martes, 21 de octubre de 2014

FRANCISCO NÚÑEZ ROLDÁN NOS RESEÑA SU NOVELA: "EL CORAZÓN DEL CÓNDOR"



Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA…FRANCISCO NÚÑEZ ROLDÁN

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Madrileño, catedrático de Instituto, de inglés, recién jubilado y con domicilio desde hace muchos años en Sevilla. Autor de una docena de novelas, dos traducciones de poesía inglesa y dos ensayos históricos. Aficionado a viajar por mi cuenta, con mapa y brújula, a los castillos, al campo, las aves, el flamenco, el jazz y la música clásica, sobre todo Bach. Buen lector. Doy dinero por una buena conversación. Finalista del Ateneo de Sevilla, he ganado el Luis Berenguer, el Diablo Cojuelo de picaresca, el Ateneo de Valladolid, y el año pasado el Ciudad de Badajoz con Jaque al Peón. Mi última se llama El corazón del Cóndor, la edita Altera y estará en las librerías a primeros de octubre.
2) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

EL CORAZÓN DEL CÓNDOR

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

Dos personas, Kurt y Rosario, que se encuentran en la Alemania de los años cincuenta, sin saber que él era voluntario de la legión Cóndor y que en el bombardeo de esta sobre Jaén , que tuvo lugar en abril de 1937, murió el padre de Rosario. Kurt descubre más tarde, en Alemania, el hecho y vive perseguido por la culpa y el propósito de compensar, en lo que cabe, el daño realizado. Lo consigue, pero al cabo de los años, en los días de la caída del muro, Rosario va a descubrir casualmente el horrible secreto. 

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Está editada en papel, por ÁLTERA EDICIONES

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Los dos protagonistas, Rosario y Kurt.

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Como en la historia del Cid, la noble idea de intentar compensar a alguien con la entrega de la vida cotidiana ante un daño irreparable.

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Diarios, textos y memorias sobre la Guerra Civil española y la vida en la Alemania del Este.

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

Haber recorrido en persona los lugares citados –siempre lo hago en mis novelas-, incluido en este caso el campo de concentración y exterminio de Buchenwald.

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Imagino que puede y debe leerse como manifiesto del amor por encima de la tragedia de la guerra, quizá para intentar compensarla. La voluntad de querer compensar por el mal causado.

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella?

Un párrafo de comienzos del libro:

Nos acercamos más, viramos hacia un lado cruzando algún manchón de nubes, y las casas crecen hacia nosotros y pasan más aprisa. La ciudad es pequeña, muy española, con tanto blanco en los muros y con sus tejados pardos.

-Bonito castillo tiene -me dice el cabo-. Desde ahí podrían hacernos daño si hubieran situado algunas baterías antiaéreas. 

Pero no nos esperan, supongo. Esto no es frente siquiera; esto está lejos del frente, creo.

Llevamos ochocientos kilos de bombas en cada avión. Exactamente dieciséis, de cincuenta kilos; de las buenas para romper lo que sea. 

Donhardt sonríe y retira la barra que aseguraba la compuerta. Las dos portezuelas caen hacia abajo, hacia los lados, y a los doscientos cincuenta kilómetros por hora que iremos se forma una atronadora corriente, con el aire frío que nos entra por el gran boquete rectangular a través del cual la ciudad se ve ahora mejor, rayada por instantes con las hilachas de nubecillas bajas que atravesamos.

Con unos golpes secos, metálicos, comienzan a bajar ordenadamente las bombas, de dos en dos, hacia la portezuela, mientras las cadenas laterales, como las de bicicleta, pero más grandes, las van desplazando a su vez hacia la vertical de la escotilla.

Nada más estar en el aire, las bombas comienzan un movimiento cabeceante como de balanceo, de baile, sin apenas perderlas nosotros de vista; y desde aquí parece que caen verticales, pero yo sé que no es así, porque estamos moviéndonos a buena velocidad, y avanzan, cada vez más bajas, casi en nuestra vertical. 

-¿Cómo se llama la ciudad, mi cabo? -le pregunto ahora- eso sí me lo podrá usted decir.

El cabo alza los hombros, sonríe y me grita casi en la oreja, por encima del tremendo ruido del aire que entra por la escotilla abierta:

-¡Jaén, creo!

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