domingo, 30 de octubre de 2016

BLAS MALO NOS HABLA SOBRE SU NOVELA "LOPE, LA FURIA DEL FÉNIX"

1.- Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Soy ingeniero y escribo novela histórica. La ingeniería es mi trabajo alimenticio, aunque ya no puedo vivir sin la literatura. Me apasiona la historia, he dado conferencias divulgativas sobre diferentes periodos y he participado como recreacionista en diferentes eventos con el grupo BattleHonours. También he realizado rutas literarias por Granada sobre mis libros. Hasta ahora he publicado cuatro novelas históricas, todas con Ediciones B (El esclavo de la Al-hamrá, El Mármara en llamas, El señor de Castilla, y la última, Lope. La furia del fénix). Actualmente soy director de las Jornadas de Novela Histórica de Granada y presidente de la asociación cultural del mismo nombre que las organiza.

2.- ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Se titula Lope. La furia del fénix (Febrero 2016, Ediciones B)

3.- Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

En este año 2016 que se celebra el centenario de la muerte de Cervantes, y en el que Cervantes y Quijote parecen abarcarlo todo, he querido dar luz sobre otros grandes escritores del Siglo de Oro. Con mi novela ilumino la figura de Lope de Vega, es el personaje central y transcurre en el s.XVII, y es el contrapunto a Cervantes, con el que se llevaba fatal. Y sin embargo, no había ninguna novela sobre él, siendo tan importante como el autor del Quijote. Su vida es increíble y llena de contradicciones. Mereció mi atención. 

4.- ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Se ha publicado en ambos formatos de la mano de Ediciones B. Para quien quiera leer los primeros capítulos gratis, los puede encontrar en:

http://www.blasmalopoyatos.com/samples/Sample_LOPE_furia.pdf

5.- Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Lope, enorme e inabarcable, mantiene una difícil y complicada relación con Claudio Conde, su gran amigo, y que le otorga una gran humanidad. Sin duda es mi preferido. Este personaje existió, aunque hay pocos datos sobre él, salvo lo que el propio Lope nos dice. Con él hago juego de espejos y sombras frente a la vida de Lope; y es el mismo personaje que nos habla en la sinopsis de la novela. Luego por supuesto, están sus mujeres, de la que destacará Isabel de Urbina y Micaela de Luján, dos mujeres totalmente contrapuestas.



6.- Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Enlazando a partir de otros personajes que me inspiran gran admiración y que como Lope, eran insomnes. El emperador bizantino Justiniano; los visires granadino Ibn al-Jatib e Ibn Zamrak; Don Juan, hijo del infante Manuel; y leyendo sobre grandes insomnes, llegué a Lope. Lo comenté con mi agente y me animó a escribir sobre él. No he quedado decepcionado: en más de una ocasión me he visto reflejado en los sucesos de su vida, cuatrocientos años atrás.

7.- La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

Al principio del proceso de documentación, tenía serias dudas de poder realiza el proyecto. ¡Se ha escrito tanto sobre el Siglo de Oro y sobre Lope a nivel académico! Dejé reposar la idea un tiempo, y luego, cuando descubrí su faceta más humana, decidí que era esa faceta la que quería reflejar. Acercar el hombre al lector, fuera de la erudición académica. Durante los primeros seis meses leí biografías y teatro, y su amplia correspondencia epistolar. La escritura llevó otro año, durante el cual seguí documentándome y buscando pistas en su teatro. Él reflejaba su vida en sus comedias, con las que tanto éxito obtuvo para tirria de Cervantes. Se cuenta que escribió 1600 comedias. No, no me las he leído todas, pero sí he seleccionado algunas que me parecían más interesantes y que aportaban datos ocultos de su pasado.

8.- ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

Hay muchos detalles de su vida remarcables. Por ejemplo, cuando en pos de una mujer, de una amante que vivía en Toledo, era capaz de recorrer a caballo en un día la distancia que separaba Madrid y Toledo, ida y vuelta, para saciar su pasión. Seis horas ida; seis horas vuelta. O que era capaz de permanecer insomne tres o cuatro días, con tal de terminar los pliegos de una comedia comprometida. No sólo escribió una vastedad enorme de títulos, sino que le dio tiempo a vivir con gran intensidad, ¡y a revisar y reescribir varias veces sus obras! Mantuvo su energía vital hasta el final. Fue diestro con la espada, y no rehusaba los duelos, lo que le trajo bastantes problemas en su juventud. Incombustible, indestructible, como el ave fénix.

9.- ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

No sólo por ser pura evasión, es un canto a la vida y a la existencia de un hombre extraordinario y a la vez lleno de virtudes y defectos, donde nos veremos reflejados en más de una ocasión en sus sinsabores y sus triunfos. Recorreremos la España de la picaresca y de los galeones de Indias, del teatro y de la inquisición. Sevilla, Madrid, Valencia y Granada son sus escenarios de época principales.

10.- Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella?

Este es el inicio, podéis leer más en: www.blasmalopoyatos.com

CAPITULO 1

ALBIÓN

LISBOA, 27 DE MAYO DE 1588

Aquel tremendo devorador de vidas femeninas era insaciable. En el reposo que la noche daba al trajín de carreteros, yuntas de abastos, herreros y cordeleros, carpinteros y gentes de dinero, marinería sin un ochavo y galeotes encadenados, los muelles hervían de pasos y figuras embozadas, entrando y saliendo de tabernas y mesones y de los callejones más oscuros y lascivos de aquella ciudad tomada por la enorme armada que nunca antes rey español imaginara. La vida se bebía a grandes tragos como si fuera a agotarse, porque sólo quedaban dos días para la partida; así lo habían decretado los mandamases. Un frenesí dominaba la ciudad a los pies del río Tajo, y quien no estaba en confesión y remisión de sus pecados los estaba cometiendo todos juntos y en tropel por si no había nueva ocasión para ello. En la penumbra lujuriosa de mujeres gimientes y machos amenazantes el fresco aire marino sacudía los cartelones colgados, haciendo crujir cuerdas y eslabones, y bajo ellos Claudio corría de taberna en taberna, de lupanar en lupanar, con el resuello cortado por el agotamiento en busca de aquel a quien había perdido en aquella noche que ya acababa.

—¡El poeta, el poeta! —preguntó a una vieja alcahueta que reconoció, y sus palabras fueron atendidas mientras gemidos, risas y música marinera con coros borrachos escapaban a borbotones desentonados tras los postigos de las ventanas iluminadas por velas casi consumidas y candiles. La vieja le señaló la escalera, pero no se movió en tanto no recibió unas monedas en sus manos mugrientas, monedas que contó con vileza. Él ya había gozado con dos negras de las Azores y estaba exhausto; y su amigo, incontenible, había escapado del burdel en busca de nueva presa y nuevos goces. ¡Así es la vida, cuando se huele la muerte!

—¡Lope! ¡Maldita sea, dónde estás! —aporreó con ansiedad las puertas de los cubículos; un portugués del Algarve había aparecido a las voces de la alcahueta con aires chulescos y un puñal en la mano.


Al alboroto siguieron golpes en la portezuela, pero el buscado no los oyó. Se agarró con más fuerza a los bordes del lecho revuelto, él sobre ella. La llama de la vela se agitó y la hembra que aferraba se arqueó, llamando con los ojos cerrados a los santos que conocía mientras el hombre la hollaba por detrás entre sábanas sudadas de olor acre y las voces del pasillo; y sin poder resistirse más la mujer jadeó hasta gritar, seguido por el éxtasis del extranjero. Los quejidos de los largueros cesaron, llegó el reposo; los amantes se besaron y sonrieron aliviados de sus afanes, derrumbados sin aliento en la penumbra disfrutando del calor de la carne. Y el perfil de la mujer, satisfecho, voluptuoso, con sus largas pestañas y su largo cabello negro revuelto a un lado, le inspiró nuevos versos que paladeó un instante antes de que los golpes volvieran a sonar en su puerta, que se abrió de repente.

—¡Lope, por todos los santos! —El guardián no dejaba de mirarles desde el quicio. La mujer, soñolienta, ni se molestó en cubrirse—. Que pronto amanecerá. ¡Poeta loco! ¡Apresúrate o nos quedaremos en tierra! ¿Ganar honra, no era eso lo que queríamos? ¡Venga, la ropa, la capa, la espada, el sombrero, ponte las calzas, el calzado! 

—Tengo sed. —No dejaba de mirar a la mujer, que medio sonrió, mostrando su sexo velludo, sus carnes acogedoras, sus pechos generosos. Ella no apartaba su vista de aquel hermoso cuerpo de hombre joven, lampiño y bien dotado— ¿No hay más vino? ¿Me dejarás en ayunas?

Claudio no pudo menos que reírse. El del Algarve repiqueteó en las jambas, resoplando. Dio una voz de advertencia; la portuguesa suspiró.

—Volverás, español loco.

Lope se anudó las calzas y el pantalón, y buscó su bolsa gastada y casi vacía mientras se ponía la camisa, arrugada sobre un arca.

—Aquí están mis últimos escudillos, ¡tristes testigos de Madrid!

—Guárdalos; yo no cobro a los que me placen cuando disfruto —y ella, con sorna burlona, hizo un ademán altivo mientras cubría su fecunda desnudez con la sábana deshilachada. 

Claudio arrancó de la mano de su amigo varias de aquellas monedas, las tendió al guardián y con una reverencia guasona los dos calaveras dejaron casa, alcahueta y callejón, borrachos de cansancio. El alba llegaba, desvaneciendo estrellas en el este. Lope se volvió y lanzó un beso con la mano a la fachada. Una mujer no dejaba de observarle desde la ventana en penumbra.

—¡Vino, Claudio! —dijo Lope, bostezando.

—Otra más, encoñada. ¿Y cuántas van, oh insaciable? —se burló su amigo.

—¡Cuántas! No las he contado. ¡Allí, al horno! ¡Huelo pastel de carne!

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