miércoles, 7 de octubre de 2015

NEREA RIESCO NOS RESEÑA SU NOVELA "LAS PUERTAS DEL PARAÍSO"

Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA Nerea Riesco

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores. 

Nerea Riesco, licenciada en periodismo, escritora, locutora de radio, eterna doctoranda… en resumen, comunicadora.

2) ¿Cómo se llama tu nueva novela? 

Las puertas del paraíso.

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

Trata de la historia de un hombre y una mujer que se amaron por encima de credos y fronteras en una época (finales del siglo XV) marcada por la intolerancia y el afán de conquista. Un momento en el que el cristianismo avanza implacable contra los llamados infieles, dispuesto a reconquistar Granada. Es entonces cuando aparece Yago, el joven músico ciego que acompaña a la corte de los Reyes Católicos. La captura del rey Boabdil supondrá un cambio importante en la vida del muchacho. Al lado del Sultán de Granada, Yago descubre la existencia de otro mundo más allá de las fronteras del reino cristiano y toma la decisión de refugiarse allí, en los sensuales jardines del harén, abiertos para él debido a su condición de invidente donde conoce a Nur, la rebelde y bella hermana de Boabdil. Entre ambos surge una atracción incontrolable, arrolladora e incomprendida por todos, pero destinada a perdurar por encima del odio que enfrenta a ambos pueblos.

Con esta novela pretendí recrear las contradicciones de una guerra en la que se mataba en nombre de Dios. Demostrar que el amor posee más fuerza que el odio o la venganza, y es la única llave capaz de abrir las puertas del auténtico paraíso. 

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

En ambos formatos. Edito desde hace años mis novelas de género histórico con Grijalbo. http://www.megustaleer.com/search.php?texto=Nerea+Riesco


5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Yago es uno de los protagonistas. Ciego, pobre y sin madre, es un niño que nace condenado a no pasar a la historia. Sin embargo él se resiste a ello y aprende a tocar el laúd. De esa manera se convierte en juglar de la corte de los Reyes Católicos, y más tarde tocará el laúd en el harén de la Alhambra de Boabdil. Yago compone los romances que han llegado hasta nuestros días y que van resumiendo la historia de este periodo de tiempo excepcional. En realidad Yago es un periodista del siglo XV. 

También está Nur, una mujer rebelde, emocional, apasionada… me inspiré en Wallada, la princesa andalusí del siglo XI que escribía poemas eróticos para leérselos a otras mujeres. 

En cuanto a Boabdil, iba a aparecer en un segundo plano en la novela pero a lo largo del proceso de documentación me fui enamorando de él. Me pareció la antítesis perfecta a Yago que, por sus circunstancias vitales, había nacido para pasar de puntillas… pero él no quería pasar inadvertido. En cambio Boabdil nació para que su nombre figurase por siempre en los libros de historia y leyendo muchos libros sobre su biografía, me dio la impresión de que hubiera preferido pasar desapercibido. 

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

Es curioso porque puede parecer que la idea germinal nada tenga que ver con el resultado final de la novela. Surge de un viaje a Italia. En Florencia quedé maravillada con “La puerta del paraíso” de Ghiberti, tanto que decidí que tenía que escribir algo sobre ella. En el resultado final es sólo un telón de fondo pero…

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

En concreto esta novela es la que más tiempo, trabajo y dedicación ha exigido de mí. He tardado en construirla cuatro años en los cuales me he empapado del periodo histórico. Y no sólo de aquello que aparece en los libros de historia, también de esas circunstancias ocultas que me resulta delicioso rescatar. Mi intención es plasmar el momento, no desde el punto de vista de los grandes gobernantes, sino desde la perspectiva de un ser a todas luces insignificante: un joven juglar ciego.

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

Precisamente ese tipo de circunstancias que no son conocidas. Como ejemplo diré que los Reyes Católicos sufrieron un atentado contra sus vidas mientras asediaban Málaga.

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Porque plasma un momento histórico único. Un periodo de diez años en los que cambia por completo la historia (desde 1482 a 1492). Se pasa de la Edad Media a la Edad Moderna. Es en ese momento cuando una mujer, la reina Isabel la Católica, se convierte en una pieza fundamental en el tablero de ajedrez del momento. Unos años en los que se cambia la forma de guerrear. En los que un marinero tozudo se empeña en atravesar el océano para alcanzar un Nuevo Mundo. En los que se expulsa a musulmanes y judíos de la península, cambiando así el destino de la humanidad…

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

Cuando el músico llegó, Nur le tomó de la mano y le guío por el laberinto de los jardines del Generalife, mientras le exigía que fuese describiendo sus percepciones. Lo arrastró a un rincón remoto, atravesando arrayanes, más allá de los castaños de indias y los granados, justo al final del muro donde la flor de la glicinia inundaba el ambiente de un intenso perfume. Yago se quedó quieto, con sus ojos de laguna fijos en el infinito. Nur, de forma instintiva, se colocó delante de ellos y los miró a fondo, esperando alguna respuesta, algún brillo que denotase que la veía, una señal… pero eso no sucedió. Agarró las manos del músico y las llevó hasta sus costados y ella misma acercó sus propias manos a la cintura del muchacho, sintiendo cómo se estremecía. Le pareció conmovedor.

-Tienes que describirme todo lo que sientes. Todo. Antes de que te operen y el sentido de la vista elimine de ti la capacidad de ponerle palabras a las sensaciones. ¿Podrás hacerlo? -le preguntó como si se tratase de una cuestión de vida o muerte.

-Intentaré estar a la altura de lo que esperáis de mí. Estoy a vuestros pies. Haré lo que vos me pidáis, señora -susurró con la voz entrecortada, moviendo de forma casi imperceptible las yemas de los dedos.

Nur acercó su cara a la del muchacho. Entreabrió los labios y comenzó a respirar, dejando que el aire entrará y saliera de su boca, acariciando a Yago.

-Siento vuestra respiración -musitó el muchacho-. La reconozco de otras ocasiones porque huele como a clavo y limón. Es cálida y algo acuosa.

-¿Acuosa?

-Líquida, fluida, jugosa… apetece beberla -aclaró.

Nur se humedeció los labios con la lengua y se acercó un poco más, hasta que sus bocas se rozaron. Yago lanzó un pequeño suspiro, pero continuó hablando. Podía sentir como su aliento rebotaba en la boca de su amada.

-La temperatura de vuestros labios es tibia, como la leche recién ordeñada. Y son suaves, como seda. Si yo fuese rey y mis deseos pudieran hacerse realidad, exigiría dormir envuelto en una seda que semejase la textura de vuestros labios.

Entonces ella se acercó un poco más. Introdujo sus manos por debajo de la camisa, y posó con delicadeza las yemas de los dedos en la cintura. Tenía la piel caliente, fina, firme. Recorrió con una suavidad casi imperceptible el contorno de sus costillas, apreciando cómo la respiración del muchacho se aceleraba.

-¿Tienes miedo? -le susurró ella, sin apartarse.

Él no respondió, tenía la garganta seca. Sentía las caricias como pequeñas agujas arañándole la piel, obligándole a abrir más la boca y aspirar más fuerte. Deseaba bebérsela realmente, anhelándola ansioso. Entonces ella sacó su lengua y lamió, como un cachorro agradecido los labios de Yago, con cadencia lenta y pausada.

-No te quedes callado ¿qué sientes? 

-Es carnosa… terciopelo húmedo…

Ella introdujo su lengua dentro de la boca de Yago y entre jadeos le increpaba para que siguiera hablando.

-Miel diluida con un toque de sal… -musitó el muchacho.

-Ahora tú -demandó ella-. Haz lo mismo conmigo. 

Yago obedeció. Sacó su lengua para recorrer el contorno de la boca de Nur. La recorrió remolón, un recorrido que se alargó más de un minuto y que terminó por resbalar entre los dientes de la muchacha. Entonces ella le atrapó, succionándole despacio, jugando con la lengua, escuchando como él anhelaba el aire con suspiros entrecortados. 

-Y ahora ¿qué sientes?

-Mi cuerpo quiere estar dentro de vos.

-Eres muy osado. Eso no es una descripción -bromeó jadeante.

-Quizás -se lamentó él- si pudiera mover mis manos sobre la piel de vuestra cintura, podría llenarme de más sensaciones… explicarme mejor.

Que Yago tomara parte activa en ese juego de acatamiento en el que ella había marcado las reglas, provocó un pellizco en su vientre. Siempre controladora, dominante, enérgica, sintió de pronto el imperante deseo de que él se entrometiera en su cuerpo. Quería ser absorbida, respirada, engullida, darse por vencida, quedarse quieta a la merced de Yago. Que la disfrutara, la explorara, la palpara por fuera y por dentro para poder así llevarlo en su interior para la eternidad, cómo si en sus entrañas existiese un enorme vacío incapaz de llenarse con algo distinto a las esencias de aquel laudista ciego. Extendió la mano para atrapar el rostro de Yago, sintiendo en el pulgar y el índice la firmeza de la mandíbula, y en el meñique el palpitar acelerado de las venas del cuello. Ser consciente del deseo que su cuerpo provocaba en el muchacho la encendió aún más. Cerró los ojos y posó, sin cortapisas, su boca abierta sobre la de él. Aspiró el aire que Yago intentaba introducir en sus pulmones, saboreó su saliva, rebañó codiciosa la comisura de sus labios porque, a esas alturas, tenía la garganta seca por la angustia de la pasión no consumada.

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