sábado, 25 de abril de 2015

GUILLERMO GALVÁN NOS RESEÑA SU NOVELA "SOMBRAS DE MARIPOSA"

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA… GUILLERMO GALVÁN.

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Me dedico en exclusiva a la literatura desde hace diez años. Hasta entonces compaginaba esta actividad con mi profesión periodística, así que puede decirse que juego con las palabras desde hace mucho tiempo.

2) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Si nos referimos al género histórico, mi última novela es “Sombras de mariposa”.

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

“Sombras de mariposa” se desarrolla la Hispania del último cuarto del siglo VI. Su escenario es, por lo tanto, el mundo visigodo durante los reinados de Leovigildo y Recaredo. Mi objetivo ha sido llevar al lector, con la amenidad de una novela y el rigor de los datos históricos, un periodo apasionante que es casi desconocido para el gran público más allá de algunos tópicos y elementos legendarios.

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

La Esfera de los Libros la publicó en ambos formatos. Todos los datos al respecto, y otros relacionados con la novela están en mi página web:

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Hablar de personajes en “Sombras de mariposa” daría para un artículo completo, tanto por lo que se refriere a los ficticios como a los históricos. Desde luego, su protagonista Wilya es el central. En torno a él sus amigos Berulfo, Nantila, Argimundo, Recaredo y Hermenegildo, con características y destinos muy diversos. Entre los adultos destacan el herrero Badwila, el clérigo Galmerico, el ostrogodo Koenraad y, por supuesto, el rey Leovigildo, que en la novela se convierte en un ser tangible con sus aciertos y contradicciones. En el territorio femenino, varias mujeres destacan sobre las otras: las jóvenes Hilde y Alathea, la hebrea Mariam y Goswinta, la esposa de Leovigildo, con una personalidad tan arrolladora e interesante como la de su marido. 


6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

En este caso fue brasa más que chispa. O, al menos, la chispa original estaba muy oculta en la niñez, aunque el tiempo la conservó como un rescoldo sin apagar. Me contaron en el colegio la historia de un padre, Leovigildo, que mató a su hijo, Hermenegildo, por haberse hecho católico. Esa idea me impactó, porque no cabía en mi cabeza infantil que una barbaridad así fuera posible por muy bárbaros que fueran sus protagonistas. Pasados muchos años decidí investigar sobre esa leyenda interesada para sacar mis propias conclusiones. El resultado de ese estudio me pareció tan sorprendente que decidí convertirlo en novela, y ahí empezó a crecer “Sombras de mariposa”. 

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Si empezamos a contar desde que el propósito se hizo acto hasta que la novela quedó acabada, ocho años. Aunque no exclusivos, porque entre medias publiqué otras dos obras. Una vez investigados los autores coetáneos a los hechos, como Isidoro de Sevilla, Gregorio de Tours, Juan de Bíclaro, Jordanes y Procopio de Cesarea, y leídos los historiadores más destacados, consideré que tenía material suficiente como para empezar a escribir. La verdad es que el proceso de investigación nunca termina, porque si no lo abandonas siempre descubrirás nuevos e interesantes detalles; sucede como con las novelas, que acaban cuando decides poner el punto y final, pero podrían tener una vida más prolongada. En este caso, creo honestamente que ningún dato fundamental desde el punto de vista histórico está ausente de “Sombras de mariposa”.

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

No sé si podría calificarse como anécdota el hecho de que se nos haya dado gato por liebre con esta etapa histórica y el papel de sus protagonistas. Porque poco o nada tienen que ver con la verdad las fábulas que mi generación recibió como hechos históricos, tal y como las habían recibido las generaciones previas o las han seguido sufriendo las posteriores. En cuanto a detalles concretos, me asombró leer referencias al monstruo del lago Ness en textos del siglo VI, enterarme de que Leovigildo desvió el cauce del Guadalquivir para conquistar Sevilla, descubrir la apasionante historia de las hijas de Goswinta casadas con reyes francos, o concluir que la ejecución de Hermenegildo por traición reiterada, no por motivos religiosos, probablemente fue decidida por su hermano Recaredo y no por su padre. 

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Es una novela con personajes de carne y hueso. Y cuenta, con fidelidad a las crónicas de quienes vivieron aquellos acontecimientos, una etapa de nuestro país absolutamente desconocida o tergiversada por intereses de poder. Pocos sabrán que en ese último cuarto del siglo VI están las raíces de lo que después se llamaría nacionalcatolicismo, un experimento profundamente hispano que ha marcado nuestra historia. En aquellos años se libró una de las guerras más sangrientas de las muchas habidas entre las diferentes formas de entender el cristianismo, seguida de una persecución sistemática que eliminó casi por completo en Europa una de las interpretaciones más interesantes de esta religión, el arrianismo, y con ella toda una cultura escrita, la lengua goda.

Es una novela apasionante, al menos desde el punto de vista de un autor que ha puesto en ella toda su pasión. 

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

La mariposa de hierro negro sobre las cejas, los ojos febriles tras el estrecho ventanal de las mirillas, el cabello erizado bajo la malla, detenido el paisaje alrededor, la respiración densa, el sudor mudado en aroma metálico y sangriento: el mundo parecía mucho más hermoso y terrible aquella mañana. Vida y muerte eran una sola cosa sin etapas intermedias, sin rincones donde esconder la impaciencia de la espera, sin un sorbo de agua con que vivificar los labios cuarteados por el polvo, la incertidumbre y el ácido hedor del cuero gastado. Wilya aguardaba en su puesto con la plácida memoria del amor en las entrañas, y con la quiebra que el imprevisto y mágico hallazgo de Alathea había producido en el andamiaje de su espíritu. Y al recodarla ahora rendida a sus juegos y deseos, mientras intentaba calmar con caricias la ansiedad de su montura, no podía dejar de preguntarse si defendía o no el bando correcto, si su vida habría sido la misma de haber aceptado años atrás la propuesta de Granista, y si en aquel mismo instante no estaría tal vez junto al duque y no entre las tropas de su primo. A pesar de todo, había acudido a la llamada de Claudius con la prontitud de un perro fiel, porque más allá de toda duda estaba el juramento de lealtad a Recaredo empeñado ante Leovigildo, y él podía acusarse a sí mismo de cobarde y de otras muchas faltas, pero nunca de traidor a su palabra.

Agazapado con sus hombres entre las sombras de la arboleda, contemplaba impaciente el fondo del valle a la espera de la señal convenida para el combate. Claudius había repartido todas las tropas disponibles en dos grupos, emboscados en las colinas a ambos lados de una angostura, mientras trescientos jinetes al mando de Berulfo atacaban por sorpresa y de madrugada el confiado campamento enemigo en las orillas del Atax, con el propósito de provocar el máximo desconcierto posible antes de una rápida retirada. Ahora, la polvareda anunciaba el regreso de aquella expedición punitiva con francos y rebeldes tras sus talones; retorno que, de acuerdo con lo previsto, debía simular temerosa huida aunque sin forzar el galope para no disuadir a los adversarios de su persecución. Wilya vio llegar a los primeros jinetes godos, que pasaron en dirección al lugar convenido de antemano, un bosque que se extendía a su izquierda al pie de los cerros, y tras ellos al grueso de la columna, que cabalgaba a menos de trescientos pasos delante del enemigo.

Un movimiento extraño se produjo entonces en el grupo. Contra lo planeado, uno de los jinetes se detuvo de improviso para encarar a la multitud que los perseguía. El desconcierto se apoderó del resto de la columna, y algunos lanceros más volvieron grupas para unirse al transgresor, que les ordenaba con sus gestos reanudar el galope hacia la arboleda. Era el loco de Berulfo, que puso pie a tierra, despidió a su montura con una palmada en las ancas y, espada en mano, quedó solo frente a la manada hostil que se le venía encima.

Algo parecido a una garra comprimió el corazón de Wilya al presenciar cómo su amigo recibía con inconcebible aplomo a los primeros rivales. «Hijos de un demonio», imaginaba su grito de combate, con el que escupía su odio viejo al enemigo mientras su brazo cortaba el aire con bufido de gato salvaje para hacerles llegar el filo de la muerte a sus cabezas, para hundir el acero en ellos entre chasquidos de metal y huesos quebrados y pintarrajear sus carnes de color escarlata. «Hijos de un demonio», los frenaba, uno tras otro, mientras un espacio vacío, un círculo salpicado de sangre y estertores se abría en torno a él, un agujero de miedo en la vanguardia franca. Berulfo, al fin, cumplía su sueño, la venganza exigida por Sigila, cuya espectral y satisfecha sombra parecía planear sobre aquel estrecho paso cada vez más poblado por la horda enemiga.

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