miércoles, 16 de julio de 2014

MELILLA, EN EL CORAZÓN

Un artículo de Miguel Ruiz de Almodóvar Sel



Si el destino hubiera cumplido sus reglas naturales, yo habría nacido en el norte de África, continente donde fui concebido por un capitán de aviación y una mujer de bandera, ex regidora cultural de la Sección Femenina en Málaga. La causa estaba clara, la costumbre entonces era nacer en casa de las abuelas maternas, y yo no fui una excepción. Ahora bien, una vez bautizado con las urgencias de antes, y por tanto cristiano, católico, apostólico y romano, regresé a Melilla a los pocos días de nacer, permaneciendo en esta casi por completo el primer año de mi vida, hasta que un ascenso inesperado y altamente añorado quebró mi rumbo vital, desgajándome para siempre y de raíz de aquel mi primer país, mi primer territorio de la infancia. Pasaron desde entonces más de cuarenta años y un largo pico, hasta mi feliz retorno hace unos veranos a lomos de un veloz y moderno “melillero”.

En el trayecto y a ratos la cabeza se me inundaba de anécdotas familiares relacionadas todas ellas con aquella estancia, que para mis padres lo sería de casi diez años. Sin embargo incluso las más queridas se vendrían literalmente abajo y se desmoronarían tras bajar del barco y pisar Melilla. De pronto y por fin todos aquellos recuerdos dejaron de serlo, suplidos con ventaja por una hermosa realidad que me anestesiaba por momentos. Un recibimiento inesperado ayudó a sentirme enseguida como en casa, el taxista confundido se empeñaba en conseguir mi autógrafo a la fuerza, creía transportaba a un visitante ilustre, actor cómico sudamericano, de largos bigotes y ojos achinados para más señas, me refiero a “Bigote Arrocet”. 

Una rápida y alocada carrera por el centro en busca del hospedaje contratado me bastó para darme cuenta del lugar donde estaba, una ciudad maravillosa, gracias a Dios, apenas maltratada, con sabor antiguo, mezcla de estilos equilibrados, habitada por un paisanaje variopinto, multirracial y claramente diferenciado, reflejo de la feliz y pacífica convivencia de tres clásicas religiones: musulmana, judía y cristiana. Una ciudad digna de ser visitada por todos, situada a 110 millas de Málaga, 140 de Orán y 150 de Tánger. Una ciudad abierta al Mediterráneo, bajo un cielo purísimo y en la amplia bahía oriental del Cabo Tres Forcas. Una ciudad, la Ciudad Autónoma de Melilla difícil de olvidar. Una ciudad, en fin de las más hermosas del Norte de África, y además, no lo olvidemos, netamente española.
Cartel ganador de las fiestas, realizado por Gabriel Ruiz de Almodovar Mateo

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