miércoles, 12 de octubre de 2016

LUIS ZUECO, AUTOR INVITADO A LAS VI JNHG, NOS HABLA SOBRE SU NUEVA NOVELA: "LA CIUDAD"

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Soy Luis Zueco, nací en Borja (Zaragoza) hace 37 años, soy Ingeniero Industrial y Licenciado en Historia, trabajo dirigiendo un hotel con encanto en un castillo medieval. Publiqué mi primera novela histórica en 2011.


2) ¿Cómo se llama tu nueva novela? 

La ciudad, es mi quinta novela. En todas ellas he buscado sorprender al lector, con está todavía más si cabe.

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella. 

Se ubica en el Señorío de Albarracín, independiente desde hace más de siglo y medio, justo cuando va a ser asediado por la Corona de Aragón en el año 1284. Pretende trasmitir un momento histórico muy olvidado, cuando los reinos cristianos en vez de concluir la reconquista se vieron envueltos en guerras internas que la retrasaron doscientos años. Es el inicio de la Baja Edad Media, la reactivación del comercio, el inicio de un nuevo concepto de monarquía y toda una serie de cambios sociales, religiosos y políticos.

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

En ambos por Ediciones B, en papel no solo en España, también el Latinoamérica.

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Sin duda Alodía, es la clave de toda la novela a pesar de que no aparece hasta bien entrada la trama. Yo creo que los personajes son las piezas más importantes de todo libro, por eso me esfuerzo tanto en crearlos.

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Terminada mi anterior novela, El castillo, que está ambientada en el castillo de Loarre en Huesca en el sigo XI. Me pregunté que sería de estas gentes del Pirineo cuando conquistan el rico Valle del Ebro y se expanden por el Mediterráneo y el Sur. Pensé en una sociedad muy distinta, a pesar de seguir en la Edad Media, y tuve la imperiosa necesidad de explorar ese nuevo escenario. 

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Yo siempre estoy recopilando información, luego puedo tardar años en utilizarla por lo que es difícil medir el tiempo real que me llevó documentarme. Pero no menos de año y medio o dos años.


8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

De la lectura de publicaciones sobre los libros de magia que poseía el rey Alfonso X el Sabio. Investigué más el tema y me pareció realmente fascinante, ya que eran los más números de todo su Scriptorium.

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Yo siempre pienso en el lector, no escribo lo que me gustaría leer a mí, ni escribo por necesidad. Lo hago porque me gusta crear tramas y personajes que fascinen a los lectores, situarles en escenarios y épocas que les asombren; y sobre todo sorprenderles. Creo que está novela es muy ambiciosa en ese sentido, mezcla géneros, está llena de giros en la trama, es tremendamente misteriosa y original. Está construida para que los lectores disfruten con ella.

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

La novela se inicia así:

Se encontraba protegida por altas y agrestes montañas, en lo más profundo de un valle horadado por el curso de un río que se alimentaba de las abundantes nieves del invier­no. Tan solo se podía acceder hasta ella por un estrecho desfila­dero que conducía hasta sus murallas, impregnadas del color rojizo proveniente de la peculiar piedra que se extraía de su sie­rra, rodeada de altos cerros coronados por castillos y torres que, desafiantes, la defendían contra los numerosos enemigos que ansiaban poseerla.

Jamás había sido tomada por las armas. A ningún rey ni em­perador debía vasallaje. Libre e inconquistable, a pesar de estar ubicada entre cuatro poderosos reinos cristianos.

A él le gustaba recordarlo cuando se encontraba solo ante sus murallas, como aquella desapacible noche.

sábado, 8 de octubre de 2016

TERMINAL DE LA ACERA DEL DARRO EN 1966


TERMINAL DE LA ACERA DEL DARRO
23 Mayo 1966.

Por Dídimo Ferrer

A tres años escasos de que, como leemos en un artículo de Carlos Peña Aguilera, se suprimieran las dos únicas líneas urbanas del tranvía, la 10 y la 11, en 1969, y pasados diez desde que el transporte colectivo de autobuses comenzase a expeler sus humos a todo trapo y a sacarle lustre con sus gruesas cubiertas al acero de aquellos huérfanos rieles, un tranvía de servicio por una calle de Granada sería ya por entonces un mirlo blanco en tránsito y en espera de dejar bien atrás muy probablemente estas avenidas por una de las calles de nuestros pueblos a los que tocó en suerte, cincuenta años antes, la privilegiada conexión hasta la capital gracias a este medio de locomoción que ya se lo habían rifado las más importantes localidades del cinturón tan ansiosamente como lo han hecho de nuevo algunas de ellas hace cuestión de pocos años. 
Por Reyes Católicos e incluso por las más generosas calzadas de la Gran Vía parece, sin embargo, que terminaron por hacer penosa figura, propia de tiempos ya muy pretéritos, a los ojos y al bolsillo de algunas de las autoridades municipales que, como ahora, vivían al dictado de su presente, tan efímero para sus actores como perdurable para sus herederos y legatarios que suelen ser, para lo bueno, unos cuantos y, para lo malo, la anónima mayoría. Hecha esta advertencia en honor del área metropolitana, de cuyo nombre proviene curiosamente ese orgulloso atributo de una gran urbe, su metro, y aunque nace con el desarrollo de pequeños núcleos de población adyacentes, a veces son menospreciados por la propia ciudad madre, en la última edad del tranvía éste se había convertido en un anticuado regalo hecho por la periferia a las calles, avenidas y plazas de Granada, aunque ella misma se había desprendido casi por entero de semejante obsequio como de un inútil trasto poco digno de su rango y condición capitalina. Hasta 1969, conforme leemos en laboriosos estudios dedicados a este asunto expresamente citados al principio de nuestro comentario, o, ateniéndonos al año de alguna fotografía fechada por su autor, en 1970, solo sobrevivieron dos líneas urbanas, la número 10 “Triunfo-Alhóndiga-San Antón”, y la 11, “Puerta Real-Bomba”, aunque con un trayecto más recortado, que, en el caso de esta última, poco estorbo ocasionaba en su discurrir por el mismo centro del primitivo Embovedado hasta el bucle entorno a la Fuente de las Batallas, el giro más práctico, cómodo y efectista para las antiguas líneas urbanas, o el elegante recorrido en doble sentido por los carriles exteriores de la Carrera hasta ganar el Salón, la Bomba o el Humilladero. Justo esta zona y, al otro lado de la ciudad, en el Triunfo, igualmente provisto por entonces de parecido desahogo y el lujo de su frondosa arboleda, se había destinado desde los años cuarenta para terminal de las líneas suburbanas 1ª, Granada-Padul-Dúrcal y la 4ª, Granada-Gabia La Grande. Incluso como una deferencia hacia los usuarios de la línea 5, con destino a la Zubia, se había concedido al último coche de este servicio salir de la misma Fuente de las Batallas, por encontrarse más cercana al centro. 
Para los nostálgicos de cualquier suerte, los inconfesos o los empedernidos, encontrar fotografías de este epicentro de nuestra ciudad frecuentado por la reliquia de este escaso tráfico tranviario, aún en milagrosa vida, puede ocasionar un arrebato de la más pura y sentida añoranza. Personalmente creo que las mejores tomas son las más ajenas a la artificiosa espectacularidad de algunas postales que, contrariamente a éstas, retratan sin extraños aderezos un hecho tan anodino por entonces como aguardar, subir o bajar de uno de aquellos vehículos que se desplazaban, como consideramos de lejos a aquella época, sujetos a la morosa y narcotizante órbita fijada indefectiblemente por sus carriles de hierro, indiferentes a esa agitación propia de la ciudad, refugio móvil para sus pasajeros. En la fotografía vemos a muchos de ellos abordar el coche bogie nº 23, habitual en las líneas del noroeste y del sur de la capital en una de las paradas terminales asignadas a las líneas 1, la de Dúrcal, y la 5, como hemos dicho, la de la Zubia. No existía, a lo largo de la propia Acera del Darro, una conexión directa por tranvía con la próxima Fuente de las Batallas, pero sí había desde este punto un acceso al mismo puente del Genil, el primero y único que aguantaba todo el tráfico orientado allende el río en dirección a Armilla. A la salida de dicho puente se bifurcaba o continuaba la línea en dos, bien hacia el Humilladero, la parada más bulliciosa de nuestros tranvías con el famoso Rancho Grande como sala de espera, bien hacia la acera próxima a este edificio captado por la fotografía que, adosado a otro, ahora reedificado, quedaba casi en línea con el lado del puente reservado al paso del tranvía, justo bajo los postes de sus catenarias. A finales de los cincuenta la calle, que quedó bautizada con el apodo de Filomatic, fue objeto de una renovación en su pavimento y aceras que, contrariamente a lo que pudiera suponerse por esta denominación popular, estaba adoquinada, tal y como vemos en fotografías de este tramo de la calle tomadas bien avanzada la década de los sesenta, incluso con la rotulación de Acera del Darro. El hotel Sudán, Metropol y Avenida, además de la estación de autobuses situada casi frente a esta parada del tranvía, convirtieron esta avenida, aún sin la prolongación directa del nuevo puente, en una arteria más capaz y con pretensiones de cerrar aquel capítulo de su historia cuando fue, a este lado del río, un paredón ciego y corrido de los edificios de la Carrera de la Virgen, cuyo camarín y su enrejado jardincillo habían recogido durante tanto tiempo el último suspiro del Darro a cielo abierto. 
En consonancia con los aires de esa década, aunque no necesariamente fuera así en el variado y obsoleto material móvil de la sociedad anónima Tranvías Eléctricos de Granada, el tranvía de la imagen, nº 23, salió de los talleres de la propia empresa junto a otros cinco de su serie entre los años 1957 y 1959, para inaugurar con este último impulso los aires de desarrollismo que suponían para su parque móvil comodidades en su interior y un baño de color que, como en los autobuses urbanos, era también azul desde 1963. La aerodinámica no llegaba, como en otros coches, a afilar más picudamente su frontal pero sí se mejoraban la calidad de sus 48 asientos, las puertas eran plegables y acristaladas con unas ventanas de corredera, en lugar de las tradicionales de guillotina que, como señala el profesor D. Agustín Castillo Martínez en su documentado y apasionante trabajo sobre los tranvías históricos de Granada, amortiguaban considerablemente el traqueteo de los más viejos tranvías. En ese día de mayo no hubo necesidad de añadir un remolque que, en alguna fotografía de la misma parada corresponde a los números 32 y 33, conocidos en nuestra ciudad como zapatones, para aumentar el número de pasajeros. Tal vez por ese motivo los vemos ese día más apurados por montar en el vehículo que los llevaría en un viaje que, si desde el Triunfo hasta la plaza del Matadero era calificado por José Acosta Medina de “sideral”, lo aproximaríamos hoy a una excursión de placer hecha en un mimado tren de época. Estos paisanos, con sus trajes, sus cestas y sus bultos, de regreso a su pueblo, eran en aquel momento y sin percatarse de ello la última generación de usuarios que recibiría en el apacible trayecto por las Vegas y las laderas del Valle los verdaderos y enervadores mimos de su viejo compañero de infancia y adolescencia. Nosotros solo lo degustamos hoy de prestado y en foto.

domingo, 2 de octubre de 2016

ANA MORILLA PALACIOS NOS HABLA SOBRE "CERVANTES TIENE QUIEN LE ESCRIBA"

HOY NOS PRESENTA SU OBRA Ana Morilla Palacios que, junto a Carolina Molina, coordinó Cervantes tiene quien le escriba, un libro de relatos históricos escritos por destacados autores sobre el Príncipe de los Ingenios.

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Soy coach literario y me encanta organizar talleres de novela histórica. Dirijo la editorial Artificios, un proyecto recién nacido, pero con muchas ilusiones y ganas de abrir una línea de novela y relato histórico. Mi trabajo siempre ha estado ligado a la gestión cultural, y me encanta la divulgación de la historia, de hecho, fui subdirectora de la revista granadina de historia Garnata, y coordiné en 2013 junto a Carolina Molina las I Jornadas de Novela Histórica de Granada, dirigidas por Blas Malo.

2) ¿Cómo se llama vuestro libro?

Cervantes tiene quien le escriba. Un título que juega con una de las conocidas novelas del boom hispanoamericano porque Miguel de Cervantes apenas escribió ni recibió cartas personales a lo largo de su vida, solo de asuntos relacionados con su trabajo de funcionario. Por eso queríamos que veinte escritores, novelistas históricos principalmente, escribieran un relato para él: María Pilar Queralt del Hierro, José Calvo Poyato, Antonio Gómez Rufo, Alfonso Mateo-Sagasta, Luis García Jambrina, Baltasar Magro, José Vicente Pascual, José Luis Muñoz, Nerea Riesco, Ramón Acín, Francisco Morales Lomas, Olalla García, Brígida Gallego-Coin, Herminia Luque, Alfonso Cost, David Yagüe Cayero, Víctor Fernández Correas, Francisco Gallardo, Carolina Molina y, con toda modestia, yo misma. Veinte autores de los cuatro puntos cardinales de España que homenajeamos así al genio.

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuáles son los temas centrales del libro, en qué tiempos se desarrollan los relatos, y qué han querido los autores transmitir.

Don Miguel y el tiempo que le tocó vivir fue nuestra inspiración: sus conflictos y pasiones; sus amores y familia; sus amigos y enemigos, otros escritores que formaron parte del maravilloso universo del siglo de Oro; sus criaturas literarias; la impresión en la estampa de sus obras; o el porqué de su afición al teatro; y por supuesto cuestiones como el destino de los moriscos, la batalla de Lepanto, el cautiverio en Argel o la cárcel en Sevilla, entre otros. Cada cuento es distinto y original, una aproximación singular a una faceta no siempre conocida de su vida, de su época o de su obra.


4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Cervantes tiene quien le escriba ha sido publicado en papel por la editorial Traspiés, en la colección Breves, y está a vuestra disposición en todas las librerías. Nos enorgullece que el libro estuviera presente en la exposición del centenario de Cervantes que organizó la Biblioteca Nacional. La portada, diseño del artista Joaquín Peña-Toro, una revisión en clave contemporánea del mito, forma ahora parte de una exposición de pintura homenaje a Cervantes y a Shakespeare. Todo sobre el libro en http://www.traspies.com/breves/cervantes-tiene-quien-le-escriba/

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de los personajes de este libro y dinos cuál es tu preferido.

Todos los que aparecen retratados en Cervantes tiene quien le escriba interesan, pues forman parte indisoluble de Cervantes, especialmente su “enemigo” Lope de Vega, así, entre comillas porque parece que no lo fue tanto, y su amigo Quevedo; o las gentes del teatro como Lope de Rueda; o los hijos de su imaginación como don Quijote y Sancho, el morisco Cide Hamete Benengeli o la pastora Marcela, ejemplo de mujer libre; los maestros impresores Juan Gracián y su esposa, o el librero del rey, Blas de Robles; el envidioso fraile Juan Blanco de Paz, contra cuyas graves acusaciones tuvo que defenderse; incluso doña Juana la Loca aparece en estos cuentos. Mis favoritos, por lo exótico, los de Berbería, Hasán el Veneciano, bajá de Argel, y su esposa, hija del embajador del gran turco y viuda del rey de Fez. 

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de recopilar estos relatos?

El libro nace con motivo del IV Centenario del fallecimiento de Cervantes (1616-2016). Carolina Molina, “inventora” de la idea, me propuso coordinarlo junto a ella, de lo que estoy francamente orgullosa. Implicó mucho esfuerzo, como en cualquier libro colectivo, pero Carolina y yo hace tiempo que somos amigas y colaboramos bien juntas, ambas somos tenaces y desplegamos una gran capacidad de trabajo, algo imprescindible para llevar a cabo cualquier proyecto editorial. Los autores, amigos y amigas, se prestaron rápido, generosa y desinteresadamente, pues donaron sus derechos de autor a una oenegé. Casi desde el principio, la editorial Traspiés se ofreció a editarlo, lo que nos llenó de alegría pues conllevaba una excelente edición y distribución. 

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Escribir sobre la historia en cualquiera de sus narrativismos, ya sea novela, relato o un artículo científico o divulgativo, conlleva esfuerzo y tiempo; por la búsqueda necesaria de documentos, de lectura y anotación de los mismos, y por el proceso final de escritura, quizá más largo en la novela pero más complejo en el relato. Comenzamos con Cervantes tiene quien le escriba el año pasado, en 2015, había que dejar tiempo suficiente para que los escritores pudieran documentarse y escribir sin prisa.

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en estos relatos?

El lector encontrará cientos de referencias literarias; el microcosmos del hampa y la picaresca del siglo de Oro, en las calles y dentro de las cárceles; el mundo de los galeotes y los cautivos de Berbería; el de los soldados y la guerra. Inquietante me parece lo que tenga que ver con sus hermanas, las Cervantas, independientes hembras de armas tomar; o la valentía de Cervantes, que está bien acreditada. Pero por encima de todo me fascina el triángulo amoroso que pudieron formar Hasán el Veneciano, su esposa, y don Miguel, solo que no sabemos con cuál de los dos tuvo amores, o si los tuvo con los dos, o seguramente con ninguno… 

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Porque Cervantes es el más grande autor español de todos los tiempos, el del Quijote, sí, pero también el de las Novelas ejemplares, el Persiles, la Galatea, las comedias y entremeses, o el Viaje al Parnaso. Cervantes tiene quien le escriba nos ayuda a conocer mejor al escritor que cambió la novela y la literatura universal. Y porque veinte escritores nos hablan de él, veinte buenas razones para leer el libro.

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

Es imposible escoger entre tantos y tan buenos relatos. Como debemos seleccionar algún fragmento lo haremos del prólogo del libro, que enmarca y aúna todos los textos. Narrado por la voz del propio Cervantes y escrito por María Pilar Queralt del Hierro.

“Del origen de los huesos que aquí reposan

Sepan quienes estas líneas leyeren que la carne que estos huesos soportaron perteneció a quien fue soldado cautivo, recaudador de impuestos, escritor de éxito y hombre de muchas miserias. Mas no lo recuerden vuesas mercedes como tal, sino por sus libros, que esos su alma fueron y, como bien nos enseña la Santa Madre Iglesia, más vale alma inmortal que carne perecedera. Los siglos y la historia, en su sabiduría, así lo han querido, y las sombras que cubren mi memoria dejan así paso al sol que ilumina mi obra.

Mi nombre es Miguel de Cervantes Saavedra. Nací, o eso me dijeron que memoria no guardo de ello, en la docta Alcalá de Henares en 1547, justo cuando nuestro César Carlos alcanzaba la victoria en Mühlberg y, para salvación de nuestras almas, acababan de iniciarse las sesiones del Concilio de Trento. Aseguran también que era el día del santo arcángel, san Miguel y de ahí el nombre que me impusieron al recibir las aguas bautismales en la iglesia parroquial de Santa María la Mayor.

Quiso la suerte que fuera el tercero de los cinco hijos vivos del hidalgo Rodrigo de Cervantes y de su esposa, Leonor de Cortinas. Llegué, pues, a su hogar después que lo hicieran mis hermanas, Andrea y Luisa, y antes de Rodrigo y de la pequeña Magdalena. La hidalguía de mi padre y su profesión de cirujano-barbero no eran garantía alguna de consideración social o de importante patrimonio. Por el contrario, las estrecheces económicas nos acecharon hasta tal punto que mi padre, que gloria haya, se decidió a buscar mejor fortuna primero en la cortesana Valladolid, y luego en Córdoba y Sevilla. Pero, como si de un augurio de lo que iba a ser mi vida se tratara, lo único que encontró en su camino fue una serie de dificultades y deudas que acabaron por dar con sus huesos en la cárcel…”.

martes, 13 de septiembre de 2016

PEDRO M. DOMENE RESPONDE A NUESTRO CUESTIONARIO PARA AUTORES

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

Novela: «EL secreto de las Beguinas» de Pedro M Domene.



1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

No hay mucho que contar: he dedicado parte de mi vida a la docencia, he sido profesor de Enseñanza Secundaria durante más de 30 años, y he alternado esta hermosa profesión con la crítica de libros, en suplementos y revistas especializadas, y con la escritura de ficción, fundamentalmente con novelas dedicadas a un público lector juvenil, ensayos literarios, y ahora con una novela más ambiciosa que me ha salido algo histórica: El secreto de las beguinas (Trifaldi, 2016). He sido, y sigo siendo un lector empedernido que ha leído literatura española, básicamente, sin desdeñar la de otros muchos países. 

2) Como has comentado, tu trabajo se ha orientado más hacia la coordinación, crítica y ficción para jóvenes ¿Consideras la publicación de El secreto de las Beguinas un paso adelante en tu producción literaria?

¿Un paso adelante? Es algo que no sé muy bien, es una novela diferente, con mayor ambición tanto en su estructura como en su técnica, con un lenguaje preciso y adaptado porque la narración se desarrolla en dos planos: el XVII en Flandes y los Tercios como telón de fondo, y en la actualidad, cuando dos jóvenes llevan a cabo la investigación de unos sucesos ocurridos en la Brujas de la época, con el beguinato de la ciudad y el sitio de Ostende como telón de fondo.


3) Cuéntanos qué te impulsó a escribir sobre Las beguinas, quiénes eran y en el caso concreto de la historia que cuentas, si existieron realmente.

Descubrí el beguinato de Brujas hace más de veinticinco años, me obsesioné porque es una maravillosa construcción que se mantiene a día de hoy en perfectas condiciones, leí y estudié los beguinatos, sus moradoras, su labor y su lucha constante por sobrevivir desde el siglo XII, y su repercusión, sobre todo, en el norte de Europa. Y en cuanto a la historia contada, el trasfondo es real, los datos históricos verosímiles y sacados de la Historia, las beguinas muy parecidas a mis protagonistas existieron, pero el resto de lo que cuento es ficción, pura literatura que, sin duda, resulta creíble y verdadera; o al menos, eso espero.

4) En el libro mezclas dos tiempos y dos estilos, el pasado y el presente que continúa un hilo narrativo entre la novela histórica y la novela de intriga. ¿Por qué no escribir una novela de ficción histórica directamente?

El presente justifica ese pasado que, sin duda, sin el afán de los dos jóvenes no existiría, la intriga justifica la Historia, que no deja de ser una auténtica y continua intriga se mire por donde se mire, y no pretendía escribir una novela de ficción histórica porque me parecía que de esta forma, y con el resultado obtenido, se completaba mejor mi visión de las beguinas y de cuanto llevaron a cabo en un lugar como el Flandes de la época.



5) ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

No es una cuestión de tiempo, más bien de persistencia. Nunca me planteaba la medida del tiempo como meta para terminar la novela, iba leyendo, anotando, recopilando y poco a poco se fue conformando la historia, tanto la real como la ficticia, y si tuviéramos que cuantificar, sería mucho, sin duda, el tiempo empleado hasta que puse el punto y final; hubo incluso algún descanso e no poca desesperación porque no avanzaba.

6) Preséntanos a tus personajes preferidos. ¿De cuál de ellos te has enamorado?

Es verdad, al final uno termina por simpatizar algo más por alguno de sus personajes, y pese a ser el creador de todos y cada uno, siempre hay algún preferido, en mi caso es Naffi, el joven que sirve al caballero español y a quien le debe su vida y por consiguiente hará cualquier cosa por su amo; y luego la joven Nazareth que, también, forma parte de ese mundo de desahuciados que tiene que buscarse la vida día a día; en realidad, dos versiones de esos jóvenes pícaros que tanto abundan en nuestra literatura. El hermano mayor, es de lo más simpático y además un tremendo trasto en sus actuaciones, algo que se aleja de mi personalidad, y quizá por eso me cae bastante bien.

7) Como este es un blog dedicado a la novela histórica nos interesa saber qué opinión tienes de este género actualmente y si te ves animado a seguir escribiendo dentro de un marco histórico.

Sencillamente me parece un género muy válido e interesante y, además, cuenta con legión de seguidores. Hay una sola cosa que me molesta, parece que todas las novelas históricas deben tener más de 500 páginas para ser realmente interesantes, y no creo que eso sea una premisa imprescindible, los libros y las novelas, concretamente, deben tener las páginas que les correspondan y nada más.

Con respecto a la segunda parte de la pregunta, no lo sé muy bien, hay un argumento que me ronda la cabeza y que, en esta ocasión, si podría considerarla eminentemente histórica, pero los proyectos no son una realidad hasta que se convierten en libro y están dispuestos para ser leídos. Hasta entonces me dejo llevar y no me cuestiono qué tipo de libro quiero escribir.

8) Este género, uno de los más vendidos, tiene adeptos pero también detractores. Como crítico ¿qué aconsejarías a los autores de histórica para que sus novelas reciban la atención de todos los lectores?

No hay una fórmula mágica, al menos así quiero verlo yo, y en ocasiones funciona mucho la recomendación boca a boca y, por supuesto, no está ajena la promoción. La calidad y la suerte no están reñidas, y cada lector debe seleccionar sus propias lecturas sin que necesariamente sea un crítico quien deba recomendarle el libro; creo que el crítico es un mero mediador que puede ir más allá de una lectura habitual y poco puede influir en que un libro triunfe o no; ayuda, pero no es algo definitivo.

9) Cuéntanos qué proyecto vendrá después de El secreto de las Beguinas.

Vuelvo a repetirme, no lo sé muy bien. Siempre dejo un margen de tiempo, y me gusta cambiar de registro, quizá me ponga con algo de ensayo que me hace olvidar la ficción y me devuelve a la realidad, y a los estudios literarios que nunca he dejado de tener entre manos porque son una perspectiva distinta de hacer y explorar la literatura.

10) Para finalizar, déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de tu novela? 

(Frag. Cap., I) 
El clérigo tornó su rostro, la evidencia le obligó a sostener su mirada ante el Superior, y con una actitud no menos desafiante que la esgrimida en ocasiones anteriores, pretendía dar por terminada una conversación que no había consentido mantener, y aun rechazó, con más firmeza que nunca, las insinuaciones vertidas por fray Giordano referidas a su propia fe, y a su dedicación a la Iglesia, opiniones cuestionadas desde el comienzo mismo de su relación por el italiano, menospreciando así con sus acusaciones su sagrada lealtad a la tarea encomendada por la Iglesia española. Aun resonaban en su memoria las palabras vertidas por Giordano, su colérica actitud y sus amenazas aun cuando el Tribunal no había resuelto la causa, y el español le recriminaba los lloros y lamentos vertidos por las jóvenes cuando el Inquisidor y el verdugo se afanaban en sacar una confesión de aquellos cuerpos castigados por el martirio y el suplicio. Azotes, potro, garrucha, incluso la rueda, tan popular en aquellas tierras, se sucedían día tras día sobre los cuerpos de estas mujeres que, desvanecidas y maltratadas, siempre eran devueltas inconscientes a sus celdas hasta que transcurrido el menor tiempo posible se volvía al suplicio con un nuevo interrogatorio. 

(Frag., cap., 2) 
—Insisto en que te vayas al aeropuerto y embarques en el primer avión, de los gastos ya hablaremos cuando estés aquí —repitió la voz.

—Si me decido, déjame antes que siga durmiendo un par de horas más, que desayune, como Dios manda, y luego cogeré el primer tren de la mañana y, por el Eurotúnel, estaré antes del mediodía en Bruselas, aunque el desplazamiento hasta Brujas ya me dirás. No tengo medio con qué llegar hasta allí—. ¿Has oído lo último que he dicho?—insiste la voz, totalmente convencida de que su hermano no aceptará cuanto ha dicho.

—Claro, que sí —confirma, al otro lado del teléfono—. Te lo voy a poner más fácil —asegura, mientras se oye como marca las teclas de un móvil, sin duda. 

De repente no se oye nada, y algunos minutos después, de nuevo la voz, con cierto entusiasmo en cuanto afirma.

—Viajarás por el Eurotúnel, pero no pagando el billete —vuelve a insistir, una voz que ya ha calculado todas las posibilidades—. Alguien te recogerá, de eso me encargo yo —puntualiza. 

Un largo silencio interrumpe la conversación, y un bisbiseo de fondo mantiene en vilo a quien se ha mostrado escéptico desde el principio, pero poco después vuelve la voz conocida.

domingo, 3 de julio de 2016

JOSE BARROSO NOS HABLA SOBRE SU NOVELA"EL SECRETO DE ARUNDA"

1.- ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Se titula "El Secreto de Arunda". 
Arunda es el nombre antiguo de mi ciudad natal, la bellísima Ronda.


2.- Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

La novela se desarrolla durante la reconquista de la ciudad por parte de los reyes católicos. Hay un oscuro pasaje histórico gracias al cual, el ejército de los reyes encontró un acceso secreto a una ciudad que parecía verdaderamente inexpugnable. La novela relata el conjunto de hechos, peripecias y casualidades que llevaron a la caída de la plaza más fuerte de Al-Andalus.

3.- Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Pues tengo que decir que la idea surgió hace algunos años en clase de historia y estando en la propia Arunda (hoy Ronda). Repasábamos esta parte de la historia y el profesor nos nombró de pasada este pequeño gran misterio. Mi imaginación de escritor hizo el resto.

4.- La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

En total necesité algo más de dos años para escribirla, pero no fueron continuos, por lo que desde que la empecé hasta que logré terminarla, transcurrieron algo más de cinco años.

5.- Háblanos de tus novelas de género histórico. Cuántas has escrito y dinos cuál te proporcionaron mayores satisfacciones.

El Secreto de Arunda es la tercera novela que publico. Las dos anteriores, EL Ocaso de Alejandría y El Ocaso de la República, forman parte de una saga y se centran en el cambio de la republica al Imperio Romano.

EL Ocaso de Alejandría lleva más de año y medio entre las más vendidas en el apartado de Novela Histórica y me da muchas satisfacciones. Espero que siga así. Es el principio de la saga IMPERIVM y vivo una promoción continua con ella.


6.-Entre la publicación de tu primera novela EL Ocaso de Alejandría y la última El Secreto de Arunda, han pasado 2 años qué crees que ha cambiado en el mundo del libro desde entonces.

Creo que sobre todo la irrupción de los formatos digitales. Cuando salió al mercado mi primer trabajo, los lectores de libros en formato digital eran una minoría. Hoy son prácticamente el 50%. 

Yo personalmente vendo más en formato digital que en formato libro. La principal diferencia es que empezamos a pensar, a maquetar, y a crear formatos que sean atractivos desde el punto de vista digital, además del tradicional.

7.- ¿Y del ebook, qué opinas?

Es el futuro. Por facilidad, precio, difusión y alcance. Siempre quedaran románticos del formato libro, entre los que me incluyo, como quedan amantes del vinilo entre los aficionados a la música. Pero no creo que el crecimiento de los nuevos formatos tenga marcha atrás.

8.- ¿Qué sacrificaste o sacrificas a diario para poder escribir?

Supongo que todo escritor renuncia a parte de su vida social para escribir. Yo necesito cierta introspección, tranquilidad y concentración, que encuentro en casa, estando solo y sobre todo los fines de semana. Cuando otras personas están relacionándose o tomando algo, yo estoy narrando las batallas de Julio César. En cualquier caso es un sacrificio muy satisfactorio cuando consigues el favor del público.

9.- Enséñanos tu trabajo ¿tienes página web? ¿Podemos leer on-line algún capítulo de tus libros?

Si, tengo página web, www.jose-barroso.com

No tengo cargados capítulos de mis obras pero se puede estar al tanto de novedades y de mis artículos en prensa, que cargo en el apartado «blog» tiempo después de ser publicados. 

10.- Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella?

Un cuerpo oscilante es balanceado por la suave brisa del atardecer. Los chiquillos, sucios, harapientos y acostumbrados a la escena, juguetean a su alrededor, ignorando al difunto. La soga de la que cuelga, curtida en mil y una ejecuciones, cruje de forma seca con cada movimiento y hace girar lentamente el cadáver. Una madre reclama la atención de los niños para que se alejen del patíbulo y dejen en paz al fallecido. A cierta distancia, un hombre de mediana edad ricamente ataviado, observa la macabra escena con lágrimas en los ojos y labios apretados con rabia. Su tez blanca y sus cuidadas manos delatan su origen burgués y acomodado. Sin embargo, una barba que lleva varios días sin ser rasurada y las prominentes ojeras azules dan al traste con lo que pretende ser una cuidada imagen en aquel desconocido.

Anochece en Sevilla. El olor empieza a ser pestilente y el tenue sol ya no calienta, aunque las protestas del populacho exigiendo el comienzo de las obras del alcantarillado han sido fuertes. Todo se solucionó con un austero reparto de grano; la plebe estará tranquila y callada otro par de meses. Además, el ahorcado empieza a descomponerse, así que al percibir la fetidez el hombre da lentamente media vuelta y se aleja por un callejón cabizbajo y pensativo. Solo las voces de los niños jugueteando rompen la paz en la plaza de Oriente. Sobre los arcos de los pórticos aledaños, que ofrecen cobijo a algunos perros escuálidos y elevan la edificación hasta los tres pisos, las altas ventanas están desiertas y solo algunas permanecen cerradas con su doble hoja de madera apolillada y carcomida. En el resto, aparece la luz parpadeante de las primeras velas que iluminan los lúgubres interiores. Las fachadas, encaladas una y otra vez, aparecen ahora amarillentas, y las puertas, bajo los arcos de piedra maciza, casi no se ven.



martes, 21 de junio de 2016

ELISA VÁZQUEZ DE GEY NOS PRESENTA SU OBRA "UNA CASA EN AMARGURA"

Preséntate a tus nuevos lectores 

Me llamo Elisa Vázquez de Gey y soy de Lugo. Vivo y escribo en Galicia. Mi trayectoria como escritora comenzó en la poesía y con los años fue derivando hacia la biografía y la novela histórica. He publicado Anita Delgado, Maharaní de Kapurthala (Planeta, 1998); El sueño de la Maharaní (Grijalbo, 2005) y La Princesa de Kapurthala (Planeta, 2008). 
Mi obra más reciente, la que os estoy presentando, salió a la venta en julio de 2015 y se titula Una casa en Amargura. Es una novela histórica ambientada en La Habana colonial que aborda el poco explorado tema de la esclavitud doméstica femenina en la Cuba española de los años anteriores e inmediatamente posteriores a la abolición (1850-1885). 

Una casa en Amargura está publicada en papel por Ediciones B de Barcelona (Colección “Grandes Novelas”), disponible en formato electrónico y tiene su propia web: 



¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Los que me conocen daban por cierto que, en mi caso, el salto de los extravagantes palacios de los maharajás al universo de las mujeres esclavas en la Cuba colonial solo era cuestión de tiempo. Sabían que las dos Indias, la de incienso y jazmín y la de la palma y la caña, ocupaban en paralelo mi derrotero literario. De ahí que contar cómo surgió “Una casa en Amargura” me obligue a revivir una complicada singladura. 

Veréis, tras varios libros centrados en el mismo personaje (Anita Delgado, la Princesa española de Kapurthala) me surgió la oportunidad de viajar a La Reunión, en el ultramar francés. Era 1998 y la isla conmemoraba el 150 aniversario de la abolición de la esclavitud.

En un atardecer de tertulia y ron alguien mencionó, con toda naturalidad, que sus antepasados habían sido esclavos “en la vainilla”, y que una de las mujeres de su familia, nacida en esclavitud, había obtenido la condición liberta, a la edad de veintitrés años, por testamento de su ama. Añadió que, cuando la joven se supo libre, lo primero que hizo fue lanzarse a la calle y suplicar a cuantos conocía que le prestasen dinero porque necesitaba... ¡comprarse un esclavo! Ante mi pasmo, el narrador puntualizó que el esclavo que su antepasada quería comprar era su propio esposo. Separados a la fuerza, a él lo habían puesto a la venta y el amo acababa de fijarle precio. La única solución para vivir juntos era que ella lo comprase aunque, por la misma naturaleza del acto jurídico, él pasase a ser un esclavo y de su propiedad.

Todavía recuerdo el desasosiego que me causó su relato. Y el asombro aumentó cuando conocí el final de la historia: treinta años después la esposa había logrado pagar el carísimo préstamo y, además, había reunido dinero para acudir a un notario y encargar una carta de libertad que “ahorrarse del estado de servidumbre” a su esclavo. Le había regalado la libertad a su esposo.

La chispa literaria se había encendido. Supe que iba a escribir sobre la esclavitud y que el perfil de mi protagonista respondería al de aquella valiente y esforzada mujer. Y me preguntaba si en la España colonial del XIX habrían tenido lugar episodios similares…  

¿Cuánto tiempo te llevó la fase de documentación? ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste?

Inicié la documentación en fuentes reunionesas y africanas con idea de continuarla en España pero, una vez aquí me di de bruces con la realidad. Nuestra historia apenas menta la esclavitud colonial y, lo que en el ultramar francés constituye un valioso corpus de relatos, recopilados y compartidos, en el contexto esclavista peninsular permanece velado. Así pues, centré mi investigación en la Cuba del siglo XIX, foco esclavista por excelencia del tabaco, del cacao y sobre todo de Su Majestad el Azúcar. 

Viajé a La Habana en varias ocasiones a lo largo de 5 años. Los archivos y bibliotecas de La Habana me ofrecían un excelente anclaje histórico y sociológico, por lo que decidí ambientar la novela en los años anteriores e inmediatamente posteriores a la Ley que ordena el cese del estado de esclavitud en la Isla de Cuba (1880), un tiempo en el que Real Villa, pese a que la Isla estuvo involucrada en dos guerras contra España, disfrutaba la mayor de las opulencias.

Con el telón de fondo de una metrópoli bulliciosa, poblada de militares, gallegos buscavidas, nobles españoles, acaudaladas familias criollas y esclavos africanos y chinos, mi intención era dar con un espacio recoleto donde recrear la vida cotidiana de amos y siervos; un contexto familiar que ayudase a exponer aspectos poco conocidos de la esclavitud. Y lo encontré en la calle Amargura, la arteria que une la Plaza de San Francisco con la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje. No en vano ya en 1857, el escritor José María de la Torre la había descrito en Lo que fuimos y lo que somos o La Habana antigua y moderna: “Llámase así porque, en la cuaresma, salía todas las tardes de la Tercera Orden de San Francisco, una Pasión que iba por esa calle hasta la iglesia del Cristo, que era el Humilladero (…) a imitación de la Vía Crucis, de Jerusalén, que se llamó de la Amargura.” Por tanto, instalé a mis personajes en una elegante casona de tan distinguida calle.

Lo más anecdótico fue la ausencia de documentación sobre el particular en territorio español y, por supuesto, dar con el episodio de los 1744 gallegos esclavizados en Cuba por otro gallego, un político orensano llamado Urbano Feyjóo Sotomayor.


Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

En el marco temporal que abarca Una casa en Amargura la trata de esclavos ya estaba prohibida, pero los dos mil ingenios azucareros de la Isla, pese a estar parcialmente mecanizados, seguían precisando brazos. De ahí que los puertos cubanos aceptasen sin reparos la descarga ilegal de cautivos procedentes de África y que docenas de buques ingleses patrullasen el océano con ánimo de impedir la trata.

Eso exactamente tuvo que sufrir Misterio, la protagonista de Una casa en Amargura, había llegado a Cuba en una nave presa por ingleses, por lo que la despacharon diciéndole que era emancipada y el Gobierno colonial se ocupó de alquilarla como planchadora a diferentes amos los cuales, uno tras otro, le fueron cambiando el nombre. Cinco amos, cinco nombres. Por eso Misterio tenía problema de papel. 

La conocemos intentando solucionar el asunto de sus documentos en el estudio de un Síndico que atiende reclamaciones de esclavos en su propia casa. Una curiosa peripecia hace que el caballero se fije en los modales de la emancipada y le proponga quedarse en Amargura para meter en vereda a Dulce Elena, su asilvestrada hija. Misterio acepta el trabajo y a partir de ese momento su vida discurre de maravilla: desde el amanecer hasta después del mediodía es sobresaliente cuidandera de niña blanca, las tardes se le escurren planchando ropa pafuera en el ventanuco del cuarto donde pernocta y, llegada la madrugada, completa su economía en la zona de planchado del tren de lavado del chino Xing. Una delicia de jornada, sí señor, como para dar gracias a Dios.

Pero Misterio fallece y sus allegados descubren que les ha dejado una encomienda: Su amiga pide la presencia de cinco personas, dos de ellas totalmente desconocidas, en la apertura de su testamento y ellos tendrán que localizarlas. La búsqueda desvelará muchos secretos sorprendentes.

¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Porque a partir de una muy ágil y entretenida trama novelística centrada en un suceso inesperado, una encomienda póstuma y un extraño testamento el lector se sumerge en la desconocida historia de la Cuba colonial, descubre los hábitos de la vida cotidiana en las grandes casonas habaneras y se asombra ante las curiosas relaciones entre amos y esclavos en una Isla que, por aquel entonces, era española.

Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

¡Cómo no! Aquí os dejo un fragmento del cap. 3. La narradora es la hija del Síndico, Dulce Elena, una niña criolla que nos habla de su esclavo. Se titula “Ulises Horacio, mi muleque”

“En La Habana, cuando la que ahora les habla era niña chica, es decir a finales de los años cincuenta, apenas acababa de nacer un niño blanco y ya sus padres le regalaban un negrito. Por eso casi todos los hijos de buena familia disponemos de un “muleque” para nuestro servicio personal y es habitual contemplar la estampa callejera de bellos negritos con guantes y librea de terciopelo colocando la banqueta a los pies de sus amos niños, para ayudarles a subir al coche, o de lindas “mulequitas” endomingadas que, cuando la familia va a la iglesia, caminan orgullosas dos pasos por delante de su amita llevando en sus manos la silla y la alfombra de la Niña. El mío también me lo regalaron cuando nací y atiende por Ulises Horacio, nombre que le puso mi mamá, gran amante de la literatura clásica.

Ulises y yo nunca nos hemos separado. Con solo nueve años ya se presentaba a sí mismo con un “Aquí llega Ulises Horasio, el muleque de Niña Duuulse”, siempre alargando la u. Él y no otro me acompañó cuando mis primeros pasos, soportó mis caprichos, consoló mis pataletas, recibió no pocos chancletazos y castigos por mi culpa, sufrió con mis caídas y lloró conmigo. Cuando me ponía enferma no se alejaba de mi lecho y pasaba las noches a los pies de mi cama, tumbado sobre el piso, “que así el negrito pué escuchá el respirá de la Niña”. Por más que me esfuerzo, no acierto a recordar un solo suceso importante de mi vida en el que él no haya estado a mi lado. 

Guardo el recuerdo amable de mi muleque intentando, tarde tras tarde, amenizar una siesta que yo me negaba tajantemente a realizar. Para no perturbar el descanso de mi padre en las horas de más calor Ulises me entretenía canturreando panalivios quejumbrosos que aprendía de las negras en la cocina, mientras yo, espatarrada en la hamaca que él mecía de a poquitos, coreaba bajito el estribillo de aquellos cantos de esclavos. Como había que tener cuidado de no hacer ruido, Ulises danzaba susurrándome al oído la letra del canto y mi baile se reducía a copiar sus movimientos desde la hamaca en una especie de tabla de gimnasia que acababa fatal porque me mondaba de risa. Por darme gusto, repetía los pasos del baile docenas de veces y acababa tirado por el piso de puro agotamiento. Al final entre los brincos, el bochorno de la hora y el runrún de la acunadera de mi hamaca, el que se quedaba profundamente dormido era él.

Lo que acabo de relatar no era nada comparado con nuestro divertimento favorito, que tenía lugar cuando mi muleque jugaba a imaginar que ya éramos grandes y por tanto él detentaba el puesto de calesero de la casa. Todo ufano, plantaba el banco a mis pies y me ayudaba a subir al quitrín con ceremonia y formalidad. Se pegaba la fatiga de colocarme bien sentadita en el pesebrón del coche, perfectamente instalada entre dos cojines azules con las iniciales de la familia bordadas en plata, mis pies descansando cómodamente sobre una banqueta que, a modo de escabel, disponía él mismo. Muy orgulloso, fingía conducir montando al paso nuestro caballo. Y chiflaba, como su padre, simulando con la boca el ruido del trote y el traqueteo del coche. Como si no hubiese hecho otra cosa en su vida, sostenía con elegancia los arreos plagados de adornos mientras me explicaba las reglas de un juego que yo debía respetar: el muleque aconsejaba a su dueña sujetarse bien a las argollas de marfil de las puertas pues las calles de La Habana estaban hechas una desgracia, abarrotaditas de baches, agujeros y desniveles, eso por no hablar de los muchos carruajes mal guiados. Sí, mal guiados, había que decirlo, por caleseros de poca monta, no como el de la casa de la Niña, sino de otros que, por no saber, cruzan las bestias en los pasajes sin atender chiflidos ni compartir los educados gestos de los cocheros de familias principales. 

— No te sientas intranquila, que ya Ulises guía suave. No se vaya a inquietar la Niña con taaanto vaivén. 

Siempre respetando la debida distancia de un doméstico con su amita, proseguía el fingido paseo y se explayaba en explicaciones sobre los lugares que transitábamos. Unas veces insinuaba que no mirase acá o allá pues la persona que íbamos a cruzar no era digna de mi cortesía, otras pronunciaba, de forma discreta y con la antelación suficiente para que yo preparase el saludo, “Gurriarán”, “Fernandina”, “Santovenia”, “Montesdeoca”, que se suponía eran los apellidos de los que paseaban por la calle, indicándome a quien debía corresponder con una mayor o menor inclinación de cabeza y, lo más importante, si la presencia de algún conocido iba a exigir de mi persona una ligera sonrisa, un insignificante movimiento de abanico o un saludo afectuoso.

Así y no de otro modo transcurrían nuestras tardes. Mi muleque, obligada presencia en mi infancia, era el compañero fiel y mi indispensable acompañamiento para salir a la calle. Porque mientras los muleques de otros niños se limitaban a ser negros chicos que seguían a sus traviesos amitos y, al cumplir los diez años, se convertían en pajes, escoltas o simplemente criados mandaderos, mi relación con Ulises Horacio adoptó desde el principio un cariz bien diferente; mi muleque fue primero un reverente y protector camarada de juegos, luego inseparable compañero de aprendizajes y más adelante un sobresaliente mozo de confianza, guardaespaldas riguroso y responsable de asistirme personalmente. Y es que Ulises ha sido, es y será mi confidente y mi mejor amigo.

A poco de yo cumplir los nueve años mi padre, que desde siempre fue socio del Liceo Artístico y Literario de La Habana y había sido excelente amigo de uno de sus fundadores, el periodista catalán Ramón Pintó, se empeñó en anotarme como hija de asociado para que yo asistiese a las actividades. El Liceo tenía como finalidad el fomento de la cultura, las letras y las bellas artes, y en sus cátedras colaboraban intelectuales, políticos influyentes y filántropos de la talla de José Morales Lemus, Rafael María Mendive, José de Imaz o Antonio Bachiller y Morales. Ofrecía cursos impartidos por los excelentes profesores como el pintor Federico Mialhe, que era director de la Academia de Bellas Artes, o el patólogo Julio Jacinto Le Riverand y organizaba entretenimientos culturales, conciertos, recitales de poesía, muestras de pintura, bailes… además concedía becas para estudios gratuitos a más de doscientos alumnos de familias blancas de buenas costumbres pero con escasos recursos. 

El Liceo tenía arrendada, en la calle Mercaderes, la parte noble de su palacio al marqués de Arcos y los cuartos altos a los señores Meert. Durante años asistí puntualmente a sus aulas porque como Mercaderes dista poco de Amargura, Ulises y yo teníamos permiso para ir a pie acompañados por Napoleón, pero la vuelta la hacíamos solos, gran aliciente para no faltar ni un día ya que caminar por la ciudad nos hacía sentir más que mayores. 

Cuando yo ingresé, el director era José Ramón Betancourt, escritor muy conocido; desde el primer día me encantaron sus clases y pronto me hice asidua en las actividades literarias, por eso me elegían para entregar ramos en coronaciones de poetas, juegos florales y obritas de teatro. Además, en cuanto los profesores supieron que me gustaba componer poemas elegíacos, propusieron mis versos para El Liceo de La Habana, publicación mezcla de gaceta y revistilla que admitía trabajos literarios de alumnos y asociados. 

Respecto a las materias, aconsejada por mi señor padre, optamos por las que él consideró más adecuadas para una señorita de mi condición, es decir, historia de la literatura, que me apasionaba, latín y canto, porque él me lo exigió, y dibujo paisajístico y declamación por capricho mío. 

Ulises, al contrario de otros muleques que desaprovechaban las horas jugando o dormitando a la sombra, me llevaba y permanecía en el exterior, a pie de muro, por lo que se entretenía escuchando el discurso de los profesores a través de las ventanas que, por el fuerte calor, solían estar de par en par. Siempre hacíamos parejo, yo entraba y él me esperaba fuera, pegado a la reja. Hasta una mañana que cayó en la cuenta de que si se colocaba en un lugar exacto, estratégicamente en ángulo con la puerta del aula de dibujo artístico, alcanzaba a ver y escuchar al mismo tiempo, es decir, prácticamente podía seguir la lección desde el patio, sentado en el suelo. Y eso fue lo que estuvo haciendo; sin que nadie se percatase y sin yo tener conocimiento, durante meses asistió desde el exterior a los cursos de dibujo de los mayores. 

Pero Dios sabe que todo llega a saberse en este mundo y la tarde que me preguntó, como de pasada, dónde él podría agenciarse “unos buenos crayones de color y algo de papel económico” yo descubrí su secreto. Y cuando inquirí para qué precisaba tales artículos, respondió todo intimidado:

— É un queré desí, Niña, que no me vendrían mal pa vé de dibujá algun cuadro.

— ¿Un cuadro? Pero… ¿tú sabes pintar?

— Algo empiesa a sabé el muleque… poquito, nomás.

Le pedí que me mostrase sus dibujos y al rato se presentó en la saleta con los brazos llenos. Traía un montón de bocetos hechos con carbón de cocina sobre pedazos de cartuchos de bodega que iba recolectando. Me asombró tanto la calidad de sus dibujos que corrí a decírselo a mi padre: ¡Ulises dibujaba de maravilla! Sus apuntes eran magníficos, de verdad, excelentes. Sería una pena no favorecerle para que pudiese desarrollar tan admirable capacidad. Mi emocionada insistencia debió resultar convincente, porque el caballero prometió resolver. Y resolvió, logrando que los profesores hiciesen la vista gorda ante la presencia de Ulises. 

Así fue como mi muleque asistió, de oyente, a las clases de dibujo y pintura en el Liceo Artístico y Literario de La Habana, desde el patio por supuesto, dado que el acceso estaba vetado a los de color. Por desgracia solo pudo aprovechar un curso, el último que funcionaron las aulas, porque en octubre del sesenta y ocho Carlos Manuel de Céspedes liberó la negrada de su ingenio en La Demajagua y, al grito de “¡Unidad, libertad, justicia e igualdad: blancos y negros, libres y esclavos!”, proclamó nuestra independencia y se alzó en armas contra España. 

Había estallado la Guerra Grande, que se iba a prolongar diez largos años. Y aunque en La Habana, gracias a Dios, no se sentía directamente la contienda porque la causa se peleaba en Oriente, criollos y españoles vivíamos en estado de perpetua confrontación. Las autoridades coloniales se pusieron bravas, prohibieron todas las reuniones culturales en la isla y las puertas de nuestro querido Liceo se cerraron, a la fuerza y para siempre.


viernes, 10 de junio de 2016

JUAN MANUEL GUILLÉN GONZÁLEZ-NOVO RESPONDE A NUESTRO CUESTIONARIO PARA AUTORES

1. Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores. 

JUAN MANUEL GUILLÉN GONZÁLEZ-NOVO nace en la Ávila en 1960.Permanece en Ávila hasta los 17 años, edad en la que ingresa por oposición en la Academia General Militar de Zaragoza. Hasta entonces, aprovecha la ingente monumentalidad de la ciudad para interesarse por la arquitectura, el arte y la historia que le rodea, sin duda influenciado por algunos magníficos profesores del Instituto donde cursó el bachillerato. 

En 1983, finaliza los estudios de oficial del Ejército obteniendo el primer puesto en su promoción y el premio fin de carrera; con el grado de Teniente del Cuerpo Superior de Intendencia, es destinado a Cartagena, monumento urbano en sí mismo. Entre esta ciudad y la de Granada, transcurre su vida militar ocupando varios destinos y responsabilidades.

En Granada compatibiliza el ejercicio de su carrera militar con los estudios de Ciencias Empresariales y Económicas en las Universidades de Granada y UNED. En esta ciudad aprende a escatimar tiempo al estudio y a su familia convirtiendo los cotidianos paseos en un ejercicio del creciente deleite que siente todo aquel que recorre sus calles y sus palacios castellanos o nazaríes. 

En 1994 es destinado a la zona de Bosnia-Herzegóvina como Capitán en el batallón español de cascos azules, donde permanece siete meses. Las innumerables conversaciones con los afectados por la guerra le proporcionan una óptica diferente de los hechos a lo que, contenidos en algunas líneas, páginas o capítulos, suele referirse la historia: la manera en que los ven los ojos de los que las sufren.

Actualmente, es Teniente Coronel de Intendencia del Ejército en situación de Reserva, desarrollando su actividad profesional como economista en el entorno de la consultoría de empresas tecnológicas.

2. ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Súbditos de un rey lejano.

3. Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

Las acciones de la novela se desarrollan entre los años 1716 a 1728 en distintos escenarios, aparentemente dispersos, pero en aquella época muy conectados entre sí. Cuatro amigos adolescentes reciben la instrucción escolar del párroco de la Villa de Pasaje de San Juan, en el Puerto de Pasajes, en Guipúzcoa. Tres de ellos querrán continuar con la profesión de sus antecesores: uno querrá construir los grandes navíos de guerra que allí se fabrican; otro comerciar con otros lugares y el tercero ser marino en la Armada del Rey. El cuarto, de condición más humilde, aspira al ascenso social que puede proporcionar el ingreso en los ejércitos reales.

La narración transcurre con el relato de los avatares de la juventud de los cuatro, en la que se unen personajes y situaciones sobre los fondos de los distintos hechos históricos que suceden entre 1716 y 1728: Campañas de Cerdeña y Sicilia, el asedio francés a Hondarribia, las penosas condiciones de las travesías del Atlántico, las dificultades de las rutas comerciales en las que cada negocio se convierte en una aventura y la exploración y la dureza de los presidios españoles en las fronteras americanas del norte de México. 

Aparte de querer reseñar cómo era la vida en esa época, pretendo mostrar los diferentes intereses que pueden mover a la persona a realizar acciones que entrañen riesgo, a asumir grandes esfuerzos para lograr los objetivos de cada uno. Una trama sencilla, de fácil lectura, engranará las diferentes situaciones, establecerá la relación entre los hechos históricos y amenizará la lectura.

4. ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Todavía no se ha publicado en formato digital alguno, aunque se prevé que en algunos meses se ponga a disposición de los interesados. La editorial es Dauro www.edicionesdauro.com.


5. Cuéntanos qué o quién te impulsó a escribir.

No lo tengo muy claro. Por un lado el deseo de compartir las emociones que producen los nuevos conocimientos, las nuevas experiencias. Otra causa podría ser la búsqueda de una nueva ilusión, de una meta personal.

6. ¿Qué sacrificaste o sacrificas a diario para poder escribir?

Para mí no representa un sacrificio. Mis hijos son mayores y apenas necesitan de mi tiempo. Mi mujer me apoya y eso me permite disfrutar enormemente de la investigación histórica y de la posterior escritura. Hace unos años habría sido impensable.

7. Háblanos de tus novelas de género histórico. Cuántas has escrito y dinos cuál te proporcionaron mayores satisfacciones.

Súbditos de un rey lejano es mi primera novela.

8. En la actualidad proliferan los encuentros literarios y certámenes en donde se habla del género histórico. ¿Has participado alguna vez en algunas jornadas de novela histórica? Si es así dinos cómo fue tu experiencia.

No, ni siquiera sabía de su existencia. He cometido el error de encerrarme demasiado en mí mismo y hasta ahora he estado desconectado de otros escritores. La causa es que, hasta que no he terminado la novela y la han leído algunas personas, no he sido consciente de que ésta podría ser publicada y tampoco de haber escrito algo “legible”. No me he llegado a considerar un escritor de novelas históricas, no, al menos, conscientemente.

9. ¿Y del ebook, qué opinas? 

Como a la mayoría de los lectores, me encanta pasar los dedos por las hojas, oír el ligero palmoteo del libro cuando se cierra y ver la estantería rebosante de lomos preciosos. El ebook terminará con esos placeres dentro de algunos años, pero proporcionará otros, similares y diferentes a las siguientes generaciones. En lo que a mí respecta, no me cierro al ebook pero, por ahora, prefiero pasar las hojas de papel.

10. Sigamos con tu experiencia como escritor/ra…cuéntanos qué técnicas o trucos usas para escribir tus novelas. ¿Eres de los/las que se documenta exhaustivamente, de los que lo tienen todo bien atado antes de escribir o prefieres la espontaneidad?

Me documento exhaustivamente, me moriría de vergüenza cometer un error y ese temor lo tengo casi permanentemente, dado que no soy ni historiador, ni lingüista; pero una vez que he empezado un capítulo, dejo a los personajes que se expresen con la frescura que se les antoje. Al fin y al cabo, yo no me he educado entre los muros de un convento…

11. Preséntanos a tus personajes preferidos. ¿De cuál de ellos te has enamorado?

De todos, incluido el “malo”. No siento especial preferencia por ninguno de los principales, pero reconozco un matiz: cuando me he querido dar cuenta, uno de ellos se estaba “comiendo” a los demás, estaba cobrando un protagonismo que yo no deseaba que tuviera. Son todos ellos personajes con mucha fuerza.

12. El autor no debe ser un ente solitario ¿Qué crees que puede hacer un escritor ante la crisis? Aconseja a los escritores noveles y si tu experiencia es amplia, también a los que no lo son.

Yo soy un escritor novel. Sólo me permito aconsejar una cosa que fue lo que me llevó a publicar mi novela: hay que ser imprudente. Sé que es una falta de respeto a los escritores consagrados, a los que saben escribir, pero sólo tenemos una vida y es tal el placer que produce escribir y poder tocar tu obra, que vale la pena asumir el riesgo de publicar algo imprudentemente. 

13. Quizás conozcas las actividades que llevamos realizando como Asociación Jornadas de Novela Histórica de Granada desde hace tiempo. ¿Qué te gustaría que hiciéramos por ti?

Me gustaría poder aprender de los que me han precedido y son escritores consagrados, de esos a los que he admirado en los escaparates y entre las hojas de las novelas. Me gustaría que me contaran lo que hay por delante en este camino que acabo de iniciar, lo bueno y lo desagradable. Me gustaría poder conversar con alguno de ellos.

14. Ha sido un placer contar contigo en este blog. Te deseamos mucha suerte pero antes de despedirte cuéntanos qué estás preparando ahora y qué proyectos tienes en mente.

Estoy leyendo sobre la historia del Imperio español y no tengo decidido el tema ni el escenario. Esta vorágine de la publicación de la novela me ha causado un parón que no esperaba.

JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

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