sábado, 20 de febrero de 2016

BLAS MALO PRESENTA "LOPE, LA FURIA DEL FÉNIX" EN GRANADA

En las Jornadas de Novela Histórica de Granada estamos de enhorabuena. Nuestro director, Blas Malo, publica nueva novela con Ediciones B. La obra se titula "LOPE, LA FURIA DEL FÉNIX" y estamos seguros de que será todo un éxito. 
La presentación en Granada, como podéis ver en la imagen, se celebrará el próximo día 11 de marzo a las 19:30 en la librería Babel. La presentación correrá a cargo del escritor Jaime García-Torres Entrala, muy vinculado a estas Jornadas. 
Os esperamos. 





Aquí tenéis algunos datos sobre el autor y su obra. 

Blas Malo (Alcázar de San Juan, Ciudad Real, 1977), de raíces jienenses y granadino de adopción, es ingeniero de caminos y un apasionado de la historia, a la que ha dedicado conferencias, presentaciones, jornadas y rutas literarias. Es también director de las Jornadas de Novela Histórica de Granada. 

En esta su cuarta novela nos adentra en el Siglo de Oro, con sus luces, excesos y sombras llenas de envidias y puñales a través de la juventud torrencial de un vividor y soldado, embustero y mujeriego, de un ser excepcional: Lope.

El esclavo de la Al-Hamrā, El Mármara en llamas y El señor de Castilla son sus anteriores novelas.

Para saber más sobre el autor y contactar con él:
blasmalopoyatos.com
lenegaron27.blogspot.com
facebook.com/blasmalopoyatos
twitter.com/blasmalop


PRÓLOGO DEL AUTOR

«¿Cuántas vidas puede vivir un hombre? Ser un ladrón, un embustero, un villano, un príncipe, un califa, un rey castellano; ser un hombre libre, un huido de la ley, un cómplice, un adúltero, un justiciero; un padre deshonesto, un fugaz amante, un pecador irredento. Un buen hombre, un defensor del desvalido, un piadoso cristiano. Un sinvergüenza. Porque todas estas vidas, y más, fue Félix Lope de Vega y Carpio, inabarcable fenómeno de la naturaleza, que un día me embaucó para escribir estas palabras. Que ahora son tuyas, lector.»

SINOPSIS

LISBOA, 1588. La Gran Armada parte a la conquista de Inglaterra. Honor, gloria, botín y redención son ansiados por nobles, soldados de tercios y aventureros, por gentes patriotas y prófugos a la ley, y entre ellos, a bordo del “San Juan”, se embarca un joven fogoso y disoluto, atormentado por las musas y las pasiones de las letras.

«No os cuento esto por otros, sino lo que sé por mí mismo. Dejad que os hable de Lope, de su espada y de la armada, de sus amoríos escandalosos, de sus galopadas en la noche. Dejad que os hable de sus idas y venidas, de sus bastardos, de sus ansias de fama, y también de sus mentiras. ¿No llenaréis otra vez mi copa?

Dejad que os hable de las envidias. De los teatros de la corte, de las rencillas entre escritores, de la triste España de nuestro rey Felipe, del desastre de las finanzas. De las cuchilladas y duelos a espada, de sangre y honor, de manuscritos y de impresores. De las tertulias literarias, de ajusticiamiento de poetas, de corrupción, de nobles y damas, de lances de honor. Que os hable de Valencia, de Madrid, de Sevilla del Siglo de Oro, de Granada de los Mendoza, de la Alhambra. De la gloria del teatro y del aplauso del público. 

Dejad que os hable de Lope y de su ansia de vivir y de su temor a la soledad y al olvido. Y de sus muchas miserias. ¿No merece mi relato más vino? Y después, juzgad si tenéis razón o no para envidiarle.”

CLAUDIO CONDE





domingo, 14 de febrero de 2016

VISTA PANORAMICA DESDE LA CATEDRAL



En torno a 1885.

No tenía motivo alguno la ciudad que apuraba a penas la última quincena del siglo XIX para lamentarse de que la fotografía no la abrazase aún desde una altura tan elevada como lo harían, en el inminente siglo, los primeros vuelos a motor. Para un efecto visual parecido, mucho más castizo y acomodado a los medios tradicionales, contaba por entonces, como hoy en día, con uno de los flancos de la torre de su catedral que, sin aparecer, cedía de todo el aparato de su mole cúbica solamente un ingrávido punto de mira para presentarnos, verídica y serenamente desplegada, la cara que, tal cual, presentaba Granada por aquellos años a los ojos de quienes podían vivirla y verla impresa sobre el fondo de su acuoso cristalino. Y, como un feliz remedo de este proceso natural de la visión humana, antes de que llegaran las maravillas de la aeronáutica a espantar esta plácida quietud provinciana, precisamente sobre la superficie de un frágil cristal de siete por siete centímetros, la firma parisina J. Lévy y Cía. plasmaba con una nitidez, pureza y claridad casi naturales la obsequiosa vista de este inopinado mirador a través de un límpido filtro que, trocándolo por otro soporte más consistente y opaco, nos hubiera mostrado sucio, ajado y maltratado el motivo tan realista de esta luminosa instantánea. Así que no huelga en el caso presente guardar esta consideración hacia lo que, por puro evidente, parece que no lo fuera, cuando, además de reconocer y agradecer esta diáfana claridad de los cristales, una somera alusión a la propia técnica fotográfica nos permite datar la edición de ejemplares como éste, entre los años 1872 y 1895, periodo en que desarrolló su actividad comercial la sociedad denominada bajo la rúbrica de Isaac George Lévy. De de las cuatro secciones a las que obligaría cada una de las caras de la torre donde apostó su trípode el equipo de desconocidos fotógrafos franceses, ésta, aun dejando a la ciudad huérfana de su más conocida enseña, la muestra con el acabalado desarreglo de los edificios menudos y prietos, bien estibados entre los de mayor y recta envergadura, como monasterios y conventos, únicos con licencia y privilegio de sobrepasar y culminar por lo alto su recia y firme fábrica con el exorno de cúpulas, pináculos, alguna linterna y, por entonces, desmochadas ya sin remisión las torres tras las desamortizaciones, las muy modestas y seráficas espadañas. A contrapunto de este profuso y abigarrado caserío, urdimbre aparentemente intacta heredada de otra época, la lisura y el terso relieve de la Sierra dejan con la suntuosidad de un manto plegado el fondo desnudo y sobrio de la Naturaleza que también adelanta en un entrepaño del decorado los tupidos cultivos y crecidas arboledas que acaparan las alturas más próximas a Granada y todo el seno del valle del Genil. Pero para perdernos y asomarnos desde esta altura de la catedral a lo que más atrapa y merece una mirada más detenida, tenemos en primer término los aledaños de la que primero sería calle de Méndez Núñez y, después y definitivamente, calle Reyes Católicos, muy perfilada en su parte trasera, con buena parte de la feligresía de San Matías, esquinada y expuesta a la indiscreta vista de sus recoletas huertas, patios y patinillos, hasta el barrio del Realejo, a una distancia respetuosa, que lo hace más señero y presentable alrededor del inhóspito monasterio de Santa Cruz, hoy sede de su extinta parroquia. Como hemos visto en otras imágenes que, como ésta, no engañan ni permiten una vaga sugestión de lo que nos puedan decir idealmente aquellos años entorno a 1885, el mayor deleite estriba en lo que ni siquiera imagináramos como propio de una ciudad: la sobriedad de las fachadas blanqueadas y las cubiertas de tejas que, sin otro aliño foráneo y en una promiscuidad lujuriante, nos presenta el centro urbano en un pellejo viejo, casi pueblerino, pero en modo alguno caduco sino bien enjalbegado y aseado. Desde luego que ninguno de estos últimos adjetivos suponen desdoro alguno cuando en una demostración tan palpable y directa como esta nos damos de bruces con lo que fue en cuerpo y alma pasajera el encanto de nuestra ciudad tal y como llegó a ser captado por la cámara. Anterior a la época en que otros conceptos urbanísticos y formas de construir irrumpieron y mermaron, descabalándolo, este aire inconsútil de lo provinciano y el adecentamiento antiguos, no nos decepciona lo que vemos con los mismos ojos que lo verían nuestros antepasados. En 1885, el año negro de recientes inundaciones en el Darro, con la secuela de una terrible epidemia de cólera morbo, los recuerdos recientes de los terremotos acaecidos en las últimas navidades, las noticias en sordina de la muerte prematura del rey, enfermo tuberculoso que vería convaleciente esa misma luz lánguida y otoñal desde uno de los cármenes de don Julio Quesada, no desacuerdan con el sino de una ciudad a donde llegaría todo amortiguado por la angostura de sus callejas y la quietud de esos patios. En reuniones y tenidas, como las que nos llegan a través de las páginas de diarios y obras de más fuste, bramarían como un mar de fondo las amenazas para imponer un fin a esta época de letargo. Pero como dichosamente se encabalgan en una misma edad diferentes y contradictorias sensibilidades tenemos para nuestra elección la que más guste de cada una de ellas y el pasado, como vemos en esta fotografía, se arrastraba aún muy lento por nuestra apartada y silenciosa ciudad.

Dídimo Ferrer



lunes, 8 de febrero de 2016

MIGUEL MERINO RIVAS NOS RESEÑA SU NOVELA: EL ENVIADO DE CRONOS. PUERTA A LA HÉLADE.

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA… MIGUEL MERINO RIVAS

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores. 

Me llamo Miguel Merino Rivas y nací en Granada en 1968. Terminé mis estudios de Arquitectura Técnica en 1993. De mi trayectoria profesional podría decir que he colaborado con varios estudios de arquitectura y empresas constructoras, repartidas por toda la geografía andaluza, desarrollando proyectos de diversa envergadura de los que destaco algunos edificios singulares. Actualmente estoy colaborando con un estudio de Madrid en la construcción de un hospital en Granada. Soy un apasionado de la historia antigua y ferviente admirador de los grandes estadistas clásicos, a la vez que me considero un aprendiz de arqueólogo, profesión a la que admiro desde la distancia. Fotógrafo amateur, he publicado varios libros de fotografía, entre ellos “Thefractaliustecnique”, “Un año contigo, a tu lado” y “Lo que hay es lo que ves”. En 2011 comienzo mi andadura en las letras quedando finalista en varios certámenes de relato corto con títulos como “El ingenio Pickard”, “El portador de luz” o “La risa de Tut”. También destaco entre mis obras “Cartas desde el alma”, “El Appaloosa Club”, “El ocaso Nazarí” y “Única y espacial”, además de una amplia colección de microrrelatos. 


2) ¿Cómo se llama tu nueva novela? 

Mi novela se titula, “El enviado de Cronos. Puerta a la Hélade” Es el primer volumen de una trilogía enmarcada en el mundo clásico griego. Le seguirán “Puerta a Persia” y “Puerta a la India”. 

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella. 

En el año 2027 el laboratorio experimental de partículas CERN con sede en Ginebra, consigue crear una puerta dimensional capaz de interactuar en el espacio-tiempo. El protagonista de la novela es el elegido para viajar al pasado, concretamente al año 338 a.C. e investigar todo lo concerniente a la vida de Alejandro Magno, su subida al trono en Grecia, sus conquistas en Persia y la India y su muerte, aunque el fin último de tamaña expedición es saber donde será enterrado el macedonio, pues junto con el Santo Grial, la Atlántida y el Arca de la Alianza, la tumba de Alejandro es uno de los misterios pendientes por resolver por la arqueología moderna.

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas. 

Se ha publicado en ambos soportes con la editorial “Esdrújula Ediciones”, con sede en Granada, a la que siempre agradeceré la confianza que ha puesto en mí y en mi novela. (www.esdrujula.es)

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido. 

Mi novela está repleta de personajes apasionantes, algunos ficticios y otros no. Reconozco que hay dos que sobresalen del resto. Uno de ellos es Alcibíades, arqueólogo de profesión y especialista en el mundo antiguo. Es joven e intrépido. Está obsesionado con hallar algún indicio sobre el paradero de la tumba de Alejandro Magno y no cejará en su empeño hasta encontrarlo. Algunos familiares y amigos han querido ver en Alcibíades a mí mismo, lo cual no deja de sorprenderme y a la vez halagarme. El otro personaje que destacaría es ni más ni menos que Alejandro, el cual no necesita presentación pues todos sabemos en mayor o menor medida de sus logros.

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia? 

Me gusta la historia y me apasiona la arqueología. ¿Por qué no fundir ambas ciencias utilizando como vehículo una novela? Considero que la culpa de todo la tiene mi hijo, al cual he tratado de dar respuesta con mi libro a todas las cuestiones que me ha ido planteando durante años sobre la vida de Alejandro Magno. El me inspiró en la idea de viajar en el tiempo, insertando a un personaje de nuestro presente en aquellos tumultuosos años.


7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla? 

Efectivamente es una tarea ardua. Es un trabajo de meses de estudio. Mis novelas preferidas son aquellas que además de entretenerme me aportan saber, que son capaces de enseñarme algo. Esto mismo he tratado de hacer con “El enviado de Cronos”. He procurado que sea entretenida para al lector y a la vez didáctica. Para ello la documentación rigurosa es crucial. Con los medios que disponemos en la actualidad, como internet, foros, prensa, etc., se pueden hacer grandes cosas, pero también se pueden cometer grandes meteduras de pata. Por ello es crucial una buena documentación y un correcto cotejado de datos. En realidad, todo ello te lleva más tiempo que la escritura de la novela en sí.

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación? 

Sin duda, el conocer de forma más directa a decenas de personajes de la época. Me ha encantado saber de Filipo II, Aristóteles, Olimpia de Epiro, Demóstenes o Diógenes, por poner algunos ejemplos, a los que he tenido que dotar de diálogos creíbles e insertarlos de forma coherente dentro de la novela siendo lo más respetuoso posible con las costumbres y sociedad de entonces. Por otro lado, no deja de ser apasionante el saber de todas esas hipótesis sobre los viajes en el tiempo, sus bases científicas y las teorías en las que se basan.

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída? 

El viaje en el tiempo es un recurso muy atractivo para cualquier lector. Si además a éste le gusta la historia, la acción y quiere saber sobre la repercusión helena en tierras de Asia y todo lo que aquellos hechos históricos trajeron consigo, ésta es su novela sin duda.

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

Por supuesto…

BABILONIA, PRIMAVERA DE 323 A.C. 

«Vivir con la gloria o morir con ella es el destino del valiente.» 

SÓFOCLES

…Una mañana, al despertar, el rey ordenó a los superiores de la tropa, aquellos macedonios y griegos pertenecientes a la nobleza más distinguida, que se reunieran en el patio central y fuera llevado ante ellos para darles las últimas consignas. Mientras, los de menor rango tuvimos que esperar en el exterior tras las gigantescas puertas de madera maciza de cedro de Líbano. Gritamos y golpeamos las hojas con insistentes aldabonazos y pedimos a voces a nuestros compañeros que nos dejaran entrar en el palacio. Queríamos verle pues nos temí- amos lo peor. Fue Tolomeo el que bajó por la inmensa escalinata y nos rogó que guardásemos silencio mientras ordenaba a los centinelas abrir aquellas pesadas puertas para dejarnos pasar y ver a nuestro rey postrado en su lecho, extinguiéndose y tiritando como esa nieve desvalida cuando se acerca el verano. Una vez que entramos con el más absoluto de los respetos, Alejandro nos saludó a cada uno de nosotros con sus extraños ojos y una débil sonrisa ya que para entonces había perdido la voz. Quizá podía emitir un débil susurro, pues momentos después, con un hilo de vida, pidió que su cuerpo fuera trasladado a la bella Alejandría y ofrecido al Dios Amón. Muchos de nosotros nos arrojamos al suelo entre sollozos. Nosotros que fuimos sus compañeros de mil aventuras, los hombres de hierro que habían domado grandes ríos como el Nilo, el Tigris, el Éufrates y el Indo. Valerosos hombres en el campo de batalla, derrotados al ver a su amado rey consumido por una vil enfermedad. Por primera vez en mi vida pude ver al más grande claudicar e hincar la rodilla. Más tarde pidió a su ayudante de cámara que le quitase el anillo de regente. Este se arrodilló junto a él e hizo lo que se le ordenó. Un silencio espeso se cernió sobre todos, recorriendo cada rincón de nuestra alma. Vi a la muerte, una vez más, erguida en su famélica montura, vestida con sus apestosos harapos, paseando entre todos nosotros sin dejar de sonreír, señalando y haciéndome ver quien debía acompañarle ese aciago día. El anillo entonces fue depositado suavemente en la palma de su mano. Lo apretó con fuerza y paseó su mirada entre todos sus fieles generales, sus inseparables compañeros, hasta que encontró a Pérdicas, su comandante de caballería y guardaespaldas personal de mayor confianza. Le tendió el brazo tembloroso y aquel se postró y le besó la mano, sin conseguir articular palabra. El rey dibujó una fugaz sonrisa en sus labios y, asiendo el dedo anular de su derecha, le colocó el anillo de regente entre sacudidas incontrolables de su ya débil cuerpo. El resto de compañeros se abalanzaron al instante sobre él y le preguntaron atropelladamente: 

—¿A quién pretendes legar el imperio, oh Alejandro? —dijo Crátero finalmente. Y él, después de una larga pausa, haciendo un enorme esfuerzo, abrió sus ojos, suspiró y respondió con un exánime susurro: 

—Al más digno…9 —respiró entonces un par de veces y tomó fuerzas para despedirse— Ya me imagino… lo ostentoso que será el funeral en mi honor... Finalmente Pérdicas le preguntó cuándo quería que se le ofrecieran los honores divinos y él contestó: —Solo… cuando seáis felices… tras lo cual expiró lanzando un largo suspiro. Estas fueron las últimas palabras del más grande entre todos los hombres de la tierra. Las últimas palabras de un rey, de una gran persona, de un dios. En ese momento, todos los hetairoi nos arrodillamos como uno solo, muchos sollozaban, otros se habían quedado sin habla y algunos salían de la estancia lanzando grandes alaridos reverberados por cada rincón de aquellas suntuosas salas de palacio. La mayoría apenas podíamos creernos lo sucedido y yo, de pie, compungido y desde un rincón, observaba incrédulo e impotente cómo la persona que más había admirado y querido en toda mi vida fallecía sin remedio. Solo el llanto desesperado de Roxana, arrodillada junto a su lecho, nos hacía volver con toda crueldad a la más atroz de las realidades. Con ambas manos se sujetaba el vientre mientras todo su cuerpo se sacudía, presa de grandes espasmos mezclados de un dolor inconsolable. Luego supimos que decidió vivir solamente por la criatura que llevaba en sus entrañas, por tener algo de aquel a quien tanto amaba, el hijo de Alejandro, el verdadero y legítimo heredero del trono. A los dos días encontraron a Leptina, su amante, desnuda con las muñecas abiertas sobre su lecho, desangrada, pálida como un día nuboso de nuestro invierno en Pella. Sisigambis, la reina madre, se dejó morir de inanición sentada de cara a la pared pues su vida ya carecía de sentido. Al año siguiente, Alejandro el Grande fue conducido en un majestuoso catafalco hacia la tierra de los faraones, donde quiso descansar para la eternidad, y me correspondió a mí entre otros el honor de acompañarlo, escoltándolo fielmente, como siempre había sido.

VERGINA, ANTIGUA EGAS, NORTE DE GRECIA, 29 DE OCTUBRE DE 2027 

«Hijo, búscate un reino que se iguale a tu grandeza, porque Macedonia es pequeña para ti.» 

FILIPO II

…-—Pues bien, díganme qué se les ofrece. Alcibíades tomó asiento con la esperanza de que aquella improvisada reunión terminase lo antes posible. 

—Mi nombre es Marie Girard y este es mi colega, el señor Bettega, Paolo Bettega. Dirigimos un proyecto de gran trascendencia y envergadura en el CERN o, lo que es lo mismo, en la Organización Europea de Investigación Nuclear. ¿Ha oído hablar del CERN, señor Vidal? —preguntó la mujer tras dar un largo sorbo a su café. 

—Claro que sí. No soy un experto en la materia pero estoy más o menos al corriente de qué se ocupa. 

—Mis colegas me reprochan que sea una persona demasiado directa y creo que, debido a las actuales circunstancias, su tiempo y el nuestro son de un incalculable valor, así que, si me lo permite, voy a ir al grano. 

—No sabe usted cuánto se lo agradezco, pero por favor llámeme Al. 

—De acuerdo, Al. Sabemos que usted es una eminencia en su profesión. O, si me lo permite, creemos, y no solo nosotros, que es la persona con mayores conocimientos sobre el mundo clásico. 

—Bueno, yo no diría tanto… Se hace lo que se puede. Reconozco que estoy entre los mejores pero no deben olvidar al profesor Steve Pope ni a Mario Schillaci, y no hablemos de Laura Singlenton que, a mi modesto entender, está unos escalones por encima de todos nosotros. 

—Ya, eso es cierto. En realidad somos conscientes de lo que nos dice pero independientemente de su magnífica trayectoria como arqueólogo, sabemos que se doctoró en Princeton con el máximo reconocimiento. Sabemos que sus descubrimientos han sido de lo mejor que se ha hecho en este último quinquenio. Conferencias por todo el planeta lo avalan, al igual que la gran cantidad de libros y artículos en revistas especializadas que ha publicado, todos referentes a la época clásica, tanto griega como romana. Y, para nuestro asombro, a pesar de su juventud. 

—Le agradezco enormemente los halagos pero no sé a dónde quiere llegar... Si se trata de financiar alguna excavación, los fondos serán recibidos como el agua de lluvia —miró hacia el cielo y sonrió. 

—Bueno, no va mal encaminado, Al —le contestó Marie—. Está bien, venimos a proponerle algo. Alcibíades sonrió encantado. Después de todo, parecía que el día había dado un vuelco a pesar de su mal comienzo. 

—Dígame. Soy todo oídos. 

—Estamos muy interesados en que nos ayude a encontrar la tumba de Alejandro Magno. Alcibíades dio un respingo. Por un momento creyó que estaba soñando. Dejó su taza de café sobre la mesa, cuidando de no derramarlo por el temblor de su mano, y echó su cuerpo hacia delante. Con la mirada perdida y la boca abierta, totalmente estupefacto, parecía haber entrado en una especie de trance. Pasados unos instantes de total silencio, balbuceó señalando a sus interlocutores. 

—¿Quieren… encontrar… la tumba… de Alejandro? 

—Así es. 

—¿Me están hablando en serio? ¿Son conscientes que eso es casi imposible? 

—Bueno, eso tendrá que decírnoslo usted si acepta nuestra propuesta. Alcibíades no podía dar crédito a lo que estaba escuchando. Se preguntó si no sería una broma de mal gusto y si, de un momento a otro, no iba a aparecer tras las cortinas un tipo muy sonriente con una cámara y un micrófono para hacerle una entrevista televisiva, como en esos infames concursos tan apreciados por el vulgo. Incrédulo, se levantó y comenzó a ir y venir por la estancia mesándose los cabellos con ambas manos. 

—¿No me estarán tomando el pelo? 

—En absoluto, señor Vidal —esta vez fue Paolo Bettega el que habló. —No recuerdo haber hablado más en serio en toda mi vida. Marie Girard se levantó de su asiento, apuró su café y sonrió. Sacó de su bolso una tarjeta en la que hizo unas rápidas anotaciones y la dejó sobre la mesa. Sabedora de que la situación había cambiado y que había tomado las riendas de la conversación, continuó tomando de forma rápida y concisa una serie de disposiciones similares a las órdenes que trasmitía a su equipo en el mismo CERN. —Aquí tiene un teléfono de contacto y la dirección de un hotel en Ginebra. Le cito dentro de dos días, Alcibíades Vidal, concretamente el próximo lunes a las siete de la tarde en la cafetería del mismo hotel para informarle debidamente de todo el proyecto. No se retrase pues solamente le esperaré diez minutos. Pasado ese tiempo, si no ha llegado daré por hecho que no le interesa trabajar con nosotros. Hasta aquí puedo hablar. Esperamos no haberle molestado y mucho menos haberle hecho perder el tiempo. Lo dejamos con su reciente descubrimiento y deseamos que sea algo importante. Muchas gracias y buenas tardes, señor Vidal. La profesora y su homólogo estrecharon fuertemente la mano al joven arqueólogo, que apenas pudo articular alguna palabra de despedida. Justo antes de desaparecer tras la lona, Alcibíades se revolvió y por fin pudo hablar. 

—¡Profesora Girard! ¿Puedo hacerle una última pregunta? —esta se volvió, deseosa de contestar lo que ya sabía y, sonriendo, conminó al arqueólogo a hablar. 

—Por supuesto que sí. 

—Hay arqueólogos de prestigio por todo el mundo, mucho mejor preparados que yo. Con una más que contrastada experiencia, llevan buscando a Alejandro prácticamente toda la vida y en sus bibliotecas no verá más libros que los habituales sobre el tema. ¿Entonces, por qué me han elegido a mí? Marie Girard suspiró lentamente, sonrió y, encogiéndose de hombros, le contestó resuelta y confiada: 

—Porque para nosotros usted es el mejor, es inteligente, intrépido y además joven, no como sus colegas. ¡Ah, la juventud, divino tesoro! -Dicho esto, se dirigió al coche que la llevaría de vuelta a la civilización. Alcibíades vio cómo los dos potentes automóviles arrancaban entre salpicones de barro. En su mano sostenía la tarjeta y no dejaba de pensar. De repente apareció Bernardo tras los pesados cortinajes. 

—Patrón rápido, tiene que ver esto. Creo ciertamente que nuestra suerte ha cambiado. Alcibíades se encaminó presto tras los pasos de su colega. Al entrar en el laboratorio, vio el ánfora protegida por una gran campana de policarbonato trasparente sobre una mesa de grandes dimensiones. Se hallaba en perfecto estado de conservación, sin aparente corrosión profunda y acababa de ser limpiada superficialmente. El recipiente medía unos ciento veinte centímetros de altura por un metro en su parte más ancha. tanto la base como la boca se estrechaban ligeramente. Estaba tapada por una gruesa lámina de plomo tosca y mal rematada, sin ningún tipo de inscripción o dibujo que delatara nada de su interior. Pero lo que más llamaba la atención era su aspecto sencillo, aunque en sus laterales se podía distinguir la famosa estrella Argéada. Alcibíades creyó por un momento estar soñando. Sin duda se trataba de un descubrimiento relevante. Por su sencillez sabía que no contenía los restos de un personaje de importancia, pero aquello le producía cierta inquietud. 

—¡Una estrella Argéada, símbolo de la realeza Macedonia! —dijo, presa de un gran nerviosismo. —¿Cuántas puntas tiene? ¡Por Dios, que alguien me diga cuántas puntas tiene! 

—¡Dieciséis, profesor! —exclamó una voz femenina desde el fondo— ¡Es sin duda un hermoso Sol de Vergina!

—¡Qué demonios! Al llegar a la altura de la urna se detuvo para observarla detenidamente. Comenzó a rodearla muy lentamente, como un tigre a su presa, estudiando el momento de actuar mientras su cerebro procesaba toda la información que podía captar. El paso del tiempo y la humedad le daban un aspecto azul verdoso y se veía que necesitaba un largo proceso de limpieza. Su decoración rayaba el minimalismo, lo que no dejaba de ser una sorpresa tratándose de un enterramiento real, como todos los indicios apuntaban. Una diminuta guirnalda decoraba el borde de la boca, rematada esta por la lámina de plomo. —¿Cuánto pesa? —preguntó el arqueólogo sin apartar la mirada del recipiente. 

—Calculo que unos trescientos kilos. 

—¿Tanto? Esto no me cuadra… —musitó mirando a Bernardo con aire desconfiado— Demasiado peso… —Ten en cuenta que es de bronce, Al —apuntó él. 

—Lo sé, pero a pesar de ello es extraño. Una urna tan grande, con la estrella Argéada, símbolo de la realeza grabada en la panza, de bronce y luego esa tosca tapa de plomo a modo de cierre… Parece como si el enterramiento se hubiese hecho con prisa o por alguien poco ducho en estos menesteres. A ningún miembro de la realeza, por muy humilde que fuera, se le enterraría así. Sinceramente, Bernardo, no lo comprendo. 

—¿Cuándo tienes pensado abrirla? —preguntó el capataz. 

—Dentro de unos días. Mañana mismo salgo de viaje a Ginebra. Vosotros seguid trabajando hasta nuevo aviso. Quiero que te encargues personalmente de la limpieza, recogida de datos, catalogación, fotografía y dibujos de todo lo que rodea el nuevo descubrimiento. Quiero que las condiciones de luz y humedad sean las idóneas hasta que las autoridades griegas se hagan cargo del hallazgo. No quiero descuido ni fallo alguno. Y quiero vigilancia in situ las veinticuatro horas del día. ¿Lo has entendido? A mi regreso abriremos la urna. 

—Sí, patrón, como usted diga, pero… ¿cuándo volverá? 

—Tres o cuatro días a lo sumo. Creo que la suerte nos sonríe por fin, querido Bernardo.





domingo, 31 de enero de 2016

JOSÉ SOTO CHICA ENTREVISTADO EN RNE

Hoy compartimos con vosotros la entrevista que RNE le ha hecho al escritor e investigador granadino José Soto Chica. El autor participó como ponente en las III Jornadas de Novela Histórica de Granada. Esperamos que la disfrutéis.

Para escucharla tenéis que pinchar en el siguiente enlace y reproducir el archivo de audio. 

domingo, 24 de enero de 2016

ANDRÉS NADAL NOS RESEÑA SU NOVELA: LA LEGIÓN DE LOS JUSTOS

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA… ANDRÉS NADAL

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Me licencié en Historia con algunos de los nombres más insignes. Aunque no haya heredado de ellos su talento, sí que me transmitieron su pasión por el pasado. Mi especialidad es el mundo clásico junto a la Historia de Israel, cuya religión he estudiado.
Me dedico profesionalmente a escribir y a enseñar a hacerlo. Mi especialidad es la estructura de la novela.

2) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

La legión de los justos.

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

El tema central es la amistad en todas sus formas, aunque en castellano no tengamos nombres para designarlas. La solidaridad es la solución a las grandes crisis.

Se desarrolla en el año 66, en la primera parte de la primera guerra de los judíos contra Roma, cuando Nerón había convertido el Imperio en el territorio de la corrupción, donde los abusos bancarios llevaban a la gente al desahucio, las grandes obras públicas innecesarias habían destrozado la economía y se había devaluado la moneda de forma encubierta, lo que era una gran estafa para todos los ciudadanos. Cualquier parecido con la actualidad es pura coincidencia. O no.

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Se ha publicado en Ediciones Perímetro, una pequeña editorial andaluza muy revolucionaria después de pasar por un largo suplicio en editoriales muy conocidas en las que tengo amigos, que afortunadamente acabaron rechazándola por razones de las que me siento orgulloso. 


Web de la editorial: http://perimetro.es

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Una novela tiene dos personajes con los que nos podemos encariñar: el personaje principal, que forma parte de la historia subjetiva, y el protagonista, que forma parte de la historia objetiva. El personaje principal es aquel con el que se identifica el lector. El protagonista es el que mueve la acción. 

En este caso el personaje principal es Quinto, un adolescente apasionado por la lectura y por las mujeres, que recuerda todo lo que lee pero que ha olvidado su propio pasado. El protagonista es Máximo Mela, un centurión de la Bética destinado a Antioquía, que recibe la orden de detener la guerra de los judíos antes de que se produzca. 

Un personaje que me resulta muy interesante es Sexto, que simboliza la sociedad o la humanidad. Es feo, pero es honrado, bueno y justo.

Durante la narración, el guapo centurión se enamora de una chica judía, con la que no se puede casar por varias razones. Ellos trenzan el hilo de una historia romántica. En paralelo, el adolescente Quinto establece una relación muy carnal con la reina Berenice, que después de la destrucción de Jerusalén acabará con Tito, que será emperador tras Vespasiano.


6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Estaba releyendo la “Guerra de los judíos”, de Flavio Josefo, cuando vi el funeral de un banquero por la televisión. Me recordó a Cercopiteco Paneroto, el banquero de Nerón. Como yo estaba angustiado por el propio banco, uní todos los puntos, como ese juego que los infantes trazan con un lápiz sobre puntos numerados, y me apareció un dibujo inesperado, escalofriante.

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Tardas muchos años en tener la documentación suficiente para hacer una novela histórica de calidad. No es necesario que seas un profesional de la Historia como Posteguillo, y eso lo demuestran autores como Falcones o Pérez-Reverte, que sin ser especialistas, documentan muy bien su obra.

Yo no la podría haber escrito si esos conocimientos no hubiesen formado parte de mi formación académica previa y si no los hubiese aumentado en décadas gracias a la pasión que siento por esa época. Sin todo eso no habría podido ofrecer una nueva visión al lector.

Ese es el mayor problema de la novela histórica: incorporar una gran cantidad de conocimientos sin que lastren el texto, perfectamente integrados en la narración literaria

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

La batalla de Beth Horon, equivalente a las Termópilas en términos de heroísmo, y el Rollo de Cobre y la Triaca de Mitrídates VI, que son subtramas de la novela.

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Esta novela no puede ser un bestseller por su ambición. Un éxito en ventas se basa en entretener y un poco en informar. Esta novela quiere entretener, informar y enseñar. Es una propuesta del autor acerca de cómo debemos encarar el desastre ético y social de la civilización en la que vivimos mirándonos en el espejo del pasado.

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 





miércoles, 13 de enero de 2016

TALLER DE NOVELA HISTÓRICA

Tras las vacaciones de Navidad, volvemos a la actividad en la Asociación de las Jornadas de Novela Histórica de Granada. Retomamos la tarea con grandes ideas y muchas ganas de trabajar en actividades que sean del agrado de todos. Para comenzar, gracias a la colaboración de la escritora Ana Morilla, ofrecemos un taller exprés de escritura centrado en novela histórica. En el cartel tenéis toda la información necesaria para inscribirse, así como la fecha y horario. 
Os animamos a participar...



martes, 8 de diciembre de 2015

LOS SECO DE LUCENA (3)

Un artículo de Helene Boland Seco de Lucena, descendiente familiar.

LUIS SECO DE LUCENA PAREDES

“Don Luis, catedrático. Don Luis, director de estas jornadas, Don Luis, conferenciante. Don Luis, multiplicado”*. Aunque parezca poco factible, le faltan aún más calificativos a Don Luis, pero pensándolo bien de cada una de estas palabras derivan las otras: el incansable investigador, el amante de la música, el buen amigo de sus amigos, por supuesto el profesor, esposo y padre de familia, y por último mi abuelo.



Nace en Granada justo al empezar el siglo, en 1901. Es hijo del famoso periodista con el que comparte nombre y apellidos y sobre todo, su ilusión por ver Granada propulsada a lo alto de la cima. La influencia de la fuerte personalidad paterna sobre el joven Luis se puede medir en su incursión en la prensa a sus 13 años, pues junto con unos amigos editan un semanario titulado La Libertad, en sus columnas como articulista en La Publicidad, en El Defensor, en la Gaceta de Sur en los años 1924-1925, y más adelante utilizándola como medio para su labor en pro de la defensa de Granada artística y la divulgación de lo que yo llamaría “su gran Obra”, su investigación sobre la historia política y cultural del Islam español. Es curioso el paralelismo que existe entre su propia vida y sus éxitos laborales basados en esa laboriosa investigación: dos enormes puzzles a los que en su debido momento se dispondrá a colocar una pieza tras otra hasta completarlos.

Al tener un carácter independiente se mostrará seguro al comunicarle a su padre, que veía en él un digno sucesor, su decisión muy joven aún, de lanzarse a por la cátedra de lengua árabe de Granada y es que al irse a preparar el doctorado a Madrid conoce a Ángel González Palencia, a Emilio García Gómez, a Menéndez Pidal, a Manuel Gómez Moreno y a Miguel Asis, siendo este último el que le va a dar sin saberlo, la clave que le abrirá la puerta de la investigación, al comentarle la presencia de documentos árabes tanto en conventos y monasterios granadinos como en la misma universidad. En su interior existe una clara inclinación hacia el estudio como reflejan sus excelentes calificaciones en el colegio, en la universidad, donde termina Filosofía y Letras con calificación de premio extraordinario (1923) y finalmente en sus estudios en Madrid culminando el doctorado con un sobresaliente (1941), redactando su Tesis doctoral “Ibn Hazm al-Andalusi: libro del Naqt al-Arús”, traducción española con notas y estudios. Pero antes de llegar a esta fecha, Luis va a ser profesor en Granada (1926) donde se le nombrará “profesor especial del Instituto”, y sucesivamente en Morón de la Frontera, enviado en comisión de servicios, en Jaén y finalmente volviendo a Granada al estallar la guerra impartiendo clases en el recién inaugurado Instituto femenino Ángel Ganivet. Paralelamente a su trabajo de profesor, fue funcionario del ministerio de Trabajo llevando a cabo las mediaciones en los problemas laborales que podían surgir en lo que se denominaba “los jurados mixtos”. Al terminar la contienda se entera por el Boletín Oficial del Estado, que la Alta Comisaría de Marruecos solicita un profesor que supiera hablar árabe y que asesorara en materia de enseñanza marroquí al alto comisario, y sin pensárselo dos veces se traslada por un periodo de 2 años a Tetuán. Sin embargo, sabe que su futuro está en Granada y en 1941 al quedarse vacante la plaza de cátedra de árabe de la universidad de Granada, se lanza a por ella mediante el riguroso proceso de las oposiciones, y finalmente cumple con el sueño de volver a su ciudad natal, ocupando ese puesto junto con el de la dirección de Escuela de Estudios Árabes, hasta su jubilación en 1971.



A lo largo y a lo ancho de todos los días que llenaron estos 30 años frente a su cátedra, el incansable Luis trabaja en el gran desafío que constituye sacar del olvido documentos llenos de polvo y nunca estudiados que representaban la raíz para el profundo conocimiento de una cultura que llegó a su apogeo en Granada, para finalmente dejarnos lo que tituló Cristóbal Torres Delgado “El profesor Seco de Lucena y su huella en la historia medieval”. Basta con consultar su bibliografía (que he recogido en lucenacenseblogspot.com) para darse cuenta de la envergadura de su obra. Gracias a ella conocemos por ejemplo, con certeza, la fecha de la batalla del Salado (revista Al-Andalus); también, aporta informaciones nuevas sobre las expediciones del Condestable Luna y de Juan Castilla II (Revista del Instituto Egipcio de Estudios); levanta el telón que oscurecía la información corrompida por el paso de los años acerca del verdadero nombre de la madre de Boabdil (Abu Abdallah Muhammad); sobre la poesía del occidente europeo (Orígenes del orientalismo literario), y el estudio de tres romances fronterizos publicados en el Bulletin Hispanique des annales de la faculté des lettres de Bordeaux (1959); y, deshace errores transmitidos de generación en generación acerca de las actuaciones y manejos políticos en la corte de los sultanes (Los Abencerrajes. Leyenda e Historia); La variedad de los lugares en la que publicaba el resultado de sus trabajos da una clara visión del reconocimiento del que gozaba, pero lo que de manera contundente aclara el deseo que albergaba Luis de llevar sus conocimientos a las cuatro esquinas del mundo, son sus repetidas y sonadas conferencias en lugares tan diversos como: Canadá, Inglaterra, Italia, Alemania, Francia, Marruecos, Suiza, Egipcio, y Rusia a la que no pudo acudir por sentir en el tren que lo conducía hacia allá, los primeros síntomas del cáncer que se lo llevó. También por el mismo motivo acudió a multitudes de ciudades españolas: Madrid, Valencia, Córdoba, Sevilla, Málaga, y por supuesto Granada, etc…



Sus viajes por el territorio español no sólo son debidas a sus conferencias, sino que también a las sesiones Hispano Musulmanas de las que fue director y se organizaron sucesivamente en Madrid, Córboba, Sevilla, Toledo, Granada, Valencia y Murcia. 

Sin lugar a duda todas estas actividades contribuyeron a la difusión de sus estudios, a facilitar el encuentro y la puesta en común de los resultados de la investigación llevada a cabo por los historiadores que en aquella época se dedicaban al estudio del Islam. Y por esa preocupación para que no se quedara su propia investigación y las del grupo de amigos que le rodea en el olvido, sino más bien todo lo contrario, buscando la posibilidad de reunir y contagiar a otros en sus investigaciones, lo lleva a fundar con el catedrático de lengua hebrea de la UGR la revista científica titulada “Miscelánea de Estudios Arabes y Hebraicos” de la que fue también director.

Lo curioso de su perspicaz personalidad se observa también mediante la lectura de los artículos que él escribía al regreso de sus viajes en el extranjero, como en dos ocasiones, una durante su viaje a Colonia y otro durante su viaje a Nueva York. Relata a su vuelta (1953) de Alemania la emoción que le causa haber avistado los destrozos de las ciudades que hubo de atravesar en su periplo con el fin de asistir al Congreso Orientalista de Bonn, siendo el único español invitado por la Sociedad Alemana de Estudios Orientales. Esclarece no obstante, que aquellos destrozos se localizan en las grandes ciudades y no en los pequeños pueblos como Zons, “que pasaron al lado de la hecatombe”. ¡Sin embargo y lo que más admira del pueblo alemán, es como en aquella Alemania 10 años después del final del conflicto mundial, con las cicatrices y mutilaciones a simple vista, existen seminarios de Estudios Orientales en la mayoría de sus universidades! De su viaje a Estados Unidos nos cuenta, entre otras cosas, un detalle que ocurrió durante su larga travesía, la exposición de un español en pleno océano Atlántico. En efecto, embarcó junto al matrimonio Seco de Lucena (Luis y María) el pintor García Iranzo y de forma totalmente espontánea, se organiza la exposición de sus obras a bordo del transatlántico. Sin lugar a duda le hierve la sangre del periodista que fue su padre, y aprovecha la ocasión para escribir unos curiosos y simpáticos artículos. También aprovechó sus veraneos en el pueblo de Los Bérchules en las Alpujarras para por una parte alabar la variedad de sus paisajes, la frescura de sus riachuelos, que contrastan con las ariscas montañas alternándose uno con otro, y por otra parte, la excesiva falta de comunicación que le impide dar salida a sus productos.

De su participación en congresos nacionales e internacionales le llegarán números premios y condecoraciones españolas y extranjeras como la que le concede el gobierno de la RAU (Repúblicas Árabes Unidas): la placa de oro de primera clase de la orden del Nilo, una de las más altas condecoraciones egipcias. Recibe también el premio Luis Vives en 1958 por sus méritos como investigador. Y el mismo año, recibe la beca de la fundación March que le otorga una ayuda de 50.000 pesetas para su investigación sobre la civilización hispano musulmana del siglo XV. Pero también se le premiará por parte del ministerio de Educación Nacional con la Encomienda de número de la Orden de Alfonso X el Sabio en 1964.

Él tuvo la inmensa suerte de atravesar, saliendo ileso, una guerra civil que mermó la Granada intelectual de aquella época y es importante encajar su obra con las dificultades y las limitaciones y presiones propias del régimen político durante el que desarrolló su actividad profesional. Por supuesto marcaron los límites a su investigación, sobre todo en la forma de tratar los temas elegidos de entre el legado de su padre. Y es que, dedicará horas y horas a clasificar la abundante correspondencia de su padre para poder llevar a cabo estudios y publicaciones como el que dedicó a José Zorrilla, a Isaac Albéniz o a Angel Ganivet, este último siendo el más profuso por la cantidad de información que poseía ya que fue amigo íntimo de su tío Paco, hermano de su padre. Difundió la obra de Ganivet, procurando dar las informaciones más fieles posibles, a través de unas conferencias que dio en el territorio español. Pero ahí no se quedaron sus esfuerzos ya que traspasó nuestras fronteras, y en 1967, en Roma, en el instituto español de lengua y literatura organiza otra conferencia aprovechando el centenario de su nacimiento. Se quedará con las ganas de realizar un estudio sobre el poeta García Lorca ya que la coyuntura política seguía siendo desfavorable, y es curioso cómo le seguía preguntando a sus hijos mayores a la hora de la comida, como el que no quiere la cosa, si el profesor de literatura le había hablado de García Lorca mientras interrumpía la lectura diaria de las poesías del poeta que daban “música” al almuerzo.














Dedicaba Luis sus ratos libres a sus amigos, a su familia, a su esposa, y a la música. Disfrutaría mucho al aceptar la secretaría del patronato Cátedra Manuel de Falla de la Universidad de Granada que ofrecía concierto en el aula magna de la facultad de medicina a partir del mes de noviembre. No sólo intentaba traer a Granada grandes orquestas sino que también promovió las mejoras en cuanto a las instalaciones como por ejemplo la adquisición de un piano de cola. Paralelamente a aquella misión es designado en 1954 miembro del Comité del III festival de música y danza de Granada, pasando en 1962 a ocupar el cargo de comisario del festival hasta el año 1970. Destacan de estos años su figura como propulsor de estos festivales culminando en su último año con una programación de la que destaca la de Andrés Segovia en el mismísimo patio de los leones de la Alhambra. Pero también es menester comentar la presencia e incorporación en la programación anual de los coros de la provincia, como los niños cantores de Guadix, en colaboración con la Orquesta Nacional. Y por último, pero no menos importante, cabe nombrar aquello que en este año 2015 cumplió su 46 aniversario: los cursos Manuel de Falla, última aportación de Luis Seco de Lucena al festival. En 1970 se inauguran con 30 becarios, críticos musicales y profesores de música, con una duración de 10 días.

Y ya llegamos al final de esta corta biografía pero queda aún un punto indispensable por recalcar ya que le ocuparía mucha parte de su tiempo, y sobre todo lo hizo como deber de cualquier granadino que se ve afligido por el continuo destrozo de la armonía arquitectural de la ciudad. Publica en los cuadernos de Artes de la UGR, un estudio en el que describe aquellos monumentos que han ido desapareciendo a lo largo de los siglos, incluyendo los últimos baños árabes del estropeado barrio de los Alfareros, en 1968, conocido por El Realejo. Publicó más de 30 artículos en la prensa exhortando a que se aplicara la ley con el fin de proteger y evitar que se perdiera para siempre el encanto y la armonía del paisaje granadino, dedicando varios de ellos a la Vega. Publicó con la Caja de Ahorros en cuaderno alabando los famosos Cármenes granadinos cuya denominación es intrínseca a las casas de esta ciudad.

Y para terminar con una anécdota hemos de remontar a 1986 en clase de español en un instituto de París donde la que os habla se quedó muda al ver agitar el libro de su abuelo en la mano de su profesora de español, que nos anunciaba, que esa era por entonces la mejor guía para acudir de turismo a Granada. Una guía que fue traducida a 4 idiomas y con varias reediciones. A esta guía añadiremos los libros de La Alhambra y del Albaicín que tuvieron también una gran acogida.



Luis fue, como el recién fallecido y alumno suyo Emilio de Santiago, o como sus amigos Domingo Sánchez Puerta, Jesús Bermúdez, Alfonso Gámir,…, lo que se denomina un “auténtico anfitrión” para realizar una visita deliciosa por la Alhambra y el Generalife. Por ello fue propuesto por Manuel Gómez Moreno y Leopoldo Torres Balbás (con el que mantenía una intensa correspondencia sobre temas alhambreños después de que dejara el cargo de arquitecto del monumento) como académico correspondiente de la Real Academia de la Historia de Madrid en 1959, (ya lo era de la de Bellas Artes de Granada desde 1951), cuando, para los granadinos, la Alhambra era nuestra segunda casa por la que paseábamos buscando duendes los fines de semana.




JORNADAS DE NOVELA HISTÓRICA DE GRANADA

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