miércoles, 10 de diciembre de 2014

EL VALOR DE LAS BIBLIOTECAS

Un artículo de MATÍAS FERNÁNDEZ SALMERÓN.

Tendría quince o dieciséis años cuando cayó en mis manos un disco cuyo título, en inglés, venía a preguntarse algo así como «cual es el valor de las palabras».


Y, aunque en esa época había dejado de lado la literatura y estaba más por la música que por los libros, he de reconocer que esa reflexión escarbó por los rincones de mi alma para hacer aflorar de nuevo ese interés, más por el contenido que por el envoltorio. Y es que en una palabra no hay únicamente un sonido: hay un mensaje, una idea, una intención. Y la palabra escrita, además, permanece inalterable en el tiempo y en la memoria, lo que incrementa de manera exponencial su poder de transmisión.

Ese interés renacido trajo a mi mente el recuerdo de mis primeras visitas a la biblioteca. Con apenas nueve o diez años, la biblioteca de mi pueblo se me antojaba un sitio mágico, excitante. Era como la cueva del tesoro, llena hasta arriba de libros que, iluso de mí, soñaba con poder leerlos todos algún día. Y a pesar de que la biblioteca, al contrario de las de hoy en día, era un lugar umbrío, apenas iluminado con tristes bombillas que parecían a punto de dar su último hálito de vida, frío en invierno, con ese aroma rancio de los ambientes húmedos, cada vez que cruzaba el umbral de la puerta me embarcaba en una apasionante odisea que no sabía nunca a dónde me iba a transportar. «Tintín», «Astérix y Obélix», «El capitán Trueno», «El Jabato», me llevaban de la mano a descubrir que más allá de lo que nos enseñaban en la escuela había otros mundos, otras gentes, otras formas de sentir y de pensar. A los detractores de los cómics, o tebeos como los llamábamos en aquella época, me gustaría decirles que a mí me abrieron las puertas de la literatura. Seguramente haya personas que piensen que los cómics no aportan nada, pero con que te inciten a descubrir otros mundos, con que te inculquen el gusanillo de la lectura, debería de ser suficiente como para tener en cuenta su valor literario. Cuando con la edad pierdes interés por los tebeos, buscas en otros libros aquello que te han hecho ver que existe. A buen seguro, si no hubiese sido por aquellas primeras letras no hubiese encontrado después a Machado, a Valle Inclán, a Saramago, …

Han pasado muchos años de aquellos tiempos y he vuelto a ser un asiduo de las bibliotecas, aunque nunca he dejado de visitarlas. Pero cuando he podido permitírmelo, he buscado en las librerías aquellos libros que me interesaba leer. Podías permitirte comprar tus propios tesoros e ir viendo ilusionado cómo iba creciendo poco a poco «tu pequeña colección de tesoros». En estos últimos años, esta crisis que parece estar enquistándose en nuestra sociedad me ha hecho, al igual que a tantísima gente, volver a las bibliotecas a buscar esa lectura que ya nos cuesta demasiado esfuerzo comprar.

Este regreso a las bibliotecas en busca de esos libros deseados que no siempre están disponibles en todas ellas, me ha hecho recorrer los pueblos cercanos en busca de ese pequeño tesoro que me apetecía leer. Las visitas recurrentes, unidas posiblemente a mi afición por escribir, y a ir dando a conocer mis pequeñas creaciones, me han permitido entablar una cierta amistad con esas personas tan afortunadas de tener un trabajo en el que realizan la loable tarea de permitir el acceso a la lectura a todas las personas, independientemente de su nivel económico. 

Hay muchos trabajos hermosos y dignos de agradecer. Y, sin duda, uno de ellos es el de bibliotecario. Trato de hacerme una idea de lo que se debe sentir cuando se le presta a alguien un mundo de ilusión en forma de letras y se le recoge después de un tiempo, viendo ese brillo en la mirada emocionada al contar qué ha descubierto el lector en ese pequeño tesoro. Sin duda, un privilegio.

En una de esas charlas posteriores a la devolución de un libro, se me ocurrió hacer un comentario: «Ahora, con la crisis, tendréis muchas más visitas en la biblioteca», dije. La respuesta me dejó tan sorprendido que decidí averiguar si era un caso puntual de esa biblioteca o se daba esa misma situación en otras. 

He visitado casi una decena de bibliotecas del entorno pidiendo los datos de préstamos de los últimos tres años y, salvo alguna rara y justificada excepción, en la mayoría ha ocurrido lo mismo: el número de préstamos se ha ido reduciendo en lugar de aumentar. Y la explicación de las bibliotecarias y bibliotecarios era casi idéntica. Resulta que en los primeros años de la crisis se incrementó notablemente el número de préstamos, pero esos usuarios ávidos de lectura iban volviendo a las bibliotecas en busca de nuevos tesoros y al ver que las novedades brillaban por su ausencia, han visto que no podían encontrar allí donde esperaban encontrarlo, aquello que les apetecía leer.

Quienes amamos la lectura queremos seguir a nuestros autores favoritos, o descubrir las nuevas publicaciones de nuestro género literario preferido. Pero si no podemos permitirnos comprarlos, y no los encontramos en las bibliotecas, ¿qué hacemos? ¿Recurrimos a aquello que algunos consideran ilegal? Aunque aquí entra la consideración moral de aquel que se planteaba si posibilitar, sin ánimo de lucro, el acceso a la cultura puede ser considerado un delito. ¿Por qué cuando los ciudadanos reclamamos más libros en las bibliotecas es cuando las administraciones más recortan las «asignaciones presupuestarias», con lo que la disponibilidad de nuevos ejemplares se tiene que contentar con las donaciones que algunos vecinos realizan generosamente? ¿Acaso nuestros recaudadores de impuestos consideran, como dijo un impresentable a los medios de comunicación, que la cultura es solo un entretenimiento del que se puede prescindir? ¿O es que estamos volviendo a los tiempos en los que los gobernantes tenían algo que perder con la difusión del saber? 

Tristes momentos de la historia aquellos en los que se han destruido bibliotecas mediante el fuego.

Tristes momentos estos en los que se destruyen las bibliotecas con las llamas de la desidia.

Tristes momentos estos en los que se premia de manera desorbitada a estrellas del «espectáculo deportivo» y se condena al ostracismo a escritores y lectores.




domingo, 7 de diciembre de 2014

CUESTIONARIO SOBRE EDITORIAL KOKAPELI

1-Nombre de la editorial: 
Kokapeli

2-Año de fundación: 
2014

3-Grupo editorial al que pertenece: 
A.S.A.L. Negro Café

4-Sellos editoriales: 
 Kokapeli 

5-Página web: 


6-Géneros que publica: 
Novela histórica, fantástica y ciencia-ficción, negra, ensayo.

7-Media anual de manuscritos recibidos: 
En esta primera fase, se ha contactado por parte de la editorial con n autores para sacar los primeros libros.

8-Tirada media por cada título: 
La edición es electrónica y print-on-demand

9-Libro con mayor tirada: 
Al ser una editorial de estas características, no existe tirada.

10-¿Cuál ha sido la mayor sorpresa de su trayectoria editorial?: 
La gran aceptación que está teniendo la iniciativa entre autores consolidados.

11-Algunos de los autores de la editorial: 
Juan Miguel Aguilera, Javier Negrete, León Arsenal, Daniel Mares.

12-Títulos premiados: 
Al estar comenzando, no hay todavía premios en nuestros estantes, aunque el 3 libro que publicaremos, La boca del Nilo, mereció en su día los premios Ciudad de Zaragoza y Espartaco a la mejor novela histórica.


13-¿La crisis ha afectado de alguna manera a la venta de ejemplares?: 
No podemos cuantificar. Nuestra editorial nace para experimentar los nuevos cauces abiertos por las Nuevas Tecnologías.

14-¿Promociona nuevos autores?: 
La decisión editorial es publicar una veintena de títulos de autores ya consolidados, de forma que el lector tenga más clara la vocación y la orientación de la editorial. Después sí, trataremos de impulsar a nuevos autores.

15-¿Qué pretende aportar al nuevo panorama editorial?: 
Lo que no se está haciendo y/o se está haciendo poco. Apostar fuerte por los nuevos cauces antes señalados.

16-¿Apuestan por la calidad independientemente de las ventas?: 
Por supuesto. Además, los nuevos formatos permiten en ese sentido más flexibilidad.

17 - ¿Acepta manuscritos?: 
Sí, con la salvedad antes señalada.

jueves, 4 de diciembre de 2014

MAGDALENA ALBERO ANDRÉS NOS RESEÑA SU NOVELA "LOS CAMINOS DEL MAR"

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA: MAGDALENA ALBERO ANDRÉS

1) ¿Cómo se llama tu nueva novela? 

Se llama LOS CAMINOS DEL MAR

2) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella. 

Escrita en primera persona, la novela narra la aventura vital de una joven que debe abandonar su casa debido a que han encarcelado a su padre. A lo largo de la novela, la protagonista tendrá que vivir en lugares diferentes, empezar de nuevo muchas veces, enfrentarse a todo tipo de dificultades y superarlas, conocer las contradicciones del mundo en que vive y, sobre todo, descubrirse a si misma y aceptarse tal como es. En su camino será hija, maestra, médico, amante, madre, terrateniente, esposa. Es una historia de supervivencia, de superación personal. Es la lucha de una mujer joven por conseguir encontrar un lugar en el mundo, propio y único. Se desarrolla en el siglo III a.C., a lo largo del viaje vital de la protagonista por Atenas, Creta, Alejandría, Rodas y la isla de Pharos (actual Croacia). Con esta novela he querido transmitir varias cosas, por ejemplo, la importancia de la instrucción y la investigación como formas de avance en la sociedad. La protagonista puede tirar adelante gracias a que su padre, atípico para la época, le ha despertado la curiosidad por aprender. Va adquiriendo conocimientos de medicina y decide aplicar esos conocimientos a pesar de las dificultades que eso le comporta. El saber nos hace libres, no sólo sabios, como dice Epicuro, quien también aparece en la novela. También he querido transmitir que los errores y los problemas son siempre una oportunidad para aprender y que la razón y la emoción se mezclan a la hora de tomar decisiones. Irene, la protagonista, no es un personaje que tiene las cosas claras. Duda, se equivoca, es humana. Poco a poco se va descubriendo a si misma. Y al hacerlo se da cuenta de que, aunque es más fácil seguir caminos ya trazados, los que son propios y únicos están sin trazar, cada uno de nosotros los tiene que descubrir.

3) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas. 

Se ha publicado en papel y también en libro electrónico por Roca Editorial. La novela fue la ganadora del Certamen Internacional de Novela Histórica Ciudad de Úbeda en su edición del 2013.


4) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido. 

Irene, la protagonista, pero también Herófilo (que es un personaje real) que la ayuda, junto con su mujer Caledonia, y la hetaria Areté. También su amigo Manetho. Tenía muy claro que no quería crear una protagonista heróica, ni víctima. No quería que fuera una “sabelotodo” y “puedelotodo”. Queria que fuera alguien que saca fuerzas de su propia debilidad, que encaja los reveses que le da la vida como puede y va aprendiendo de ellos, que debe empezar de nuevo muchas veces, que consigue salir a flote. Quería que mi protagonista y aquellos que la ayudan tuvieran pensamiento propio, reivindicar así que en todas las épocas de la historia ha habido hombres y mujeres que han cuestionado el rol que la sociedad les ha asignado y se han esforzado por cambiarlo. Y que no siempre han estado solos contra el mundo, que ha habido quienes les han echado una mano. A través de la protagonista también quería mostrar que la perfección no existe; en el camino de Irene hay renuncias, hay contradicciones, hay aceptación de las propias debilidades. Pero esas debilidades no la hunden pues el amor y la dedicación con que su padre la ha criado le ha dado confianza en si misma, curiosidad por aprender y fuerza de voluntad.

5) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

La idea surgió de forma casual, leyendo un artículo de historia de la ciencia. Me encontré con el nombre del médico Herófilo de Calcedonia, que desconocía, pues cuando se habla de medicina griega en la antigüedad el único nombre que suena es Hipócrates. Me llamó la atención que en el siglo III a.C. él ya hablara de la importancia del cerebro y que hiciera disecciones en humanos, y que fundara la Escuela de Medicina de Alejandría. Enseguida tuve ganas de hablar de aquella época y de personas que se atrevieron a cuestionarlo que ya se daba por sabido y así avanzar en el conocimiento.

6) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla? 

Me llevó dos años y nueve meses, y mientras escribía continué buscando información para completar escenas y giros de la trama.

7) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación? 

Que los textos consultados responden a diversas teorías y no siempre los autores se ponen de acuerdo sobre cómo ocurrieron los hechos. También que el rey Ptolomeo I, quien fue uno de los generales del ejército de Alejandro el Magno, en las últimas décadas de su vida fue quien impulsó la creación del Museo y la biblioteca de Alejandría. Fue él y no su hijo Ptolomeo II, como yo creía, aunque éste continuó la obra de su padre y amplió la biblioteca.


8) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída? 

Porque creo que tiene una protagonista bien definida, con matices, con la que es fácil identificarse y que está acompañada de unos secundarios que aportan complejidad e interés a la trama. Porque he procurado hacer una recreación muy completa de cómo era el mundo en el que vive la protagonista, lo que permite un paseo detallado por la historia y las costumbres de un tiempo muy lejano, pero que se lee como algo muy actual. Porque la novela aporta información muy interesante sobre la medicina en la antigüedad y sobre personajes históricos poco conocidos como el médico Herófilo de Calcedonia, o mal conocidos como el filósofo Epicuro. Porque reivindica el origen mediterráneo de nuestra cultura y la importancia de la libertad individual y el acceso al conocimiento como forma de avance de la humanidad. Porque he procurado presentar situaciones que fueran verosímiles en la época en que transcurre la historia pero que al mismo tiempo el lector pudiera entender desde la sensibilidad de alguien del siglo XXI. Por ejemplo, en varios momentos de la historia Irene se encuentra con dificultades de conciliación de vida laboral y familiar. Esto le crea problemas y debe asumir renuncias. Las soluciones que encuentra se parecen mucho a las que puede optar una mujer contemporánea. También he querido enfrentar a la protagonista a situaciones que generan sentimientos universales y atemporales como puede ser el enamoramiento, la maternidad, la enfermedad o la muerte. El ser humano reacciona de manera muy similar en el siglo III a.C. y ahora, aunque cada cultura y cada época revista estos acontecimientos de manera distinta. En cuanto al contexto histórico en que transcurre la historia también busqué similitudes con situaciones más contemporáneas. Por ejemplo, esa diáspora de ciudadanos griegos, como Herófilo, que se van a vivir a Alejandría se parece mucho a lo que hoy llamaríamos fuga de cerebros. El rey Ptolomeo I actúa de mecenas de las artes y de las ciencias para convertir Alejandría en el centro cultural del Mediterráneo, una manera de hacer muy similar a la política de captación de talento que realizó Estados Unidos en el siglo XX, o al mecenazgo practicado por los Medici en la Florencia del siglo XV. 

Creo que la novela merece la pena ser leída porque, a pesar de toda la información que hay en ella, ésta no interfiere en ningún momento con los personajes ni con la evolución de la trama. He procurado escribir una historia con un lenguaje claro, sencillo, preciso. He intentado dotarla de la agilidad necesaria para que el lector mantenga el interés y siga leyéndola. Para que aprenda sin darse cuenta. En mi novela he buscado en todo momento llegar al lector y mantenerlo distraído e interesado.

9) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

Os dejó el primer párrafo de la novela:

“Aquella tarde se llevó consigo todo lo que yo había sido hasta entonces. Me arrancó de golpe la placidez de mis días, los planes de un futuro que apenas había empezado a trazar y todo aquello que actuaba como referente a mí alrededor. En pocas palabras mi padre me explicó qué había dispuesto para mí. Me habló de forma pausada, aparentando calma, marcando una distancia entre nosotros que nunca había existido pero que en ese momento creía necesaria para protegerme, para convencerme de que no debía mirar atrás, para ayudarme a iniciar un camino que tendría que recorrer sin él. Nunca, hasta ese día, había intuido el miedo en su voz.”

Y un trozo al azar, de la página 245:

“Me apenaba ver la belleza rota de aquellas mujeres tan jóvenes e indefensas y tuve la desagradable certeza de que no serían las últimas que llegarían en esas condiciones. Me persiguieron sus rostros bellos y cansados, su mirada esperanzada que creía ver en mí una solución a su problema. Me costaba aislarme de su dolor, aunque sabía que todo médico ha de acostumbrarse a la muerte”.

martes, 2 de diciembre de 2014

ENTREVISTA A JOSÉ PEDRO CARRIÓN

Por Carolina Molina


José Pedro Carrión es puro teatro. Su aspecto serio y voz penetrante abruma y más con su interpretación de Louis de Tremoille de la serie Isabel, donde da vida al consejero del rey de Francia. Sin embargo es todo ficción, no hay más que ver la foto de su perfil de Facebook en la que aparece con una nariz de payaso, porque José Pedro es muchas cosas al tiempo: un rey y un bufón, un Shylock o un Don Juan, un predicador o un Cyrano. A todo se atreve porque recursos no le faltan. Tiene una larga lista de premios: MEDALLA DE ORO CIUDAD DE VALLADOLID (2008),TEATRO ROJAS - MEJOR ESPECTACULO "Cyrano"(produccion Concha Busto) (2008), PREMIO INTERPRETACION FESTIVAL DE MERIDA (2008), AGORA. FESTIVAL DE ALMAGRO (2007 y 2002), NACIONAL DE TEATRO. MINISTERIO DE CULTURA (1990), entre otros muchos.

Hoy entrevistamos a uno de los mejores actores de nuestra escena:



-Carolina Molina: José Pedro, muchos años dedicándote a la interpretación, desde el teatro clásico al más vanguardista, televisión y cine pero ¿serías capaz de recordar la primera vez que encarnaste a un personaje histórico?

-José Pedro Carrión: Rodrigo de Cervantes, en la serie Cervantes, que, para TVE, dirigió Alfonso Ungría, en 1980. Tenía 30 años, no hace tanto, y recuerdo perfectamente la sensación de estar totalmente perdido ante la cámara, porque entonces sentía muchas más diferencias que afinidades entre estar en el escenario y hacer un plano de cine. No podía, y aún no puedo, evitar sentirme observado con una lupa que te radiografía el alma, cuando te pones ante la cámara y dicen: “¡Cinco y Acción!”.

Creo que entonces, como con otros personajes no históricos, también estaba haciendo un personaje de ficción, basado en una persona que existió. Otras posibilidades con los personajes históricos, además de la ficción, me parecen la biografía, mucho más comprometida con lo ocurrido, o un documental. 

Siempre que tengo un guión, lo ubico y me gusta saber en qué contexto, político, filosófico, social, o en qué enfoca el arte en esa época. Y, si es ficción, hago más caso de mi lectura personal que de la imitación o de la documentación exhaustiva. Estudio lo que dice, o dicen de él los otros personajes históricos y, cuando me maquillan o me pongo su traje escucho al máximo la sensación que me despierta y me transporta en ese viaje al pasado.

-C.M: Desde el punto de vista del actor ¿hay alguna diferencia entre interpretar a un personaje histórico de un personaje creado originalmente por la mente de un escritor? 

-J.P.C: Tengo dos buenos amigos en mi trabajo. La persona que escribe el guión, sea Teatro, Cine o Televisión, y mi propia imaginación. La inteligencia también trabaja, pero estoy alerta, para que no se separe demasiado de lo escrito en la Situación Imaginaria. Esta puede estar expresada como una escena o como una secuencia, pero eso es irrelevante. Y si la Situación es Imaginaria, basada en la biografía de alguien que la ha vivido o no, mi arma favorita es la Imaginación. 

No me gusta hablar de Intenciones, por ejemplo, porque cierra el sentido de una frase. Prefiero escuchar el momento, las circunstancias y al otro a quién voy a decir mi frase, dejando abierto el sentido, como en la vida, a la provocación de ese instante específico. Eso me da más libertad creativa y siento que el personaje me lo agradece. Esa es la afinidad que iguala las diferencias y hace más sencillo, actuable y placentero mi trabajo.

-C.M: En la actualidad interpretas en la seria Isabel a Louis de Tremoille, consejero del rey de Francia. Te vemos muy ataviado con ropajes espectaculares. Cuéntanos si te supuso una dificultad añadida ajustarte a una recreación histórica o por el contrario te ayudó a elaborar el papel. Y ya de paso, cuéntanos en qué consistía tu vestuario.

-J.P.C: En la Prueba de Vestuario de Isabel, me encontré con alguien muy seriamente documentado, delicado, meticuloso y preocupado por hacer del vestuario, también, un personaje. Cuando sentí que no sólo miraba el traje, sino la manera en que yo reaccionaba y si el traje y yo éramos un solo cuerpo, más expresivo, sugerente y elegante, confié totalmente en sus elecciones. Me gustaba cada pieza que me probaba, pero algunos ropajes no pasaron la prueba. Y ese día marcó algo, que estaba en cada sesión. Una garantía de que había una transformación externa que me animaba a creer y crear en cada día de rodaje. Los zapatos y el calzón eran siempre los mismos. Y soy algo maniático con el calzado, ya que es mi contacto con el suelo o con las tablas, si estoy en el escenario. Aquellas botas negras con cordón me daban una realidad, una presencia, y llevaban un tiempo aquellos cordones para trenzarlos en cada agujero, de modo que las botas y yo nos hicimos buenos amigos. A veces el traje llevaba incorporados los puños y el cuello de la camisa y era más fácil y rápido meterte en él. Además los cambios de vestuario en una sola sesión modificaban mi estado de ánimo, la armadura por ejemplo, me llevaban a la animalidad, que necesitaba para revivir aquella época. Viendo el resultado en pantalla, el blanco del luto y de aquella piel, bordeando la capa, me parece un acierto. Nunca llevaba cubierta la cabeza, y el pelo y la barba también hicieron su trabajo.

Ahora que lo pienso tenía bastantes cambios de vestuario.


-C.M: A veces el personaje supera al autor e incluso al actor ¿Te has encontrado en ese trance?

-J.P.C: Ricardo III y Cyrano exigen tanta energía interior que sientes que desde los ensayos hasta la última representación se van haciendo contigo, te van invadiendo el alma y el cuerpo. A mí me gusta esa sensación de escucha del personaje, en la que poco a poco es Él, quien te va diciendo lo que tienes que pensar, lo que puedes sentir, a partir de sus palabras y los sueños que éstas te despiertan. Incluso lo hacen cuando ya se terminaron las funciones, síntoma de que son mucho más profundos y tienen más dimensión de vida, de lo que has podido conseguir en ensayos y representaciones.

El sueño de hacer Cyrano duró veintiséis años y cuando pensé, “bueno, si lo hago alguna vez, bien y si no también”, fue cuando cuajó. En cada función sentía que podía ir tan al fondo como me permitiera a mí mismo y habría más fondo. Y si definía todas sus cualidades alguna se escapaba. Creo que es una cumbre de la literatura, que la gente siempre degusta y disfruta, aunque esa cumbre no se culmine.

Ricardo, se portó conmigo muy generosamente, a cambio de creer de Él que no era tan malo como la historia le desfigura. El día que por fin me disponía a leer por primera vez la versión para ensayos se fue la luz y quedé a oscuras, al tiempo que por la ventana vi la pasada de unos grajos negros. Me impresionó esa casualidad metafísica. Luego, al poco de empezar los ensayos, y de menos a más, aparecieron unos dolores en los hombros que me mortificaban cada vez que me ponían y quitaban la armadura o que convertían en una aventura dolorosa abrir una botella de vino y coger de la mesa un vaso de cerveza o alcanzar la barra del pan. Duró el tiempo de funciones y desaparecieron prácticamente el mismo día de la despedida. 

Un Personaje es como una obra de arte, se puede abandonar, pero no se acaba nunca. Vivir durante un tiempo algo de ellos, me parece una riqueza y un regalo de la vida.

-C.M: En este blog nos interesa relacionar la novela histórica con la interpretación, ¿qué crees que aporta este género literario a los actores?

-J.P.C: Fuente de información. Inestimable. Imprescindible, para activar la imaginación, porque los detalles, que puedes encontrar en esos libros, sean reales o imaginarios son semillas muy fértiles y potentes para centrarte y dispararte a la vez hacia el territorio y la piel de esa persona, que es tu personaje. 

-C.M: Eres un actor de amplios registros, te hemos visto interpretando Scapin de Moliere, la Malquerida de Benavente, una gran variedad de obras de Shakespeare, comedias televisivas (Un chupete para ella) o películas basadas en hechos reales (7 días de enero; La fuga de Segovia; Matar al Nani o El bloke, Coslada 0). Pero, ahora que no nos oye nadie, sincérate y dinos en qué papeles te sientes más cómodo o por lo menos con los que disfrutas más.

-J.P.C: Fíjate si me gustan los personajes históricos, que llevo ocho años de conversación con una persona del siglo XX, que ha influido determinantemente en muchos aspectos de la vida en el XXI, y que, sin embargo, no ha conseguido que seamos más humanos. Albert Einstein, que me recuerda cada día que quiere ser un personaje de teatro y necesita un actor-payaso, para decir algo esencial: recuperar valores perdidos, como la Libertad, del individuo y de la sociedad, que han consentido el juego peligroso de la Seguridad. Ser conscientes de que en Democracia todos somos responsables de generar tanta basura y consentir el holocausto de tantos inocentes invisibles. Y practicar la Ternura, que es el mejor antídoto contra el naufragio de una Especie Estúpida


-C.M: Analizando tu amplia trayectoria, me pregunto: ¿Qué te queda por interpretar?

-J.P.C: Me voy a jubilar, para seguir haciendo lo que me da la gana. Un teatro doméstico y no domesticado. Eso es Vivero, mi compañía, que desarrollo con mi mujer, Valery Tellechea y un ingeniero, que ama el teatro y hace el trabajo de técnico en las funciones. Y un grupo de actores, que estos dos últimos años asisten a las sesiones, primero en Garaje Lumière, que cerró el Ayuntamiento injustamente, y ahora en El Umbral de Primavera, en Lavapiés. Ahí planteamos un trabajo alrededor de la palabra bien dicha en el escenario. Y huimos como de la peste del estercolero de teorías y técnicas de actuación, que fomentan “el barullo de Matías Gali”. El galimatías. Volver a saber leer el guión, -¡qué expresiva palabra!-, como sabían hacerlo los viejos cómicos que conocí y que resumían el oficio con una pregunta esencial: “¿Y aquí qué digo yo? Y practicar la “italiana”, que meticulosamente definida se convierte en arma eficaz para este oficio, que es fácil o es imposible. Para eso está la técnica, para facilitar. Pero si es un Arte, es un misterio, Y lo es, para mí. Quizá así llegue a realizar el sueño de Einstein y el de El Rey Lear. Pero el sueño recurrente que tengo no es como actor sino como persona y como ciudadano. Aunque no lo llegue a ver, sería muy conveniente que los actores fuéramos conscientes de un problema común e hiciéramos una reclamación urgente. Más teatro en la educación de nuestros hijos.

-C.M: Volvamos a la serie Isabel. Cuéntanos algo de tu experiencia en la serie y su recreación histórica ¿es tan exhaustiva como parece? ¿Rodasteis en escenarios naturales? ¿Llegaste a rodar en Granada?

-J.P.C: Leí mi parte del guión con placer y fidelidad y enfoqué mi trabajo en las palabras y en la escucha. “Saber el texto, llegar a la hora y estar en la marca”. Es muy sencillo. Y no sé si es una ley o un gran truco, que funciona. Y también mantenerme como un animal, lo más alerta posible, para combinar las tres cámaras, a los compañeros y a mí mismo, y no perder la energía en la espera entre plano y plano. Hice exteriores, que me gusta mucho, tanto como actuar al aire libre. 

Granada la recuerdo en la serie Cervantes. Entonces sí rodamos en la Alhambra y en los Reales Alcázares de Sevilla.

-C.M: Aprovéchate ahora que vas a ser conocido (si no lo eres ya) por muchos escritores de novela histórica. ¿Qué papel te gustaría que escribiéramos para ser representado?

-J.P.C: Me gustaría que una joven periodista de investigación tuviera la curiosidad y la necesidad de hacerle preguntas a una marioneta, vestida de payaso y con serrín en el cuerpo y en la cabeza, en uno de esos macroteatros, que ahora no tienen uso continuado y común de la gente de esas ciudades, donde un concejal se ha colgado una medalla. Preguntas corrosivas acerca de la corrupción en el teatro, espejo de la corrupción de la sociedad. Y corrupción no sólo de los políticos, nuestros representantes, palabra muy teatral, sino de las personas y ciudadanos, que colaboran con su silencio. Por ejemplo, los actores en su mediocre, irresponsable y ridícula burbuja. Creo que lo voy a hacer. Se llamará Tirando de la Manta...

-C.M: ¿Cuál es la última novela histórica que has leído?

-J.P.C: Jaime I el Conquistador: Los sueños cumplidos del rey que luchó por conquistar una identidad nacional, de Ferran Cremades i Arlandis. 


-C.M: ¿Has interpretado alguna vez en Granada?

-J.P.C: En la Alhambra, la serie Cervantes y en el Teatro Isabel la Católica, casualidad, en 1975, con Terror y miseria del III Reich de Bertold Brech. Y nunca más. He dado curso de actuación en Escénica, eso si, más de tres.

-C.M: Por último, cuéntanos qué preparas en estos momentos o en donde podemos seguirte y disfrutar de tu trabajo.

-J.P.C: Ahora mismo, el 5 y 6 de Diciembre 2014, estaremos en el Teatro del Barrio y seguimos en una gira, nos queda Valencia, Segovia, Lanzarote... con Júbilo Terminal, nuestra primera obra, estrenada en 2011, en el Festival de Almada, Portugal. 

Tenemos en repertorio La Douleur de Marguerite Duras y sumaremos una escritura sobre dos textos de la Uruguaya Marianela Moreno. Una escritura de Valery sobre una vedette que murió en la Guerra Civil, y el ansiado Einstein, que me obsesiona y quiero escribir y estrenar antes del próximo verano. Y preparamos viaje a Suramérica. En octubre estaremos en Mar del Plata, Argentina.


José Pedro, créeme que ha sido un placer poderte entrevistar. Y enhorabuena por tus interpretaciones, los actores nos hacéis mucho más felices.

sábado, 29 de noviembre de 2014

EMILIO BALLESTEROS NOS RESEÑA SU NOVELA "ESTIRPE DE LUNA"

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA: EMILIO BALLESTEROS

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Soy granadino, de Albolote, escribo poesía, teatro y novela; tengo publicados más de una decena de libros y vivo de mi trabajo de profesor de historia en un instituto de secundaria.

2) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Estirpe de luna

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

Se desarrolla en el siglo XVI en diversas ciudades de España, aunque es Granada la que articula la trama. He querido trasmitir toda la tensión de un siglo tan especial, del que parte en cierto modo la época actual y en el que Granada, el último bastión de lo que había sido al-Ándalus en la forma del Reino de Granada, acaba por caer. Se ve el final de la convivencia entre las tres grandes religiones, la transformación que sufre Granada y cómo la viven sus gentes según desde que óptica la vivieran, las rebeliones comunera y de las germanías, movimientos como el de Los Alumbrados, la concentración morisca en Las Alpujarras y cómo el ambiente va a ir preparándose para las guerras moriscas y la expulsión de los moriscos, su drama humano, el exilio granadino en el norte de África y los primeros tiempos de la colonización española en América, con sus contradicciones.

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Se ha publicado en papel en la editorial Monema; pero es una editorial muy joven que tiene en preparación su página web.

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Los protagonistas son tres jóvenes poetas, unidos por su pasión por la poesía, pero cada uno de ellos de una religión (cristiana, islámica y judía) y van a vivir ese tiempo de maneras distintas, junto a sus familias y sus comunidades respectivas. Los que más simpatía me producen son el joven Yahya, musulmán y el cristiano, Rodrigo. Los tres son buenas personas y cada cual defiende sus creencias y modo de vida; pero con esos dos sentí más empatía. Samuel, el judío aparece menos en la novela, pues es de los que son expulsados nada más llegar al poder los Reyes Católicos.

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Es una trilogía de novelas que no estaba pensada al principio como tal. La primera de las novelas “Aynadamar, la fuente de las lágrimas”, surgió por mi amor a mi tierra y a su convulsa historia. Las otras dos surgieron después porque los personajes me pedían seguir su peripecia existencial hasta acabarla.

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Mucho. Sólo para la primera (Aynadamar) estuve recabando datos unos dos años. Entre las tres novelas que integran el libro, ocupé la menos cinco años en documentarme y otros casi tres en escribirlas.

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

No tanto lo anecdótico, sino algo mucho más de fondo: conocemos muy poco y muy mal esa época, influidos a menudo por prejuicios y tópicos bien injustos. Mucha gente ni siquiera sabe que los moriscos eran gente de aquí, no extranjeros o árabes; si bien su idioma natural era le árabe, no eran de raza árabe en su inmensa mayoría, sino de estas tierras desde generaciones y generaciones, sólo que musulmanes de origen desde que siglos antes esa religión llegó aquí y se generalizó, obligados a convertirse al cristianismo. También son muy mal conocidas las rebeliones de Las comunidades o de Los comuneros, tal vez la primera revolución democrática de la historia europea, aunque no llegó a triunfar…

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Porque con ella se puede aprender emocionándose y se pueden romper tópicos injustos.

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

En la milicia de Selim se abría un periodo nuevo en la existencia de Yahya. El adiestramiento militar obligaba a los soldados a llevar una vida austera y disciplinada que los apartaba de la monotonía que había roído el corazón de Yahya, con tantos corazones vacíos que intentaban llenarse con lujosos objetos con los que hacer ostentación y con reiteraciones sin sentido que no sólo no evitaban el vacío, sino que lo convertían en una continua huida hacia delante, intentando en vano olvidar el absurdo de su existencia ocupándose en mil cosas insignificantes, pero que revestían de tanta importancia que acababa aturdiéndolos y preocupándolos como si eso fuera lo que de verdad importa en esta vida. Ahora había otras rutinas, más insignificantes y machaconas, si cabe, que las de los mercaderes, pero que, al menos en principio, rompían con el espíritu plano y prosaico que su dunia había llegado a adquirir en Constantinopla en la tienda de su amigo.

El uso de la espada se le dio bien desde el primer momento. Su instructor se admiraba de ver la destreza con que paraba los golpes y la agilidad para asestar certeros espadazos capaces de, en caso de una lucha real, cortar miembros o rebanar cuellos de un tajo. Yahya, sin duda, era un luchador de instinto. Uno de esos guerreros innatos que parecen haber venido al mundo para defender con arrojo aquello en lo que creen y los seres que aman. Su cuerpo, alto y enjuto de apariencia un tanto desgarbada, se volvía felino y extremadamente ágil cuando empuñaba un arma y tenía que esquivar golpes y lanzar ataques. Parecía adivinar siempre por dónde le iba a venir el siguiente asalto y, de forma automática, como si su instinto le avisara con antelación y le indicase lo que debía hacer, agachaba su cuerpo cuando era necesario, detenía la espada enemiga con la suya o daba un elegante giro que sorprendía al contrario encontrándoselo de golpe por donde menos esperaba.

- ¿De verdad tú no habías luchado antes, muchacho? – le preguntó su instructor en una ocasión sorprendido por la rapidez con que aprendía, hasta el punto de que el propio oficial observaba en su alumno cosas de su cosecha que le permitían contemplar nuevas posibilidades ante eventuales acciones de lucha real.

Tan rápido aprendía y de tal manera evolucionaba en el manejo de las armas, en particular de la espada, que en apenas un par de meses lo habían convertido a su vez en instructor de nuevos reclutas y habían puesto a su cargo un grupo de soldados. A esto favoreció, además, su carácter, noble y generoso, a la vez que decidido e impulsivo. En los ratos libres había llegado a ser el animador de tertulias, contando relatos y recitando poemas o cantando canciones y cuando salían por la ciudad era uno de los más activos para el disfrute de las oportunidades que el bullicio urbano ofrecía, siempre imaginativo, discreto y tan lleno de vida que transmitía su simpatía y sus ganas de vivir a todos los que compartían su tiempo y sus distracciones a lo largo de bailes, baños, plazas y tabernas en las que tomar un té. Lo que más apreciaban sus numerosos amigos era que, a pesar de su energía vital y su contagiosa alegría, nunca se permitía romper los preceptos del Islam y no se emborrachaba ni humillaba o agredía a nadie; si bien, cuando alguien intentaba abusar o maltratar de la forma que fuese a alguno de los suyos, era el primero en hacer frente a la situación con decisión y coraje; aunque su apostura era tan impresionante que rara vez le hizo falta llegar a hacer uso de la fuerza o de su habilidad con la espada. Se hizo de tantas simpatías entre la tropa, que su oficial, a pesar de que le había tomado también afecto, llegó a sentir celos y procuró buscarle algún destino en el que no le hiciera sombra. Como en una conversación le sonsacó que en sus andanzas juveniles por tierras de Granada había montado a caballo por sierras y caminos y era buen jinete, procuró conseguir para él un caballo en una de las escaramuzas que realizaban de cuando en cuando en tanto se organizaba el gran ataque que Selim tenía previsto y Yahya acabó en una sección de caballería.

No fue distinto con sus nuevos camaradas. En poco tiempo se ganó el cariño y la admiración de cada vez más amigos. Si bien, en esta ocasión, Yahya, que había advertido el recelo despertado en su antiguo instructor, procuró evitar que eso se repitiera para no acabar sintiéndose como un vilano que el viento lleva de acá para allá. Su nuevo oficial era un hombre joven e inexperto, de noble corazón, que supo reconocer la sencillez de su camarada y que, aunque intentara mostrarse inseguro y obediente a lo que se le mandase, en realidad sabía más de caballos y montaba mejor que su propio instructor; así que, más que instruirle, se dedicaba a compartir con él excursiones por distintos terrenos y paisajes y escuchar sus palabras, tan llenas siempre de luz y de una extraña paz que no tenía nada que ver con el conformismo.

En una ocasión en que, con permiso especial para ello, habían salido solos a explorar un territorio peligroso y desértico y se les había hecho de noche, acordaron dejar reposar a los caballos y buscar algún refugio natural donde descansar y esperar el alba.

Rachid, que era como se llamaba el instructor que se había convertido en su inseparable amigo, y él se acomodaron en un abrigo entre las rocas desde el que se podía observar el largo desfiladero que se alargaba hacia el sur entre angosturas de rocas y oquedades y, arriba, un brazo alargado de cielo encendido de estrellas. Llevaban un rato en silencio, embebidos en la contemplación de aquel paisaje de gravedad y silencio tan espectaculares, cuando Rachid interrumpió la quietud con sus palabras.

- ¿No echas de menos tu tierra, Yahya? Dicen que Granada es muy hermosa y por ella corre el agua en ríos que se desparraman sobre las huertas y vergeles llenos de colorido y esplendor. ¿No te gustaría estar en ellos cuando ves tanta roca desnuda y tanta aspereza y desolación? 

Yahya tardó en responder, pero, finalmente, cambió de posición su cuerpo para sentirse más relajado sobre las rocas y le contestó:

- ¿Sabes una de las cosas que he aprendido, alhamdulillah, Rachid? Que uno es de allá donde se encuentre. Yo no elegí nacer en Granada. Allah quiso que así fuera y allí di mis primeros pasos y por eso aquella tierras, sus paisajes, sus aguas, sus flores, la imagen siempre presente de su hermosa sierra coronando de blanco sus cielos azules y sus verdes colinas..., están ligados a mis recuerdos, forman parte de mi vida y tienen un sitio en mi corazón. Pero después estuve en Fez con mi buen amigo Omar y también aquello era una ciudad hermosa en la que vivir. Constantinopla es una ciudad enorme y disparatada, pero en ella siempre puede uno encontrar un rincón apacible en el que sentirse congraciado con uno mismo y, de este modo, con Allah. Y ahora tú y yo estamos aquí, en este desierto de piedras y silencio en el que el cielo parece un espejo bruñido que refleja la Belleza de Allah y soy feliz en él. No somos de ningún lugar. En todo caso somos de aquel por el que pasamos. El mundo entero es un lugar de paso. Existimos en, por y para Allah. Nunca he sentido tan cerca Su Grandeza como cuando estoy en el desierto. Ya me pasó otra vez, camino de Constantinopla. Ahora me siento un alma del desierto y disfruto su belleza y su increíble paz. Y no añoro los vergeles de Granada, si bien me siguen gustando y desearía poder volver alguna vez por allí, aunque sólo fuera de paso y para poder abrazar a mi familia y los amigos de otro tiempo. Pero ya ni siquiera ellos están por allí.

Se calló. Una ola de nostalgia le había asaltado de repente al recordar otra vez a su amada María, que ya no estaba en Granada tampoco..., y como no quiso que ese sentimiento le llenara de melancolía y tristeza, ni le agradaba hablar a nadie de la mujer que nunca pudo dejar de amar, selló sus labios y procuró que sus ojos siguieran vagando entre la inmensidad de las estrellas para que su luz, blanca y lejana, derramara su armonía sobre su corazón. Rachid, por su parte, había vuelto a escuchar con arrobo las palabras de su amigo “el poeta” como ya le decían muchos camaradas con sobrados motivos para hacerlo y, siguiendo la dirección de la mirada de Yahya, lo imitó dejando que la noche y el silencio los uniera más allá del tiempo y de las rocas que los abrigaban.

martes, 25 de noviembre de 2014

JOSÉ BARROSO NOS RESEÑA SU NOVELA: "EL OCASO DE ALEJANDRÍA"

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA Jose barroso.

1) ¿Cómo se llama tu nueva novela?
La novela se titula El Ocaso de Alejandría.

2) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

Es una novela histórica que transcurre en el siglo I antes de nuestra era. Relata las luchas de poder dentro de Roma y su relación con sus aliados y enemigos desde le perspectiva de Cleopatra en Alejandría. Narra sus amores con Julio César y Marco Antonio y su caída en desgracia ante el ascenso al poder de Octavio Augusto. 

3) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

En ambos formatos, de momento con Ámazon aunque actualmente estoy en conversaciones por sus derechos con varias editoriales. En mi página web, jose-barroso.com, los lectores pueden conocer un poco más sobre mí y mis obras.

4) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

El Ocaso de Alejandría es el primer título de una saga de 5 novelas. En este caso el personaje central es Cleopatra y por lo tanto es el personaje más “mimado” y cuidado en la obra. Cleopatra fue una mujer que hubiese resaltado en cualquier época de la historia pero su preeminencia precisamente en este periodo tan masculino la convierte en un personaje admirable. He intentado alejarme de los estándares de Hollywood y partir desde 0 para crear una Cleopatra humana, cercana aunque espectacular.

5) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Precisamente de las imágenes distorsionadas que muchas veces nos ofrece el cine sobre personajes que no necesitan fabulaciones para ser interesantísimos. Me gusta crear personajes cercanos, con debilidades y que cometen errores o tiene malos momentos. Pensé que podía aportar una imagen nueva (y muy documentada) de los personajes que abordo en esta saga.


6) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Prácticamente he estado 2 años con El Ocaso de Alejandría entre documentación y redacción. Después hay que corregir, crear portadas, etc. Para mi escribir es un placer, todo el universo a su alrededor me cuesta un poco más.

7) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

A mi me ha llamado mucho la atención la economía de mercado que existía ya hace 2000 años. Egipto compraba deuda a otros países o reducía las exportaciones de papiro para aumentar su precio y Roma devaluó su moneda para mejorar sus exportaciones, ¿te suena? Era una economía global parecida a la que vivimos ahora mismo.

8) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Creo que los amantes de la novela histórica encontraran una obra documentada, entretenida, cercana y veraz con la sumergirse en el Egipto Ptolemaico y la Roma del final de la República y principios de Imperio. Los aficionados a esta época quedaran complacidos. 

9) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

“En el quinto día del mes segundo de Ajet, llamado octobris por los romanos, dos sacerdotes del templo de Karnak, ataviados con su peculiar túnica acampanada que cubría desde los pectorales a los tobillos y totalmente depilados de la cabeza a los pies, comenzaban a pasar controles de seguridad romanos y alejandrinos portando un regalo para Cayo Julio César. Una riquísima alfombra hilada con los más nobles tejidos de Tebas, algodón del Nilo, lino, hilo de oro y sedas.

César, al ser informado del presente, asistía divertido al registro y revisión de los dos sacerdotes por parte de sus lictores, mientras miraba el objeto enrollado con los extremos protegidos por fundas de mimbre trenzado.

Cuando la guardia personal del dictator dio por buenas las intenciones de los dos rasurados, estos se dispusieron a desenrollar el regalo, cortaron los remates de mimbre y extendieron la tela con delicadeza sobre el suelo de mármol del recinto.

Cuando apenas la mitad de lo que parecía una larga alfombra se había desenrollado, emergió de ella una figura femenina menuda que se sentó sobre sus muslos mirando al suelo e intentando recuperar el aliento. Los veinticuatro lictores de César echaron mano a sus gladium y algunos de ellos llegaron a desenvainarla amenazantes, avanzando hacia la desconocida rápidamente. Esta lentamente se levantó del suelo, colocó su melena ordenadamente sobre sus hombros, secó su rostro húmedo por el sudor con el reverso de sus manos, intentó, con poco éxito, deshacer las arrugas de su túnica, y finalmente alzó el rostro hacía Julio César y dijo:

—Soy Cleopatra VII, reina de Egipto y faraón del Nilo. —La reina hizo una pausa y con un tono infantil, interesado y divertido añadió: — ¿me habéis hecho llamar?

Cayo Julio César reía abiertamente mientras sus hombres se retiraban de la muchacha que los había burlado. Cleopatra le miraba divertida sabiendo que había agradado al dios César. Pudo observar rápidamente a un hombre de unos cincuenta años, cuyo cabello, anteriormente rubio, era ahora plateado. Se peinaba exageradamente hacia adelante intentando tapar un calva que llegaba ya a la mitad de su cráneo. Tenía los ojos azul claro, su toga praetexta dejaba ver fuertes brazos y pantorrillas. No había rastro de barriga o papada. Aquel hombre se mantenía en forma y Cleopatra lo encontró ciertamente atractivo.

—Muy bien, joven reina, una argucia encomiable, me alegra conoceros al fin. —dijo César pensando que era la primera vez que conseguía hablar con un Ptolomeo sin tener que dirigirse a uno de aquellos eunucos, tutores, pedagogos o niñeras. Además era muy hermosa. Ojos negros, labios carnosos, pómulos muy marcados y una figura delgada marcada por dos pechos que al romano le parecieron muy apetecibles. 

César se volvió al jefe de sus lictores, Cayo Licinio y le dijo:

—Avisad al niñato odioso y a la gritona y sus secuaces de que la reina ha llegado, en una hora podremos reunirnos todos. —Y añadió:— Licinio, que todos los hombres que estaban de guardia hoy entre la puerta del palacio real y esta habitación sean azotados veinte veces por este fallo en los controles de acceso. 


Cuarenta y cuatro legionarios fueron castigados por la estratagema de Cleopatra VII con la alfombra.”

viernes, 21 de noviembre de 2014

JORDI VERDAGUER NOS RESEÑA SU NOVELA "AZAHARES DE GRANADA"

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.


HOY NOS PRESENTA SU OBRA JORDI VERDAGUER.

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Soy abogado en ejercicio en Barcelona. Estudié lengua y literatura árabe en la Universidad Central de Barcelona. Amplié mis estudios en la Universidad de Damasco, en donde fui profesor.

2) ¿Cómo se llama tu nueva novela? 

Mi obra se llama “AZAHARES DE GRANADA”.

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

La presente novela histórica está ambientada en los tiempos de la reconquista, concretamente en los últimos años de la presencia musulmana de la península. La trama de “Azahares de Granada” se inicia con el alumbramiento de Boadbil y la misión encomendada a tres jóvenes mozárabes para recuperar un tesoro escondido cuando los musulmanes invadieron España.

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Se ha publicado solo en papel. La editorial se llama Seleer, está situada en Alhaurín de la Torre, Málaga.

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido. 

Los personajes principales de la novela son tres muchachos mozárabes a los que se les encarga la misión de ir a buscar un tesoro. Uno de ellos guarda el secreto de su cuna, el otro el peso su nobleza, y el tercero ha de superar sus complejos y temores. A su alrededor se entrecruzan innumerables personajes que acrecientan el interés sobre la intriga de la novela, haciendo su lectura sugerente, ágil y entretenida.

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Se escribió en Damasco, inspirada por el amor a una joven armenia que, cada anochecer, traducía del español al árabe los capítulos mecanografiados durante el día, reviviendo la magia oriental de aquella princesa Sheherezade de los cuentos de las Mil y una Noches.

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla? 

Tardé cuatro años en escribir la novela, que compaginaba con mis clases en la Universidad de Damasco primero y con el ejercicio de la profesión de abogado después, una vez regresé a Barcelona.


8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

En los capítulos de la novela se mezclan la realidad con la fantasía, el rigor histórico con la invención, la estricta localización geográfica de los lugares, con el desplazamiento de un castillo de Navarra a Andalucía a causa de un poema de Bécquer. También me he permitido la licencia de transcribir al principio y al final de la obra, dos poemas de nuestra tradición literaria.

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

La novela tiene parte del alma del escritor, parte del alma de aquella joven armenia y parte del alma de esa ciudad oriental de Damasco, donde los versos se hicieron prosa. He querido transmitir una sensación de paz y tranquilidad a mis lectores, y sobre todo de amor, de ese amor que trasciende a tiempos y lugares, y colma la dicha de todo ser humano.

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

Por último, también se cuenta, que todo de enlaza, combina traba y encadena, desde los más íntimo, a lo más grande, desde lo más despreciable a lo más valioso, no hay nada desdeñable, son los hilos invisibles de las vidas humanas que se cruzan y entrecruzan en el espacio infinito. Y en lo alto de una peña, el último rey moro, apodado “El desdichado” por su débil carácter, miró por última vez la ciudad de Granada, con sus jardines, mezquitas y palacios, y lloró amargamente por aquello que no supo defender en vida…

JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

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