lunes, 19 de mayo de 2014

ALMUDENA NAVARRO CUARTERO NOS RESEÑA SU NOVELA "LA ALCOBA ESCONDIDA"

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA… Almudena Navarro Cuartero

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Mi nombre es Almudena Navarro, estudié Administración y Dirección de Empresas (Error…) y actualmente dedico mi vida a escribir y estudiar. Ejercí como financiera y controller, pero mi sueño siempre ha sido matricularme en la Facultad de Historia, ya que en su día cometí el error de no hacerlo. Actualmente resido en Rocafort, en Valencia, con mi marido y mis hijas mellizas.

2) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Mi novela se llama “La Alcoba Escondida” y ha sido publicada por la Editorial Roca. Pero anteriormente fue autopublicada en Amazon, bajo el título de “La Papeleta en Blanco”, estuvo más de 200 días en el TOP 100.

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

Es una novela costumbrista ambientada en los tiempos convulsos de la II República, justo antes de estallar la Guerra Civil Española. Quería dar un enfoque diferente a lo que sabemos y tenemos preconcebido sobre aquel momento con el sesgo de saber desde ha pasado. Es la historia de una familia, y de un pequeño pueblo Manchego, Las Mesas; todos dominados por la matriarca de la familia: Doña Enriqueta. Un personaje único, duro, que impactará al lector. No es una novela con protagonistas al uso.

Sinopsis de la editorial:

Durante la II República el amor, la política y la ambición harán temblar los cimientos de la vida de los habitantes de un pequeño pueblo manchego…

Doña Enriqueta, la pistolera, es una mujer fuerte que controla férreamente la vida en la comarca en la que vive. Provoca terror y admiración a partes iguales. Todo debe pasar por ella, nada se le escapa. No está dispuesta a que el destino juegue en su contra, especialmente en lo referente a su familia, su marido y sus dos hijas. Rocío, la más joven, se ha educado en los mejores colegios de Madrid, lejos de Las Mesas. Milagros, por culpa de un defecto de nacimiento se ha criado en el pueblo, lejos de los selectos grupos en los que se codea su hermana. Doña Enriqueta decide dar forma al destino, jugar con las vidas de las que le rodean y para ello contará con el joven y brillante político Alberto Cartero, su futuro yerno.

La alcoba escondida es una novela costumbrista en la que se suceden los problemas familiares, los celos entre hermanas, la rivalidad por el poder; pero también es el retrato de una casi desconocida época, donde se refleja fielmente la complejidad y fragilidad del clima político previo a un conflicto armado.

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Como ya he comentado se publicó en Amazon bajo el título “La Papeleta en Blanco”. Soy muy afortunada de que una gran editorial como Roca la haya editado y publicado bajo el nombre de “La Alcoba Escondida”. 

La Web de la Editorial es: 


Además han creado una plataforma para que los lectores voten y opinen sobre la novela, pero donde además pueden comunicarse con autores y editores (Me parece una gran iniciativa):


Y este es el link de la novela en Amazon, con sus opiniones:


5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

El personaje preferido de los lectores es Doña Enriqueta, la matriarca familiar, la que toma las decisiones por todos, incluidos su marido e hijas. Ejerce un poco de villana de la trama, sin serlo realmente. Es una mujer dura, fuerte y práctica que maneja sus asuntos con mano férrea. Es una terrateniente, que controla de cerca su campo, sus siembras y sus trabajadores. Pero mi personaje preferido es Rocío, una de sus hijas. Enriqueta es madre de dos hijas. Su otra hija, Milagros tiene un ligero retraso de nacimiento y está sobre protegida por su madre, es buena y dulce. Rocío sin embargo, es caprichosa, malcriada e irá madurando a golpe de decisiones erróneas. Es un personaje muy humano, imperfecto.

El tercer protagonista con relevancia de la novela es Alberto Cuartero, un joven y brillante político de la CEDA, que gracias a la intermediación de Doña Enriqueta pasa a formar parte de esta variopinta familiar

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

La idea surgió en un viaje familiar. De hecho la novela está basada en la historia de mi familia, aunque he añadido mucho de mi cosecha propia y se ficción. Desde pequeña había estado oyendo anécdotas e historias familiares sobre Enriqueta y Alberto. En ese viaje supe que algún día escribiría esa historia. Pero tuvo que pasar mucho tiempo, y fue cuando nacieron mis hijas, de forma muy prematura, en el hospital, cuando me puse a “teclear” la primera página.

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Hice un trabajo riguroso. Inicialmente hice un repaso de la época, pero general, no sólo político, que eran las fuentes más numerosas, sino social y económico. Luego localicé puntos de interés históricos que pudieran tener cabida en la trama familiar. Al principio pensé que sería fácil, siendo Enrique político de la CEDA, tiré de ese hilo y de hemerotecas. Me sorprendió que sus discursos no casaran con la idea que tenía preconcebida sobre él, así que seguí mi instinto interpretándolo de nuevo y modificando la trama política por completo. Creía que había acabado, pero no había hecho más que empezar el proceso de documentación. Necesitaba fuentes más especializadas, sobre la zona Manchega encontré la tesis del historiador Ángel Luis López Villaverde, Cuenca en la II República y leí todo lo que pude encontrar,

Considero que fue la parte más divertida de todas. Me encanta buscar y desechar fuentes. Estructurar y organizar .Tomaba notas, numeraba y ponía post- it de colores. Era difícil saber si estaba opositando o escribiendo una novela. Creo que es imposible hacer algo así sin que te guste. Documentarse a conciencia sobre Niceto Alcalá Zamora, Alejandro Lerroux, Azaña, leer Las memorias de Gil Robles…. 

La novela evolucionaba constantemente y siempre tenía como libro de cabecera el refranero Manchego que me regaló mi tío. Pero eso eran las fuentes escritas, que no dejaban de ser sólo la argamasa que une los ladrillos. Lo fundamental eran las historias transmitidas oralmente de generación en generación y mis propios recuerdos. Crecí en Las Mesas y la Era Vieja… Esa parte resultó sencilla. 

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

La novela está repleta de pequeñas anécdotas y objetos que le aportan valor: desde la pequeña pistola de nácar de Enriqueta, hasta su enfado en mitad de una homilía en la Iglesia… 

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Es una novela diferente, y soy consciente de que el atractivo radica en los personajes y en la trama familiar. Entiendo que la parte política puede no interesar por igual a todo el mundo. Tenemos esa época un tanto olvidada y deslustrada, quería que la gente entendiera la complejidad de la II República y borrara la imagen preconcebida que generalmente se tiene sobre ella. Es como si la hubieran borrado y escrito sobre ella. 

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

Os dejo el principio del Capítulo Segundo:

Como cualquier domingo por la mañana, se arreglaron todos para ir juntos a misa. La asistencia era obligatoria también para los miembros del servicio, que les acompañaban en el paseíllo desde casa hasta la iglesia.

Lo hacían por la calle principal, una cuesta poco pronunciada y ligeramente elevada sobre el resto de la población que recorría la cima de una pequeña colina. Si uno se detenía a observar los volúmenes del templo y los comparaba con el pequeño tamaño del pueblo, fácilmente se daba cuenta de que era su elemento más significativo. 

Toda la gente de bien se congregaba allí los domingos a mediodía. Los vecinos salían de sus casas de punta en blanco. Los hombres se dirigían directamente a la puerta de la iglesia, mientras las mujeres esperaban la salida de los demás miembros de la familia en la puerta de sus casas, a lo largo de la calle principal, formando corrillos.

Doña Enriqueta era el blanco de todas las miradas. La gente, muy fisgona, aprovechaba la reunión en la explanada de la iglesia para hablar sobre lo que se terciara. Generalmente eran conversaciones poco trascendentales, como la calidad de la mantilla que llevaba doña Enriqueta o con qué gracia se la colocaba siempre Rocío. O simplemente hablaban sobre Milagros, foco desde hacía años de la mayoría de los comentarios.

A medida que llegaba la comitiva de la familia Hernández-López a la altura de cada casa, enmudecían sus habitantes, ponían una sonrisa tonta y, en cuanto había pasado la Pistolera, empezaban los comentarios. Poco a poco se iban sumando las mujeres a la pequeña procesión y procuraban situarse lo más cerca posible de la familia, porque creían que les contagiaba cierta relevancia. Es curioso que domingo tras domingo se siguiera siempre un cierto orden por nadie establecido, pero siempre respetado. A Rocío le encantaba el paseíllo. Junto con sus visitas a la chopera era de las pocas diversiones que tenía. Por eso las mañanas del domingo se esmeraba a conciencia para vestirse. Elegía su vestido la víspera y se aseguraba de que estuviera bien planchado y que no le faltara ningún botón. Por si las moscas, elegía el de su hermana y lo repasaba, para que no desentonara con ella, aunque la vestimenta de Milagros fuera tan fea que a duras penas podía variar mucho. Ella en cambio, tenía tres conjuntos nuevos que le habían confeccionado en Madrid copiando unos que había recortado de una revista parisina. Ya llamaban la atención en la capital, así que en el pueblo eran sencillamente la gran atracción. No podía defraudar a su público. 

Se doblaba cuidadosamente la mantilla para fijársela con alfileres, mientras se miraba al espejo, al tiempo que dejaba asomar una onda de pelo sobre la frente siguiendo fielmente las últimas tendencias. Llevaba el pelo cortísimo. Rocío hubiera preferido calarse simplemente alguno de sus sombreros nuevos pero en el pueblo la costumbre era usar mantilla o velo y su madre no le hubiera permitido la excentricidad del sombrero.

Antes de salir de casa, doña Enriqueta pasaba revista a todos, incluido su marido, a quien ese día atusó cuidadosamente el chaleco y la corbata, mientras le miraba con cariño.

—Pepe, así estas mejor —le susurró antes de salir por la puerta.

Puesto que iban con el tiempo justo, amagaron un saludo rápido al llegar a la puerta de la iglesia. La misa debería haber comenzado hacía cinco minutos, pero nunca empezaban sin ellos. Todo el pueblo se arremolinó al unísono para pasar por la puerta. Una vez dentro, los hombres se sentaban a la izquierda y las mujeres a la derecha.

La familia lo hizo como siempre, en el primer banco para seguir la liturgia. Esta misa en particular se recordaría durante lustros. El padre Inocencio empezó el ritual establecido hasta llegar a la homilía previamente acordada con doña Enriqueta. Esta, recta y estirada como una espiga, no paraba de echar ojeadas con desaprobación a Francisca, la hija de los Navarro, aunque para ello tenía que volver un poco la cabeza hacia atrás. Cuando se dio cuenta de que los continuos giros iban dirigidos a ella, Francisca se puso lívida, no entendía porqué la Pistolera la miraba de reojo con aquel rictus de desaprobación. Hizo memoria y se preguntó qué podía haberle hecho ella para desatar semejante atención. Por si acaso, comprobó que llevaba bien puesta la mantilla, y se miró las uñas de las manos para ver si estaban limpias. No encontró nada que hubiera podido molestarla, aunque era obvio que algo pasaba. 

Francisca intentó concentrarse en la misa para no ponerse más nerviosa con sus funestas cavilaciones.

El padre Inocencio, un poco distraído y con algo de desgana, comenzó a hacer su interpretación personal de los Santos Evangelios:

—Y, por eso, nuestro amado Señor, en su peregrinar entre nosotros quiso…

No pudo terminar. Fue interrumpido por dos golpes que dio doña Enriqueta con su bastón contra el suelo de piedra gris de la iglesia. Sonaron tan fuerte que toda la congregación se quedó paralizada. 

—Mentira, mentira y más mentiras… —Enriqueta levantó la voz, para sorpresa de todos los presentes.

—¿Qué pasa? —preguntó el párroco, lívido, desde el púlpito.

—¿Se puede saber cómo dice usted semejante majadería? ¿Cuándo diablos pasó Jesucristo por este pueblo? ¿Acaso estuvo siquiera en España? ¡Así cómo diablos se va a aprender algo en este pueblo! ¡Amos! ¡Dé ya de una vez la comunión que para oír estas sandeces no perdemos nadie el tiempo!

Se instaló en la iglesia un silencio sepulcral. Don Pepe estaba pasando tanta vergüenza por las maneras autoritarias de su mujer que, por primera vez en su vida, osó sujetarla del brazo para sacarla de allí.

—No me toques, Pepe, o la tenemos también tú y yo.

El padre Inocencio intentó recomponerse y hacer la consagración, aunque le temblaba todo el cuerpo y apenas podía concentrarse. El cáliz que elevó hacia el cielo no paraba de bailar por el tembleque de sus manos y muchos temieron que se le cayera o derramara el contenido.

Solo algunos de los feligreses se atrevieron a levantarse para tomar la comunión, así que no se formó la habitual cola. La misa acabó enseguida y la salida de la iglesia se hizo en silencio.

Fuera, en cambio, se formaron corrillos:

—Cielo santo, esa mujer no conoce límites—decía alguno.

—¡Cojonudo! —comentaba entre risas otro.

—¡Menos mal que me has hecho venir a misa! Como pa perdérselo... —terciaba uno más allá. 



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