lunes, 25 de noviembre de 2013

JOSÉ VICENTE PASCUAL RESEÑA SU NOVELA "ALMIRANTE EN TIERRA FIRME"

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado? 

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela. 

HOY NOS PRESENTA SU OBRA 
JOSÉ VICENTE PASCUAL

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Toda la información relevante sobre mí puede encontrarse en http://jvipascual.blogspot.com.es/p/jose-vicente-pascual_14.html

2) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

Almirante en Tierra Firme 

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

Se narra la defensa de Cartagena de Indias por parte del ejército español y las milicias criollas, comandadas por el almirante Blas de Lezo, contra la armada inglesa de Vernon, en 1741. Una lucha desigual y heroica cuyos detalles se pormenorizan, veinte años después, por un sirviente de Lezo llamado Miguel Santillana, antiguo contrabandista, miembro de las “milicias de indultados” que participaron activamente en la batalla. Este hombre, leal y valeroso aunque un tanto pícaro en su forma de ver el mundo y actuar, reivindica la figura de Lezo, caído en desgracia ante la corona española tras la guerra, por causa de su enemistad con el virrey Sebastián Eslava. En la trama se entremezclan los hechos históricos documentados con las andanzas de Miguel Santillana, sus anhelos e intrigas en favor de su amo; también sus amoríos con la bella Jacinta, mulata al servicio de la esposa del almirante, una mujer tan bella como enigmática en torno a cuyo misterio gira parte del argumento. 

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Edición impresa. Ediciones Áltera. Premio Hispania de Novela Histórica, 2013. http://www.todostuslibros.com/libros/almirante-en-tierra-firme_978-84-941458-2-7

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Te soy muy sincero. El personaje que más me atraía de esta historia es el almirante Vernon. Estuve a punto de titular la novela “El impaciente inglés”. Vernon es el prototipo de militar dieciochesco, fatuo, clasista, arrogante, convencido de su invencibilidad y temerario de puro inconsciente. Se plantó ante Cartagena de Indias con una escuadra formidable, la más poderosa hasta ese momento en la historia de la humanidad, 30.000 soldados y marinos, doscientos barcos y más de dos mil cañones, para combatir a seis buques españoles y 1.500 hombres entre soldados, marinería y milicias criollas. Regresó a su base de Jamaica con la flota desarbolada, la mitad de su ejército perdido y la otra mitad devastado por las fiebres, el hambre y la sed. Dejó tras de sí una estela de cadáveres que iban arrojando por la borda para evitar los contagios. En la derrota no hay grandeza, por lo general, pero hay un ejemplo vivo y beneficioso sobre la naturaleza humana. El caso de Vernon es espectacular. ¡Y encima se las arregló para que en Inglaterra lo considerasen un héroe! Como diríamos hoy día: el “matao” aquel era un auténtico crack. 

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

De lo bien que lo pasé leyendo un ensayo sobre Blas de Lezo y cómo se las arregló para derrotar estrepitosamente al insensato Vernon. Ese encuentro formidable entre la inteligencia y serenidad, encarnadas por el almirante español, y la fuerza descomunal pero sin dominio de sí misma, desaforada, “desmadrada” y por tanto abocada a la derrota, me causó viva impresión. Y de ahí surgió la novela. 

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

No mucho tiempo. Unos seis meses entre lecturas y acopio de datos. Otra cosa es el bagaje personal para escribir “Almirante en Tierra Firme” tal como ha quedado. Eso ha sido un empeño que dura ya 57 años. 

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

La utilización del espionaje que hacía Blas de Lezo para conocer los movimientos de Vernon mucho antes de que se produjesen. El virrey Eslava lo consideraba algo impropio, indigno entre caballeros. Pero Lezo tenía una idea moderna de la guerra y se valía justo de modernos medios para compensar su tremenda desigualdad con la armada inglesa. En “la guerra del Asiento”, que es como se conoce a aquel enfrentamiento, se recurre por primera vez, al menos de manera documentada, al espionaje organizado, con agentes dobles, informadores secretos, etc. Eso nos da una idea de la talla de Blas de Lezo como militar y como estratega. 

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Bueno, cualquier novela merece ser leída, pues para eso la escribió su autor con mucho trabajo e ilusión. No sé si “Almirante en Tierra Firme” tiene más mérito que otras y por tanto se le debería prestar mayor atención. Eso ya es potestad soberana de los lectores. Yo, con haber escrito y publicado la novela he cumplido. Venderla es trabajo de la editorial, los distribuidores y libreros. Cada cual en lo suyo y que Dios reparta suerte. 

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

Ahí va parte del primer capítulo:

I

Vuestra Merced quiere saber, y para saber ha culminado sano y salvo, por gracia de Dios, un largo viaje desde la ciudad española de Cádiz hasta el reino de Nueva Granada y esta plaza de Cartagena de Indias, donde le tienen encomendado investigar qué cosas de mérito y con buen criterio hiciera don Blas de Lezo y Olavarrieta, Comandante General de las tropas de mar y tierra que defendieron esta parte del imperio y de Tierra Firme contra la Armada de Vernon, la tremenda inglesada del año cuarenta y uno. 

Y dice Vuestra Merced, muy bien dicho, que todas estas averiguaciones y diligencias, protocolos, memorias y datas le han sido encomendadas por la Audiencia de Cádiz bajo real orden de nuestro serenísimo don Carlos III, a quien la Providencia guarde muchos años. Y que el objeto de las mismas es rehabilitar completamente y sin tacha alguna, por resolución de este juicio de residencia póstumo, el nombre y la memoria de don Blas de Lezo. También se dilucida en la presente causa si cabe otorgar el marquesado de Oviedo al primogénito de don Blas de Lezo, quien resulta ser don Blas Fernando Josef Tomás de Lezo y Pacheco, hijo legítimo del almirante y de su esposa doña Josefa Mónica Pacheco y Bustios. 

Y a más decir, dice Vuestra Merced que con el resultado de todo ello se proveerá y, en su caso, han de servir el título nobiliario y otros agasajos y recompensas que tiene pensados Su Majestad para fijar a perpetuo la buena fama, honor y gratitud que España debe al Comandante General de Cartagena de Indias. 

Todo lo cual me alegra e infunde excelente ánimo, pues desde hace mucho he mantenido la ilusión de que al fin, de una vez y por todas, se dignaran las autoridades y administración del imperio enviar delegados que se interesasen por la verdad de lo sucedido en aquellos tiempos de guerra, y sin prejuicios ni intención avisada ni mucho menos malmetencias quisieran saber tal como Vuestra Merced quiere saber. 

Mas sepa antes Vuestra Merced quién soy yo y por qué comparezco en esta causa. 

Pues es mi nombre Miguel Santillana, hijo de Miguel y Genoveva, natural de Cartagena de Indias y de treinta y ocho años de edad cumplidos, ya puesto en hacer los treinta y nueve y todos los que Dios Nuestro Señor tenga a bien concederme en este mundo. 

Sepa que mi profesión es la de guarnicionero, tal como fue la de mi padre. Aunque no siempre ejercí este oficio, pues los ires y venires de la vida, los azares del mar y otras peripecias, entre las cuales hace bulto la guerra contra el inglés, me tuvieron ocupado buena parte del tiempo, absorbidos mis afanes, inteligencia y voluntad por la atención que requieren las tareas de buen corso en tierra, criado al servicio de honorable señor, vigía de fortín y tasador de efectos y estibas por cuenta de la Casa de Comercio Ultramarino. A todas esas labores me dediqué antes de sentar plaza como guarnicionero, y a otras que no menciono para que Vuestra Merced no tome mal concepto de mí. 

Hace nueve años contraje matrimonio, ordené mis pasos en este mundo, dejé algunos provechos y ciertas amistades y costumbres que sin duda no convenían a un hombre casado y determiné ser persona del todo cabal, atento esposo y rectísimo padre de las criaturas que mi mujer empezó a traer a este mundo en cuanto salimos de la vicaría. 

Nunca mejor dicho el refrán, porque mi amable esposa, la parda y muy bella Eloísa, acudió ante el sacerdote que nos unió en matrimonio con la barriga tan crecida que el mismo clérigo se apresuraba muy mucho en dar los sanctus y bendiciones y nos declaró marido y mujer a los ojos de los hombres y del Altísimo antes de lo que tarda un cristiano en santiguarse, todo ello por temor a que Eloísa se pusiera a la faena de parir en la misma sacristía, cosa que a Dios gracias no sucedió. 

Nuestro primogénito, que tiene por nombre el de su padre y su abuelo, nació cuatro días después de la boda, y sepa Vuestra Merced que desde ese momento no ha habido época del año en que mi Eloísa no se encontrara encinta o me recibiese para estarlo pronto, pues se ha dado tal maña en darme descendencia que, a la presente, soy progenitor de ocho vástagos, cinco hombres y tres niñas, y los que en el futuro quiera la Suprema Misericordia enviarnos para bendecir esta santa unión, muy santa y muy fértil, que me ha convertido en persona íntegra, vecino a sosiego de su hogar y su trabajo en el barrio de Getsemaní de esta plaza, padre vigilante y solícito esposo de una real hembra que trae hijos al mundo cual si fuese coneja de cría, dicho sea esto último con el debido respeto a Vuestra Merced y sin menoscabo del que debo a la madre de mis ocho descendientes. Es hablar por hablar. 
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