la edad de 34 años. Luis se queda sin su hermano pequeño y sin la voz de su periódico. Dijo Paco hablando de su amigo Ángel Ganivet: “Surgió en nuestra capital una especie de renacimiento que murió en flor”, palabras que encuentran reflejo también en él.


Helene Boland Seco de Lucena

martes, 24 de noviembre de 2015

LOS SECO DE LUCENA (1)

Un artículo de Helen Boland Seco de Lucena, descendiente familiar.


LUIS SECO DE LUCENA ESCALADA – Periodista y escritor

Luis Seco de Lucena Escalada no era granadino de nacimiento, nació en Tarifa y llegó a Granada allá por el año 1877, tenía entonces 20 años. Ilustre desconocido, pues contaba con un par de contactos, le precedía al menos una reputación de periodista forjada en el diario El Universal de Sevilla del cual fue director interino, pero lo que destacaba sobre todo de aquel joven era su “don de gentes”. Gaditano, empezaba sus frases a menudo por un simpático “ustedes vosotros” que destacaba en aquella Granada cerrada, atrapada en el tiempo y alejada de la capital tanto por situación geográfica como por la falta absoluta de una red de transporte por entonces balbuciente. Pasó sus tres primeros años en Granada estudiando, en la facultad de filosofía y letras, queriendo dedicar la mayor parte de su tiempo a sacarse esta carrera que terminó con éxito en 1878 con la calificación de sobresaliente y premio extraordinario. Paralelamente, recuperó la senda que había seguido hasta entonces aceptando dirigir las hojas de los lunes de La Lealtad fundando poco más tarde asociándose con Francisco Reyes, el Universal. 

Pero a Luis le encanta la literatura, la poesía, la pintura, el dibujo, y sus ojos se embelesan con cada rincón de la ciudad, se pasea cuesta arriba, cuesta abajo, y finalmente se pierde en la Alhambra. En sus ratos libres, se embebe de la grandeza y de las bellezas de Granada, y decide divulgar sus secretos, que para él residen tanto en sus monumentos como en su gente. Por ello, afligido por el abandono que sufren los palacios nazaríes, decide publicar en 1878 “Poesías y pensamientos del álbum de la Alhambra” en la que recopila unos cuantos de los cuantiosos versos que dejaron plasmado los visitantes. En el prólogo, escrito por él, describe su situación: “hoy por todas partes es desolación y ruina. La yedra y las enredaderas silvestres brotan en los quebrados torreones….” 



Durante los dos años que estuvo a la cabeza de El Universal, Luis se dedica a denunciar los problemas sobre salubridad pública haciendo hincapié por ejemplo en la necesidad de alejar del centro aquellos negocios como las fábricas de cola, que se obtenía a través de los pellejos de animales, o la libre circulación de los cerdos por la capital. Todo aquello pone al diario en una situación incómoda ante el ayuntamiento y finalmente Luis decide abandonarlo por lo que considera “diferencias de apreciaciones de puntos fundamentales” con su otro socio.

De esta experiencia Luis sale fortalecido en su convencimiento de que es necesario para Granada, resolver con la ayuda de un periódico independiente, todos los temas pendientes y que le impiden renovarse. Pero lo que no podía imaginarse, es que pronto se cruzaría en el camino del rico industrial José Genaro Villanova que, después de una larga y amistosa conversación, decidiría unirse al proyecto de Luis ofreciéndole financiación ilimitada con la única condición de que ese nuevo diario se llamara El Defensor de Granada.

En octubre de 1880 sale a la calle El Defensor periódico que iba a revolucionar no sólo la forma de practicar el periodismo, yendo allá donde se encontraba la noticia, sino que también impondría un ritmo nuevo en la difusión de las noticias con la incorporación del telégrafo a la redacción. Describe el periodista Juan Enrique Gómez a Luis como a “un hombre al que se podía acudir en cualquier momento….un hombre para quien la libertad de expresión, de información se alzaba por encima de ideas políticas y convencionalismos”.

No tardó Luis en hacerse con el corazón de los granadinos: en 1885, se redacta un documento solicitando que se le declarara hijo adoptivo de la ciudad…aunque hubo que esperar hasta 1892. Aquello lo conmovió y tal vez no fuera sólo coincidencia que el mismo año Luis pensó que había llegado el momento para El Defensor, de ocupar un lugar estratégico ubicando sus nuevas oficinas en la céntrica calle de Reyes Católicos, justo al lado del ayuntamiento. 

Para convencerse de la importancia que alcanzó El Defensor basta con conectarse a la hemeroteca del museo de la Casa de los Tiros y ojear sus páginas. Durante años denunció a través de las páginas de su periódico, el exceso de pobreza, la falta de oportunidades, la somnolencia y anemia económica de Granada, evitando la discordia ante todo aquello que consideraba que pudiera atraer mejoras para el conjunto de la población. Sin dudar en usar siempre y cuando fuera necesario para ayudar a quien se dirigiera a él, tanto por falta de trabajo o determinados objetivos laborales, económicos, sociales o artísticos, toma las riendas de un nuevo caballo de batalla que transformaría su vida y le dará la satisfacción de contribuir en el mantenimiento y promoción del patrimonio artístico de Granada. Nosotros destacaremos los puntos siguientes:

- En sus primeros 6 meses de vida El Defensor sufre 4 denuncias que le obligan incluso a suspender su publicación varios días.

- Se posiciona incansablemente a favor de la clase obrera (será socio protector de la Sociedad centro unión obrera española) y reiteradamente denuncia los estragos del caciquismo en la provincia.

- Aumenta paulatinamente la presencia de colaboradores en el conjunto del territorio español e incluso en el extranjero. Se posiciona como referente económico y cultural insertando artículos y revistas científicas, poéticas, agrícolas, comerciales, literarias, etc… 

- Sobresale su campaña a favor de los terribles terremotos que sufrió Granada y su provincia en 1884, extrapolando esta desdicha y buscando implicación de toda España.


- El aviso que lanzó al ayuntamiento y a la población para intentar evitar los estragos de la epidemia de cólera que finalmente se cebaría también con Granada. 

- Su labor diplomática en varias ocasiones siendo interlocutor en nombre de grupos de obreros o labradores, como en Motril en el conflicto de la caña de azúcar, o en Chauchina en el conflicto entre el duque de Wellington y los labradores de la comarca, o en las Alpujarras denunciando los terribles abusos cometidos por la agencia tributaria, o bien en Madrid participando a las diversas comisiones formadas por el ayuntamiento en defensa de Granada como ciudad cultural y participando a las negociaciones en busca de cultivos alternativos como el cultivo del tabaco.

- Criticaba públicamente, hasta provocar situaciones límites, la indiferencia y falta de actuación de los diputados a Cortes por la provincia de Granada.

- Actuando como enlace diario en los acontecimientos de la guerra de Cuba llegando a ofrecer a sus lectores hasta 3 hojas de suplemento diario.

- Creando un Salón de Bellas Artes en la primera planta de las instalaciones del periódico en el que se proponía ofrecer lugar para la divulgación de sus obras a los artistas granadinos (allí un sin fín de artistas como Larrocha, López Mezquita, Muñoz Lucena, Ruiz de Almodóvar, Rusiñol, Morcillo, Paquita Raya, etc…), convirtiéndose también en lugar de conciertos, con el habituado pianista Vidal y tertulias donde se reunían también los amigos de La Cofradía del Avellano .

- Pidiendo reiteradamente a través de multitud de artículos (fueron 41 a favor del ferrocarril a lo largo de los años 1882-83) las mejoras en las infraestructuras en los ferrocarriles o para el puerto de Motril.

Continuó esta infatigable dinámica hasta final del año 1907 año en el que vendió su diario a la Editorial madrileña encabezada por su amigo Miguel Moya. En el acuerdo destaca el puesto de director que de por vida se le concede, cargo que va a ocupar hasta su definitiva y contundente partida en 1915. Ya en 1910 se plantea dejar El Defensor, confiesa a sus amigos en sus cartas que no soportaba la dirección con cariz político y las decisiones a ciegas y tiránicas que se le imponen desde la Editorial. Las ventas bajan y la presión de la opinión pública granadina provoca serias dudas con la nueva forma de gestión que califica Luis de partidista y que le lleva a confiarle con gran tristeza a su amigo el marqués de Pórtago que el Defensor “ya no es lo que era” y que anda buscando otro sustento. 

No por dejar la dirección de EL Defensor Luis guarda su pluma. En los años que siguen a su dimisión, acepta corresponsalías en El Día, en La Nación y en España Nueva, que buscan en él su imparcialidad y su talento. Sigue incansablemente promocionando las fiestas del Corpus, editando el Programa Guía, tarea que se había impuesto desde 1901. En ella ofrece no solo el programa oficial de los festejos, sino que también recoge una amplia propaganda de Granada con artículos dedicados a las líneas de tranvía, tradiciones granadinas, itinerarios, páginas literarias en la que reproduce textos de Ganivet, García Lorca…Siguió editándolo hasta 1941. 

Sigue durante varios años al frente, como Presidente, de la asociación de la prensa de Granada que fundó en 1912. Pero lo que de verdad va a llenar las horas vacías que ocupaban su antigua labor, va a ser el reencuentro definitivo con lo que tantos años atrás le hizo decidirse a elegir como morada a Granada, su belleza. 

En 1919, es nombrado “Jefe de los Trabajos de Vulgarización de la Alhambra” puesto que ocuparía hasta su muerte en 1941. Libros, decenas de artículos, acompañamientos en visitas, cuadernillos traducidos a varios idiomas, abundante correspondencia, son la prueba de su incansable y arduo papel en este asunto. Sus campañas tienen eco en la prensa nacional como en el afamado diario ABC de su amigo de infancia Torcuato Luca de Tena que le ofrece ser su corresponsal en Granada, pero también traspasa las fronteras hasta Tetuán, Londres, Italia, Buenos Aires, Nueva York en colaboración con revistas y diarios tan prestigiosos como el Daily Graphic o La Prensa. Poco a poco llegó a ser para todo aquel que acudía a visitar la Alhambra la persona imprescindible recibiendo en sus muros y a menudo en su casa, a artistas, escritores, políticos y jefes de estado. 

En 1920, es nombrado “Correspondiente de la Real Academia de Bellas Ares de San Fernando” y en 1924 Delegado Regio de Bellas Artes de la provincia de Granada. En esta ocasión dispone de un enlace directo con el que fue ministro de instrucción pública y de bellas artes, Alfonso Pérez Nieva con el que mantenía una antigua relación amistosa basada en su calidad de literato. Lleno de ilusión toma las riendas de este nuevo desafío encargándose de resolver una serie de problemas que amenazan al patrimonio de la ciudad. Sin medir las consecuencias, levanta la liebre sobre un proyecto que contempla la destrucción del Corral del carbón y el levantamiento en su lugar de un bloque de 6 pisos. Recibe advertencias de un amigo que le aconseja evitar toda clase de publicidad en este asunto porque le podría ser perjudicial. Pero decide desoír tal consejo y sin perder tiempo se pone en contacto con los ayuntamientos de Nuremberg, Brujas, Toledo, Segovia con el fin de solicitarles las ordenanzas municipales que rigen en aquellos municipios con respecto a todo lo que trata la protección de los monumentos artísticos. Con esta información en sus manos pide que se proteja de la destrucción dicha propiedad privada argumentando la necesidad de que se le declare monumento artístico de interés. En esta época, Granada está rebosante aun de casas moriscas en manos de intereses particulares que las desmiembran vendiendo en alto precio sus tesoros. Aún entendiendo que cada cual pueda hacer lo que quiera con lo que le pertenece, Luis propugna por una regulación que determine el marco de explotación y que impusiera, por ejemplo, que se quedaran al menos en territorio español los elementos representativos del arte, en este caso morisco. El 5 de junio de 1925, se publica la R.O. sobre la conservación de monumentos artísticos de propiedad particular que va a regular la situación con el Corral del carbón. 


Conocedor del poder de la prensa escribe varios artículos unos denunciando el estado lamentable en el que se encuentra el Patio del Harem y la Galería de Machuca, otros sobre las obras de consolidación que deben de ser una prioridad para hacer frente al deterioro de El Bañuelo.

Sus artículos llegan a tener repercusión internacional. Así, La Publicidad difunde la siguiente noticia “Granada en el extranjero”. El diario Le Parisien se hace eco de la situación en nuestra tierra ofreciendo un paralelismo entre Saint Germain de l’Auxerrois y el artículo publicado por Luis titulado “La piqueta demoledora”.

Pero lo que guardará Luis de aquellas gestiones será la satisfacción, como siempre, de tener el reconocimiento de los granadinos a su labor, esta vez concretado en la merienda organizada por los vecinos del barrio de San Gil y San Pedro en homenaje a su labor de protección de Granada artística.

Nos dejará antes de marcharse un libro en el que agrupará todos sus estudios sobre el conjunto nazarí titulado “La Alhambra como fue y como es”. Pero también editará y escribirá la “Guía breve de Granada” que conseguirá traducir para el viajero inglés, y posteriormente una “Guía de Granada” en varios ediciones unas de bolsillo y otras más lujosas.


Murió en diciembre de 1941, después de llorar el asesinato de su amigo y ultimo director de El Defensor, Constantino Ruiz Carnero, y oír los gritos y susurros de los que presenciaron el incendio voluntario del que fue su periódico. 


Helen Boland Seco de Lucena

domingo, 11 de octubre de 2015

MESA DE LEÓN VUELVE A GRANADA

Un artículo de Francisco Gil Craviotto

En octubre de 1904 Mesa de León está de nuevo en Granada. Un periódico, El Noticiero Granadino, reclama su presencia. Y de nuevo él y toda su familia -esposa y cuatro hijos-, hicieron las maletas y levantaron casa. Su incorporación al Noticiero, primero como redactor jefe y luego como director, coincidió con el fallecimiento de Francisco Seco de Lucena -la joven promesa del periodismo granadino-, que Juan Pedro había conocido niño, antes de marcharse de Granada, por lo que Mesa de León tuvo el triste privilegio de iniciar esta nueva andadura con un sentido artículo al amigo difunto. Este fue su inicio en la prensa granadina tras una ausencia de dieciséis años. Durante ese tiempo de separación, tanto Juan Pedro como Granada han cambiado. Él, lejos de su iconoclasta republicanismo de sus años mozos, es ahora un hombre en el ecuador de la vida, casado y padre de cuatro hijos que, a su prestigio ganado al frente de periódicos de categoría nacional, une su larga experiencia del mundo y de los hombres. La ciudad también ha cambiado. Ha crecido su población, que ya se aproxima a los ochenta mil habitantes. Casi la mitad de su superficie se hallaba esos días patas arriba: las grandes oligarquías de la época, súbitamente enriquecidas con el cultivo del tabaco y de la remolacha, pero tan insensible a todo cuanto significase monumentalidad y arte, habían decidido que Granada tuviese una Gran Vía, como ya la tenían otras ciudades más populosas. Poco importa si, para conseguirlo, había que arrasar casas y palacios cargados de historia y de arte. Otra novedad que encuentra Mesa de León son los tranvías eléctricos. La primera línea va de Plaza nueva a Paseo del Salón. 



La prensa también había sufrido trasformaciones. De todos los periódicos que Mesa de León se dejó en Granada el día que se marchó a Madrid, sólo quedaban en pie dos: La Publicidad, y El Defensor de Granada. Todos los otros habían perecido en medio de la lucha de unos sectores políticos contra otros. El día que Mesa de León entra como redactor jefe en el Noticiero granadino había en nuestra ciudad cuatro periódicos: El Defensor de Granada, La Publicidad, Noticiero Granadino y El Triunfo. ¡Cuatro periódicos para una población que no llegaba los ochenta mil habitantes, de los cuales más de la mitad son analfabetos! A pesar de su juventud, Noticiero granadino es uno de los mejores periódicos de la ciudad, quizás el mejor de todos. En su redacción se forjaron periodistas tan reputados como Enrique Fajardo (“Fabián Vidal”), Mora Guarnido, Acosta Medina o Constantino Ruiz Carnero. En medio de las noticias que día a día van llegando, el 3 de marzo de 1906 aparece una que tuvo que producir gran impacto en Juan Pedro: fallecimiento en Madrid de Romero Robledo. Sabemos que se le rindieron honores de capitán general. Pero el dios Cronos sigue devorando días. Surgen de nuevo las polémicas con El Defensor, que llegaron a su cúspide cuando Seco de Lucena decidió vender su periódico al “trust” de la prensa. El artículo que le dedica Mesa de León, “El “trust” en Granada: compraventa de un colega”, no puede ser más revelador. Surge mientras tanto, auspiciado por el arzobispado, un nuevo periódico, Gaceta del Sur (sustituye al denostado El Triunfo) y Mesa de León, que ya ha pasado a director de Noticiero Granadino, tiene que hacer frente a un nuevo adversario.


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El gran acontecimiento periodístico de esos años fue la creación de la Asociación de Periodistas. El artífice de tal milagro fue Mesa de León. Con la entrada del nuevo siglo, los periodistas españoles, comenzaron a agruparse y a exigir de las empresas de las que dependían, unas mejoras salariales y condiciones de trabajo que éstas no estaban dispuestas a conceder. En Granada la idea de la Asociación de periodistas comenzó a tomar cuerpo con el retorno de Mesa de León, que se convirtió en impulsor de la misma. Tras muchos dimes y diretes, el 27 de diciembre del año 1908 la Asociación de Periodistas quedó constituida. Su primer presidente fue Mesa de León. Su objetivo era la “protección mutua de los asociados, en el orden moral y material”. Para esto, a más de médico y farmacia, ponía al alcance de los periodistas un abogado, dispuesto a defender a todo asociado que tuviese necesidad. Seco de Lucena, que a más de periodista también era accionista del “trust”, se mantuvo al margen de tal asociación y, azuzado desde Madrid por Miguel Moya, hizo cuanto estuvo en sus manos para aniquilarla. No consiguió su propósito durante la presidencia de Mesa de León; pero, cuando Mesa presentó su dimisión, porque pasó a dirigir La Independencia de Almería, Seco aprovechó el momento para dar al traste con la asociación y meses después crear él la suya: Asociación de la Prensa. Esto produjo un duro enfrentamiento con el nuevo presidente, Francisco de Paula Valladar, que estuvo a punto de terminar en duelo.


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A Mesa de León lo tenemos ahora en Almería. Comenzó a dirigir La Independencia el día 1 de junio de 1909 y cesó en su puesto a finales de enero de 1915. Fueron, pues, casi seis años llenos de actividad. Cuando Juan Pedro llega a Almería había en la ciudad cuatro periódicos: La Crónica Meridional, El Regional, el Radical y La Independencia. Si en Granada cuatro periódicos eran demasiados, ¿qué decir de Almería, una ciudad que no llegaba a los cincuenta mil habitantes y cuyo índice de analfabetismo rondaba el 50%? La Independencia, fundada por el prestigioso farmacéutico Juan Vivas Pérez, era un periódico de información general, pero con un acusado matiz católico. 

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Cuando el 26 de febrero de aquel memorable 1915, Mesa de León regresa a Granada, entre las varias novedades que se encontró, figura la Asociación de la Prensa, creada por Seco de Lucena a su imagen y semejanza. No tiene la ambición social de la desaparecida Asociación de Periodistas, pero más vale conservarla que nada y, aunque en el momento de su creación Mesa de León se encontraba ausente, es aceptado como miembro fundador.

El 10 de mayo de 1915 Mesa de León carga sobre sus espaldas la responsabilidad de dirigir Gaceta del Sur, periódico clerical, auspiciado por el arzobispado. De los casi diez años que Mesa de León estuvo al frente del periódico, la primera etapa corresponden a la época del arzobispo Meseguer y los dos últimos a la de su sucesor, Vicente Casanova. En el período Meseguer actúa como hombre clave su sobrino, Luís López-Dóriga Meseguer (Oviedo 1885-México, 1962) que, a través de Mesa de León, supo infundir al periódico su espíritu progresista en abierta pugna con el caciquismo local. Ambos hombres sintonizaron muy bien y el periódico se convirtió en el flagelo del caciquismo y los políticos corruptos. Mesa de León, siguió su política de abrir las páginas de la Gaceta a todo el mundo, sin más exigencia que la calidad, lo que le permitió contar con colaboradores tan prestigiosos como Francisco de Paula Valladar, Marino Antequera, incluso alguna vez Federico García Lorca. Con la llegada del nuevo arzobispo este idílico panorama se truncó de repente: cayó López-Dóriga y Mesa de León, vivió sus dos últimos años con la espada de Damocles sobre su cabeza. Así continuó hasta que el 15 de enero de 1925 recibe un oficio del arzobispado en el que se le comunica su cese. ¿Razones de tal cese? Ninguna. ¿Indemnización y jubilación? Cero.


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Mesa de León, a partir de ahora, va a dedicar su tiempo a su familia y a la Asociación de la Prensa. En las elecciones del 25 de enero de 1925 sale Seco de Lucena presidente y Mesa de León vicepresidente, pero el primero de mayo de ese mismo año, Seco de Lucena presenta la dimisión. Mesa de León se convierte en presidente en funciones. Ya sólo le queda convocar elecciones. Salió elegido presidente, con lo cual todos los problemas que le habían llevado a Seco a dimitir, cayeron sobre él. Con todo, en el poco tiempo que se mantuvo en la presidencia, intervino en tres acontecimientos importantes: el agasajo al tenor Fleta, la inauguración del monumento a Francisco de Paula Valladar y el homenaje al desaparecido Ramón Maurell. Tanto Seco de Lucena como Mesa de León tenían suficientemente acreditada su profesionalidad y dedicación a la Asociación de la Prensa. Ésta reconoció en su día los méritos de uno y otro otorgándoles el nombramiento de presidentes de honor. 


Mesa de León, cada vez más delicado y desengañado, se fue recluyendo en sí mismo y en su familia. Al fin, tras penosa enfermedad, el 14 de diciembre de 1937, mientras España, en plena guerra civil, vivía los días más tristes de toda su historia, falleció en Granada Juan Pedro Mesa de León. Su muerte no produjo todo el impacto ni la atención que hubiese tenido en tiempos de paz. ¿Qué importaba un muerto más en una ciudad que había visto morir -y no precisamente de muerte natural-, a lo mejor de su intelectualidad y juventud? 

Francisco Gil Craviotto, biógrafo y escritor. Autor de "Mesa de León, un periodista entre dos siglos".

viernes, 2 de octubre de 2015

MESA DE LEÓN EN MADRID, SAN SEBASTIÁN, BARCELONA Y ALICANTE.

Artículo de Francisco Gil Craviotto.


Cuando Juan Pedro llega a la Villa y Corte, aunque la capital de España ya había comenzado su imparable desarrollo, todavía era una ciudad que en cierta manera se podía abarcar, si no con la mano, sí con la mirada. Su centro neurálgico es la Puerta del Sol, muy transformada en los últimos años. Antonio Flores, testigo de la época, la describe en su libro Ayer, hoy y mañana como "La tierra de Jauja, donde, como dicen las gentes, se come, se bebe y no se trabaja". Pío Baroja, en su libro La dama errante, nos retrata así el Madrid de la Restauración y la Regencia:

“Madrid entonces era un pueblo raro, distinto a los demás: uno de los pocos pueblos románticos de Europa, un pueblo en donde un hombre, sólo por ser gracioso, podía vivir.(…) 

La distracción nocturna de los madrileños, aparte de las casas de placer, es el teatro y la zarzuela. El teatro es el lugar en donde, aprovechando los entreactos, se hace política. Continúa la alternancia en el poder de los dos grandes partidos de aquellos años: conservadores y liberales, o lo que es igual Cánovas – Sagasta; Sagasta - Cánovas. Para los otros partidos, incluido el reformista, sólo quedan las migajas del pastel; y para los que se niegan a aceptar la monarquía, como los republicanos de Ruíz Zorrilla, ni siquiera las migajas. Respecto a las grandes masas campesinas y obreras lo mismo les da Cánovas que Sagasta: sus miras van hacia el incipiente partido socialista o el más radical anarquismo. La presidencia del Gobierno está en manos de Sagasta. Una presidencia que había provocado las iras de Romero Robledo y la escisión del partido reformista de las filas conservadoras.

Periódicos había muchos en aquellos años. Nada menos que 41 diarios y 135 revistas semanales. Como podían existir tantos en un país en el que aproximadamente la mitad de la población era analfabeta es uno de los misterios de la época. Uno de estos 41 periódicos, El Diario Español, de larga historia y rancio abolengo, es el foro y faro en el que nuestro protagonista hará sus primeras armas. Sin embargo, su primera visita, con toda seguridad, no fue al periódico, sino para su prima Josefina, bella, discreta y huérfana de padre y madre, que vivía con su tía, a su vez viuda y sin hijos. Muy pronto entre primo y prima surgió el amor que terminaría en boda. 

El Diario Español, el periódico en el que Mesa de León ha entrado como redactor y del que muy pronto será director, era en aquellos años uno de los más viejos de Madrid, pues su nacimiento data del año 1852. Hombres y periódicos en aquella época eran menos longevos que lo son ahora. El Diario Español había sido fundado por don Manuel Rancés, y don Juan Alvarez de Lorenzana y por él habían pasado plumas tan significativas como las de sus dos fundadores, las de Julio Nombela, Antonio Flores, Ríos Rosas, los hermanos López Roberts y un largo etc. Durante el reinado de Isabel II El Diario Español había pertenecido a la oposición; pero, a partir de la Restauración, debido a la ruptura de Francisco Romero Robledo con Cánovas, quedó del lado de los reformistas. 

Julio Nombela, que formó parte de la plantilla, dice que "El Diario Español" era un periódico batallador; batallador lo fue también en la época en que Juan Pedro Mesa de León entró a formar parte de la plantilla. Ejemplo de esta prensa comprometida es el artículo titulado Flor de un día, publicado el 21 de febrero de 1888; aunque sólo está firmado con las iniciales M de L, el estilo delata a su autor.

Sin embargo, la estancia en la villa y corte fue breve: en febrero del 89 -el año del "dengue-, Romero Robledo decide el traslado y el 1º de marzo de ese mismo año, Juan Pedro Mesa de León está de nuevo en el tren. Ahora su estación de destino es San Sebastián.

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San Sebastián era en esa época la ciudad a la moda de España. Muy pronto, al turismo extranjero vino a sumarse otro eminentemente nacional: el de la corte y el gobierno, con todos sus funcionarios y allegados El turismo trajo dinero y el dinero, prosperidad y bienestar, pero también corrupción y caciquismo. Dentro de aquel entramado caciquil tuvo una importancia muy especial Fermín Machimbarrena, así como su hermano José, alcalde de San Sebastián de 1885 a 1887 y, posteriormente, presidente de la Diputación de dicha ciudad. A ellos hay que añadir un tercer hermano, Ramón Machimbarrena que ejercía de hombre de acción y coacción de la familia. En torno a esta cúpula caciquil se movían toda una serie de figuras de segunda y tercera fila, que configuran la oligarquía de la ciudad. 


Desde el primer momento Juan Pedro intentó infundirle al periódico su espíritu combativo. Sus artículos muy pronto encontraron eco y respuesta en los otros periódicos, así como en el entramado poder caciquil. Unos y otros en seguida empezaron a plantarle cara al "director andaluz", como ya empezaban a llamarle amigos y enemigos. Uno de los primeros en enseñar los dientes fue el periódico del Partido Liberal, La Unión Liberal, dirigido por Joaquín Dicenta, que el 22 de mayo escribió un artículo ofensivo contra El Guipuzcoano. Mesa de León optó por enviarle dos padrinos pidiendo explicaciones; Dicenta se negó a darlas y el asunto terminó en duelo a pistola que se efectuó en las proximidades de Hendaya. "Efectuose el duelo en la playa de Ondarraitz, cerca de Hendaya, y, por fortuna, sin consecuencias lamentables.", informa él en una carta a Josefina. La prensa del día siguiente corrobora la misma versión. 


¿Será suficiente este incidente para que el nuevo director comprenda y cesen sus dardos contra el Poder? No, en modo alguno. Sólo han pasado tres meses (el duelo tuvo lugar el 25 de mayo del 89) cuando otro artículo de su pluma vuelve a levantar polvaredas.. 

La respuesta de los interesados no se hizo esperar: al día siguiente (el 27 de agosto de 1889) el cacique y sus adláteres, seguros de que tenían en sus manos a jueces y fiscales, denunciaron el artículo. Romero Robledo se ofreció a ejercer de abogado defensor. No hubo necesidad: la denuncia cayó en el pozo sin fondo de un decreto de indulto. Esta lucha contra el caciquismo actuó de publicidad y las ventas del Guipuzcoano aumentaron inmediatamente. ¿Qué hacer?, se preguntaron de nuevo los caciques. No, otro duelo no. El caciquismo local, optó por el matón con llave inglesa en la mano que espera a su víctima detrás de unos árboles...

Al día siguiente llovieron las protestas contra el clan caciquil. Muy pronto la noticia cruza la frontera y algunos periódicos franceses, como Le Courrier de Bayonne, se unen a ella. 

Al cabo de un mes volvió la calma. Con la llegada del nuevo año -1890- las cosas comenzaron a ir bastante mejor para Juan Pedro. En junio del 91 tiene lugar la boda con su prima Josefina -iglesia de San Ginés- y, poco después, su ascenso a director de El Diario Español. Todo empezaba a ir viento en popa para él y sin embargo...

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Nunca sabremos lo que ocurrió, pero lo cierto es que en el año 92 Mesa de León rompe con Romero Robledo, cesa su actividad periodística y se marcha de Madrid. ¿Qué ha ocurrido? En la documentación familiar no hay la menor alusión a este acontecimiento. Todo quemado o destruido. Todo perdido para la posteridad. Lo único que está claro es que, poco después del fallecimiento de la tía de Josefina, él y su esposa deciden abandonar definitivamente Madrid. Ahora, Barcelona es la ciudad elegida como nuevo lugar de residencia. La joven pareja tuvo su domicilio en el Paseo de Gracia y, posteriormente, en la Rambla de Cataluña. 

Cuando Juan Pedro y Josefina llegan a Barcelona es la época de los grandes cambios urbanísticos. Desaparecen barrios enteros y nacen otros nuevos. 

En aquel entonces Barcelona era la segunda ciudad de España en publicaciones periódicas: nada menos que 22 diarios y 65 semanarios. El más antiguo de todos ellos era el Diario de Barcelona. Paralelamente fue surgiendo la prensa semanal. Así, en 1896 apareció el semanario Barcelona Cómica. Poco antes, fundada y dirigida por Tomás Orts-Ramos, había hecho su aparición La Semana Cómica. En ella haría Mesa de León sus primeras armas como cronista de teatro en Barcelona.

Mesa de León soñaba con dedicarse a la gran vocación de su vida: escribir teatro. El llamado "género chico" se hallaba en su mejor momento y él, en cuanto se vio libre de sus obligaciones periodísticas, dedicó su pluma al género chico. De toda esta producción, sólo ha llegado hasta nosotros una obra, Tribulaciones de un novio o la portera en acecho, pero sabemos que escribió por lo menos otras tres más. Tribulaciones de un novio o la portera en acecho, con música del maestro Celestino Sadurní, se estrenó en el Teatro Gran Vía el 14 de julio de 1894. El estreno fue un gran éxito. Así, el Diario de Barcelona, en su edición de la tarde del miércoles 18 de julio de 1894, nos ofrece el siguiente comentario:
“Las tribulaciones de un novio o la portera en acecho" es aplaudida todas las noches por el numeroso público que concurre a dicho teatro.(…) 

También había comenzado a colaborar en la revista Semana Cómica. Sus colaboraciones, unas veces las firmó con su nombre y otras con el seudónimo K-bal. 
En 1894 Juan Pedro llega a Alicante para dirigir el periódico La Monarquía. Alicante era una ciudad tipo medio -alrededor de los cincuenta mil habitantes-, que había sufrido bastante durante todo el siglo XIX. A pesar de su precariedad y del enorme freno que suponía el analfabetismo, Alicante, a través de todo el siglo XIX, dio a luz varios periódicos. Uno de estos periódicos fue La Monarquía, diario "liberal-conservador", que, auspiciado por el marqués del Bosch, Mesa de León empezó a dirigir en 1894. Se mantuvo en el cargo todo el tiempo que el periódico fue propiedad del aristócrata alicantino; cuando, debido a los vaivenes de la política, pasó a manos de Juan Poveda, Mesa de León dijo adiós a La Monarquía. 


Presentó la dimisión, pero no se marchó de Alicante. Allí continuó la familia Mesa hasta 1902. Los ocho años que Juan Pedro Mesa de León estuvo en Alicante no se limitó a dirigir el periódico que le habían encomendado, sino que, hombre inquieto y muy de su tiempo, procuró integrarse en la vida alicantina. Fruto de ese deseo de integración, así como de su gusto por el deporte y los inventos del siglo, fue su vinculación al Club Velocipédico de Alicante del que muy pronto llegaría a ser presidente. Desde este puesto de la Unión Velocipédica Española en Alicante, organizó carreras, concursos y premios; incluso, en cierta ocasión en que había muerto un ciclista, tuvo el extraño honor de presidir, a petición de la familia del difunto, el duelo. 

Francisco Gil Craviotto.

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jueves, 24 de septiembre de 2015

JUAN PEDRO MESA DE LEÓN (I)

Comenzamos nueva sección en el blog de las Jornadas de Novela Histórica de Granada con el propósito de dar a conocer al gran público a esos granadinos notables, nacidos o afincados en nuestra ciudad. Hoy le dedicamos nuestro recuerdo a uno de los periodistas más sobresalientes de Granada, Juan Pedro Mesa de León, nacido en Pinos Puente el 3 de noviembre de 1859. Fue dramaturgo, fundador y presidente de la Asociación de Periodistas (1909) y más tarde presidente de la Asociación de la Prensa, creada por el también periodista Seco de Lucena en 1912.


Muy activo en todo lo que fuera novedad de su siglo también fue presidente de la Unión Velocípeda y director de varios periódicos. Su reconocimiento se debe, fundamentalmente, a su actividad periodística por la que sufrió cárcel varias veces, fue agredido en la calle y se batió en duelo con el también escritor Joaquin Dicenta.

Esperamos que os guste este magnífico artículo de Francisco Gil Craviotto.



Libertad de prensa durante la Restauración.
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MESA DE LEÓN EN LAS MAZMORRAS DE LA AUDIENCIA DE GRANADA. SU DELITO: UN ARTÍCULO DE OPINIÓN.
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         En 1886 –el año en que viene al mundo Alfonso XIII- el periodista Juan Pedro Mesa de León (Granada, 1859-1937) después de dos años de residencia en Almería, está de nuevo en Granada. Poco después de su llegada, el 22 de mayo de 1886, aparece La Publicidad, diario político republicano independiente, muy vinculado a Manuel Ruiz Zorrilla. Su director es Mesa de León. Desde su primer número el periódico hace gala de su republicanismo que lo pregona a los cuatro vientos y con una osadía que roza la temeridad. Así es posible leer en su editorial:

Ese ideal político es la República, pues entendemos que es la única forma en que pueden hacerse efectivos los derechos, y al decir derechos, libertades a que el hombre es acreedor.

El joven Mesa de León –sólo tenía 26 años-, siguió publicando artículos inflamados de republicanismo y denostando el caciquismo de la época, (muy interesante el que dedicó al posible retorno de Isabel II: Sírvanos de grito de guerra las palabras del malogrado general Prim: “Jamás, jamás, jamás”) hasta que el 28 de septiembre, aparece en primera página el siguiente titular: Denuncia de la "Publicidad" y prisión de nuestro Director. Estaba claro que el Poder había decidido poner punto final a tales excesos.

         ¿Qué ha ocurrido? La razón invocada, como muy bien precisa La Publicidad, es el artículo de fondo titulado El Ejemplo, Pero, ¿que hay detrás de todo esto? Para responder a esta pregunta es preciso hacer marcha atrás algunos meses. Recordemos: El día 17 de mayo de 1886 viene al mundo el futuro Alfonso XIII y el 19 de septiembre, tiene lugar la intentona de Villacampa que, después de un saldo de varios cientos de muertos, terminó en un rotundo fracasado. Tal intentona pone al rojo vivo la situación de los republicanos españoles. El trago más amargo –nos dice Melchor Fernández Almagro- llegó cuando  los consejos de guerra dictaron los severos fallos que eran de esperar. El brigadier Villacampa, el teniente González y los sargentos Velázquez, Cortés, Bernal y Gallego fueron condenados a muerte y a reclusión militar perpetua unos trescientos procesados. La única puerta abierta que quedaba para salvar a estos infelices -el verdadero comanditario, Ruíz Zorrilla, quedaba a buen recaudo en su exilio de Francia- era el indulto.    La prensa republicana que, dada su mínima audiencia, hasta entonces había gozado de una gran tolerancia por parte del Gobierno, ahora empieza a ser vigilada muy de cerca por los fiscales gubernamentales. Antes de que el joven Juan Pedro Mesa de León pisara la cárcel de la Audiencia de Granada, ya lo habían hecho en Madrid los directores de El Liberal y otros periódicos republicanos de la capital.  A pesar de estos precedentes, nuestro joven director decidió coger el toro por los cuernos y el día 28 de aquel mes de septiembre apareció en la primera página de La Publicidad el polémico artículo que daría con sus huesos en la cárcel.         


          Al analizar hoy aquel artículo de Mesa de león uno queda gratamente sorprendido ante su habilidad de argumentación y sutileza de su pluma. Merece la pena comentarlo. Podemos dividirlo en cinco partes claramente diferenciadas:

         a) Introducción. El periodista pone al corriente al lector del luctuoso suceso. b) Alegato contra los jueces militares. ¿Quiénes son los jueces que disponen de la vida de esos desventurados?, se pregunta Juan Pedro. Pues los mismos -responde al lector- que momentos antes combatían contra ellos. A partir de este momento queda claro que la imparcialidad de estos jueces deja mucho que desear. c) Exhortación contra la pena de muerte en general y, de una manera muy especial, cuando se aplica por motivos políticos, que termina calificándola de "barbarie de los tiempos de la Edad Media, conservada en los tiempos modernos que se jactan de su progreso y civilización. d) Entronque con la situación española de los últimos años, con unas alusiones muy claras a Sagasta -en ese momento en el poder- y unos dardos muy bien afilados contra los conservadores que, desde la oposición, azuzaban al Gobierno para que hiciese uso del rigor y el escarmiento. "España, es sin duda, -nos dice- la nación donde más sangre se ha vertido por causas políticas". e) Una llamada a la misericordia, que se podría resumir en el siguiente axioma: sólo los hombres superiores son capaces de perdonar. Pide misericordia para los vencidos, no porque sean republicanos, sino simplemente porque son personas. Termina con una frase terrible, alusiva a los comienzos del reinado del recién nacido rey Alfonso XIII: Primera ola de sangre, que baña la cuna de un niño.          
         

         El juez que, cumpliendo órdenes de arriba, fue a intervenir los números de La Publicidad y a detener a su director, ni remotamente pudo vislumbrar la propaganda que, sin proponérselo, le hacía al periodista y al periódico. En el número del día 28 de septiembre La Publicidad da cuenta de la detención de su director y el 29 puede anunciar a toda plana la cantidad de personalidades que han pasado por la prisión de la Audiencia a visitar al detenido. Entre ellos, nada menos que Mariano de Cavia de visita en Granada. Al día siguiente, 30 de septiembre, la lista se amplía con nuevas visitas. Entre ellas tres comisiones de estudiantes. También aparece una nota muy importante: el eminente jurisconsulto y profundo filósofo don Nicolás Salmerón y Alonso se va a encargar de la defensa de nuestro querido director.

         ¿Le interesaba al Poder hacer del director de La Publicidad un nuevo mártir de la causa republicana? En modo alguno. Mucho menos que Nicolás Salmerón tomase cartas en el asunto y transformase la defensa del detenido en una tribuna de exaltación republicana. Por otra parte, ¿no había comenzado la reina Regente por conceder el indulto a los que habían intentado terminar para siempre con la monarquía? El 6 de octubre podemos leer en el mismo periódico:

 Ayer, a las cinco de la tarde, recobró bajo fianza la libertad nuestro muy querido director don Juan Pedro Mesa de León.


El Poder había creído en la eficacia de su medicina -aquellos siete días en el calabozo de la Audiencia- para curar a nuestro protagonista de sus impaciencias republicanas. No tuvieron en cuenta su testarudez ni la de su entorno. Tan sólo llevaba quince días libre y en la calle cuando el 21 de octubre de aquel mismo año, volvió a caer en el mismo pecado: un editorial una vez más lleno de dardos contra la monarquía.          Algunos días después, -2 de noviembre de 1886-, la publicación de otro artículo, -Vida y muerte era su título- da de nuevo con sus huesos en la cárcel.

El día 9 hay otra denuncia y el 11 la sección editorial de La Publicidad se titula así: Siguen las denuncias y las prisiones. Así continúa la situación hasta que el doce de febrero de 1887, publica La Publicidad, en su sección Crónica local,  la siguiente nota:

Anoche, a última hora, recibimos una carta de nuestro queridísimo compañero don Juan Pedro Mesa de León, en la que nos manifiesta su determinación irrevocable de separarse en absoluto de este periódico y su deseo de que en el presente número así lo hagamos constar.

Desde ese momento tenía las manos y la mente libres para incorporarse a otro periódico y a otras ideas.

        Ahora el mecenas es Indalecio Abril y León. Detrás de él está el tercer hombre de la política española del momento, Francisco Romero Robledo y su nuevo partido reformista,  surgido a raíz de sus desavenencias con Cánovas e integrado  por los decepcionados de todos los demás partidos de entonces. ¿Cuándo conoció Mesa de León a Romero Robledo? Lo ignoramos. Lo único que sí podemos afirmar es que entre ambos hombres en seguida cundió la amistad. Precisamente, entre los rasgos que Azorín, que lo conoció muy bien, señala de Romero Robledo, destaca su facilidad para crearse amigos. Cabe preguntarse cómo pudo ser que el joven Mesa de León diese tal salto político del más radical republicanismo al reformismo de Romero Robledo-; pero, si analizamos con detenimiento los postulados romeristas, vemos que el salto no fue tan vertiginoso como a primera vista pueda parecer. De todos los políticos pro monárquicos era Romero Robledo el más próximo a los postulados republicanos. En 1901, al hablar de República y Monarquía, Romero Robledo dijo públicamente en el círculo de su asociación: Yo estoy en la linde.

El primer número de La Política apareció el día primero de marzo de 1887. Sabemos por el número siguiente del periódico que tal acontecimiento se celebró con un gran banquete en la casa del magnate Indalecio Abril. Exquisitos manjares, lujo y distinción.

Mientras tanto, La Publicidad, tras el fracaso de ver realizados sus ideales políticos, ha entrado en una etapa de decadencia de la que le va ser muy difícil salir.

         ¿Habrían terminado, con el cambio de periódico, las cuitas de nuestro personaje? En modo alguno: por el periódico del 22 de marzo de 1887 sabemos que el día antes tuvo lugar en la Audiencia de Granada el juicio contra Juan Pedro Mesa de León, en el que el fiscal de su Majestad pidió para él nada menos que treinta años y tres días de cárcel por tres supuestos delitos de prensa. Sin embargo, según se nos informa en el periódico del 29 de marzo la sección segunda de la Audiencia, terminó absolviéndolo de todo delito. Cinco días después del fallo del juez, Juan Pedro tuvo ocasión de comprender en sus propias carnes que sus enemigos no habían depuesto las armas: el 4 de abril fue atacado por un matón, provisto de estaca, que le propinó tal paliza, que durante un mes lo tuvo en la cama. ¿Finalidad? Tener bien amordazada a la prensa. El comentario del propio periódico no puede ser más explícito:          

¿Habrán creído esos... "señores" que con la "brutal elocuencia de los palos" van a conseguir el silencio de la prensa? .

         Palabras, adhesiones, discursos... pero él continúa en la cama.

         Al fin lo ha comprendido: tiene que abandonar Granada. Sus enemigos jamás lo dejarán en paz. Unos días después Juan Pedro Mesa de León  toma el tren que lo llevará a Madrid.


         Francisco Gil Craviotto.


JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

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