martes, 9 de junio de 2015

PRESENTACIÓN DE “UNA GOTA DE ROCÍO” (EDITORIAL STELLA MARIS), DE MARÍA PILAR QUERALT DEL HIERRO. SEVILLA, 20 DE MAYO DE 2015

Una crónica de Blas Malo Poyatos.

Sevilla arde, desde Triana a Plaza Nueva, con treinta y cuatro grados a las siete de la tarde. Razón de más para buscar aire en la calle. Bien pudiera ser el mismo calor que sofocaba damas, abrasaba bostas, caldeaba adoquines y aceros y enervaba a nobles y a reyes siete siglos atrás. A un rey trastornado, en concreto. María Pilar Queralt del Hierro (Barcelona, 1954) llega puntual y derrocha simpatía y juventud, ya está en la entrada de la tienda FNAC frente a la catedral junto a Teo Palacios, escritor a quien saludo con efusión y con quien vamos a desgranar esta nueva obra de la autora barcelonesa. Me presentan a Juan María, uno de los editores de Stella Maris, la editorial que ha publicado “Una gota de rocío”, centrada en la figura histórica de la dama sevillana María Fernández Coronel.


Imaginemos Sevilla, siete siglos atrás. Alfonso Onceno busca alcanzar la fama de sus ancestros luchando contra los musulmanes nazaríes de Granada y meriníes de Fez, para dar fin a la Reconquista andaluza iniciada por Fernando Tercero el Santo, su bisabuelo. Pero el reino de Castilla está dividido entre quienes apoyan a la legítima reina María de Portugal y al heredero de la corona, el infante Pedro; y entre quienes hacen piña entorno a la amante Leonor de Guzmán y sus diez hijos bastardos del rey. Y entre esos hijos está Enrique. A la muerte del rey, se desata la guerra civil. La familia de María Fernández Coronel apoya en Sevilla a los Guzmanes, y ya con eso planea sobre ella la sombra del rey Pedro, que algunos tildarán de justiciero y otros de cruel.



La novela recrea de forma intimista la vida de María Fernández Coronel, de su familia, de sus hermanas, de su enlace, de cómo los pactos políticos afectan a la vida de las mujeres, haciéndolas viudas al primer revés de la fortuna o al cambio de signo en el rey Pedro. Un rey trastornado por el odio inculcado en él por su madre María de Portugal (quién acabará maldiciéndolo) y por su ayo Juan Alfonso de Alburquerque, señor de Medellín (quién intentará dar un golpe de estado), un odio que le hace ver enemigos por todas partes (y que además los tiene, porque no se hace querer precisamente entre los nobles) y una concupiscencia enfermiza que transforma Sevilla en su harén, de grado o a la fuerza. Y el don de María, su extrema belleza, se convierte en una maldición, al hacer frente a los deseos irrefrenables del rey Pedro, quien no duda en asaltar casas y conventos, en atacar a quien se le opone en las calles al amparo de la oscuridad y de su autoridad, a la hora de saciar sus apetitos. No le basta su esposa Blanca de Francia, de la que rehúye para asombro e indignación de embajadores y cortesanos; no le basta María de Padilla, su mejor compañera, amante y madre de sus tres hijas; no le basta Aldonza Coronel, violentada con prevaricación, ni Isabel, ni Juana… desea a María. Queralt consigue rodear su historia del halo de la opresión que debían sentir las damas, sometidas a los padres, maridos, hijos, y canjeadas según pactos de intereses para sobrevivir en la corte sevillana de los Reales Alcázares; comunicar al lector la angustia de quien se siente perseguida en su honra, de quien es acosada, de quien es traicionada, de quien huye por preservar su honor, su mayor tesoro de mujer, una valiosa gota de rocío, frágil y única que no puede repetirse una vez hollada en un mundo de hombres embrutecidos por la guerra. Y ni Dios es refugio ante la ira de un rey que no tolera que nadie le contradiga.



Al amparo de la historia comenta Queralt que, salvando la diferencia de siglos, son las mismas pasiones de hoy, en tiempos diferentes. Esa angustia por acoso sigue presente en nuestra era contemporánea, la mujer sigue sufriendo discriminación, indefensión y también agresión en un mundo que da al hombre la potestad de hacer y deshacer, y a la mujer la relega a un segundo ámbito. La novela se lee con avidez. Frente a la tendencia en la novela histórica de encuadrarla en un mundo violento lleno de batallas y espadas a través de cientos y cientos de páginas, ella ha construido una deliciosa armazón de reducidas páginas con una motivación: centrarse exclusivamente en lo que quiere contar. Concentrarlo todo en una gota única, después de descartar hojas y capítulos enteros en busca de una esencia clara, concentrada, olorosa. El mundo femenino, la historia desde ojos femeninos como nunca se cuenta, la vida interior tras las celosías sevillanas, es lo que nos ofrece este libro. Una gota en un mar, en la que cabe un mundo.

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