sábado, 17 de agosto de 2013

MIGUEL ANGEL BADAL SALVADOR CONTESTA A NUESTRA ENTREVISTA PARA AUTORES

CUESTIÓN DE ESCRIBIR NOVELA HISTÓRICA. HOY CONTESTA... MIGUEL ANGEL BADAL SALVADOR




1.- Preséntate tú mismo a tus lectores.
Mi nombre es Miguel A. Badal y soy un apasionado de la literatura histórica y de la Historia en general. Vivo en Valencia junto a mi mujer y compañera Mireia, aunque mis raíces proceden de Cuenca y de Teruel, concretamente de los pequeños pueblecitos de Cañete y Puebla de Valverde, a los que me siento estrechamente unido desde la distancia y de los que lamento haber sido violentamente arrebatado por las circunstancias que la vida siempre impone. Soy escritor desde la cuna y he publicado artículos en revistas y periódicos, así como relatos y microrelatos en diferentes obras conjuntas. Mi dedicación principal es la de novelista y en 2011 la editorial De Librum Tremens publicó mi primera novela, “El señor de Lordemanos”. En 2012 conseguí atraer sobre mi trabajo la atención de Ediciones Tagus de Casa del Libro, perteneciente al Grupo Editorial Planeta, y ellos han publicado en edición digital mi segunda novela, “Como polvo de la tierra”. Ambas historias están ambientadas en la Edad Media, la primera en la Galicia del siglo XI, la segunda transcurre en la línea fronteriza entre Teruel y Cuenca, abordando acontecimientos que acaecieron en el siglo XIV.

2.- ¿Cuándo escribiste tu primera historia?
Seguro que siendo un niño. Me resulta imposible recordarlo porque ya de pequeñito era aficionado a imaginar y alimentar toda clase de historias que fluían en mi cabeza y que estaban muy presentes en mis juegos. Muchos de mis juguetes dieron vida a esas prematuras historias, incluso llegué a fabricar, a veces simplemente con cartulina y rotuladores, a muchos de los personajes de aquella ficción infantil. Tenía una imaginación desbordante y ya dada a construir toda clase de relatos que plasmaba en mis juegos, pero también en las hojas de alguna libreta. De una manera más formal, recuerdo que mi primera historia seria la escribí en la Universidad, como parte de un trabajo para la clase de Lenguaje. Yo tendría unos 18 o 19 años y se trataba de un relato de casi medio centenar de páginas ambientado en la Primera Cruzada, al que di el título de “El sepulcro de la promesa” y con el que di a conocer mi afición a mis familiares, amigos y compañeros de clase.

3.- ¿Cómo recuerdas los comienzos de tu profesión de escritor?
Me resulta complicado establecer con criterio cuáles fueron mis verdaderos comienzos. Mi interés por la literatura y la escritura en la Universidad dio paso a un período de tiempo más o menos largo en el que no dejé de escribir y en el que mi actividad más seria se limitaba a pequeños relatos de cariz histórico. Mi vida profesional dio un vuelco en 2010 con mi participación en el CajaGranada de Novela Histórica y el hecho de que mi primera novela larga fuese escogida finalista entre los más de trescientos trabajos presentados. Quizá entonces tuve ocasión de sentirme un profesional mucho antes de serlo. Me resultó extremadamente fácil colar mi primera novela en la final de aquel certamen, pero entonces era desconocedor de las enormes dificultades que habría de afrontar en los meses siguientes hasta conseguir su publicación.

4.- ¿Has podido, en algún momento de tu vida, vivir de la escritura?
Creo que he vivido siempre, al menos durante los últimos años, para la escritura y jamás de la escritura. Me consta que hay muchos que escriben para vivir y no sé si suena ya creíble el discurso de que uno vive realmente para escribir y no al contrario, pero quien me conoce de cerca sabe que eso es cierto y que lo digo con toda la honestidad que me es posible. De mis creaciones no espero más que la gratificación que siento por lograr dar vida a cada una de ellas. Todo escritor que lo sea realmente sabe lo impagable que es la sensación de sentir que has sido capaz de crear una historia con todo lo que ello conlleva, y la gratificación extraordinaria que además supone que esa historia llegue al público. Por lo demás, siempre he sido un currante, un trabajador, capaz tanto de hacer horas en la planta de producción de una fábrica como de llevar la batuta de una clase de Primaria o de un PCPI y, lo más difícil, capaz de hacerlo con la misma dignidad. Siempre fui defensor de que el ser humano completo es aquel que ha trabajado de peón y en la oficina, el que sabe usar con la misma destreza el destornillador y la pluma. De hecho, me hice adulto leyendo a algunos autores decimonónicos que habían escrito sus artículos, ensayos e incluso novelas en el reducido margen que les dejaba una eterna jornada laboral en fábricas y talleres. Quizá poder vivir un día de lo que la propia creación literaria genere, económicamente hablando, sea un bonito sueño que alimentar, pero pienso que para poder valorar algo así en su justa medida es necesario haber tenido previamente que pelear, y mucho, por tener cada día un plato de lentejas sobre la mesa.

5.- ¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído?
Me resulta del todo imposible recordarlo. Atesoro libros desde que tengo uso de razón y en mi casa, por tradición familiar —mi padre era poeta—, siempre hubo decenas de volúmenes. Imagino que comencé con lecturas acordes a mi edad, muchas de ellas, como es normal, patrocinadas desde las aulas del colegio, y que a muchas de ellas accedí como un autómata. Uno de los primeros libros que sí recuerdo haber leído con criterio es “La historia interminable”, de Michael Ende, que me marcó profundamente con 13 o 14 años, y poco tiempo después leí “El señor de los anillos”, que alimentó mis delirios juveniles y mi prolífica tendencia a la imaginación que más tarde revertiría en mi interés por la escritura. Sin embargo, el libro que ha marcado mi existencia, aunque no fuera el primero al que accedí, es sin duda “La historia de los reyes de Britania”, de Geoffrey de Monmouth. Esa es la obra que marcó mi pasado, marca mi presente y sin duda será fundamental para mi futuro.

6.- La inspiración siempre es esquiva, o no. ¿Tienes algún método o rutina para que no falte a la  hora de escribir?
Quizá en estos tiempos tan complejos la inspiración es más esquiva que nunca. Las preocupaciones son muchas y los pensamientos se resisten a desplazarse hacia atrás en el tiempo tantos siglos como uno quisiera. La vocación de novelista persiste, aunque debe hacer frente a la tentación de cargar tintas contra todo aquello que crece a nuestro alrededor como cizaña y hierba mala, ahogando los más nobles y honestos sentimientos que estrechan lazos entre el género humano. Fuera de eso, siempre he considerado que la inspiración es cornuda y que yo soy de los que la recibe con el capote entre las manos. Aprendí a capearla pronto y a subyugarla a mis intereses y propósitos, con lo que no me quejo en absoluto. El método para hacerlo es disponer de tiempo y lograr crear una buena atmósfera a tu alrededor que te permita entrar en materia. Para ello, nada mejor que la música y, en mi caso, abusar de atmósferas épicas, oscuras y opresivas es garantía de que el relato tendrá ese sentimiento que creo que ya es marca de la casa. Sobre rutinas, quizá el truco es tratar de mantener el trasero sobre la silla del ordenador el máximo tiempo posible a lo largo del día. Que no falte un buen tazón de café al lado y que el constante sonido del teclear te recuerde a cada momento que estás escribiendo.

7.- Reseña, sin humildad, tus libros mejor escritos.
Tengo dos novelas publicadas: “El señor de Lordemanos” y “Como polvo de la tierra”. Ambas tienen mi sello, aunque son diferentes en esencia y forma. ¿Cuál de las dos está mejor escrita? No sabría decirlo, la verdad. Con la primera quizá dejé al descubierto mi inocencia literaria en muchos puntos, pero conseguí llamar la atención, pese a presentarme a tumba abierta, de muchos apasionados y entendidos de la Historia, lo cual ha sido un gran motivo de orgullo para mí. De la segunda dicen que es capaz de provocar angustia y de hacer llorar a quien la lee. Imagino que dependerá del lector, pero reconozco, no sé si con algo de vergüenza, que yo mismo he emborronado varias palabras con alguna lágrima. Sé que ambas adolecen de muchos defectos, tantos o más como su creador tiene, aunque si de algo me jacto es de que han sido muy valoradas por gente que siente una gran devoción por el género y por la Historia en general, y eso, como ya he dicho, me colma de orgullo. Afortunadamente ambas están hechas para ser amadas o despreciadas, para que el lector pase sobre ellas de puntillas o para que no quede indiferente. Si de algo no pecan es de responder a una fórmula precocinada para empalagar todo tipo de paladares. Más bien creo que por un motivo u otro son de esas historias que terminan por desnudar el criterio del lector, para bien o para mal.

8.- ¿A qué personaje de tus novelas te gustaría dar vida?
En realidad son mis personajes los que dan tinta a una parte de mi propia existencia. Todos tienen un poco, o un mucho, de mí e, irremediablemente, yo arrastro una parte importante de ellos. Me gustan las historias que se apoyan en un personaje protagonista fuerte y definido, y quien haya leído mis novelas lo habrá notado sin duda. En mi primera novela, era el obispo Cresconio el que copaba la atención de cada una de las páginas del relato y sobre sus hombros no dudé en cargar muchos de mis pecados. Para “Como polvo de la tierra” el protagonismo ha quedado reservado para Leví Aben Yosef, un personaje ficticio al que venero y admiro por su carácter de verdadero superviviente. Él ha padecido, como yo lo hice antes, algunas de esas desgracias que tanto tiñen de color prieto la existencia del ser humano, y en su mente se repetían muchos de los terrores que siempre han condicionado mi propia vida. A veces releo las páginas de algunos de mis relatos y veo el destello de mi reflejo en el espejo del pasillo de mi casa. Ellos son un trozo de mí y yo soy un poco de ellos. Eso sí, su existencia no la querría para mí bajo ningún concepto.

9.- ¿Crees que el negocio editorial va por buen camino?
Negocio y Literatura son dos palabras que me cuesta conciliar y en consecuencia me cuesta juzgar como positivo un camino trazado que deba ser recorrido a un tiempo por ambas. Supongo que a lo largo de la historia el arte siempre se ha apoyado en el mecenazgo, pero la industria de la literatura actual dista mucho de lo que yo juzgaría deseable. El mercado está saturado, al menos eso dicen, y para muchos eso es la causa de que muchas obras de gran calidad no consigan ser publicadas o lo hagan en pequeños sellos independientes, quedando obstruida su fluidez hacia el gran público. Para mí, sin embargo, es la actitud de las principales editoriales la que perjudica a muchos de los grandes autores con los que contamos. Prima más una obra vendible y comercial que una realmente comprometida con la calidad literaria y con el rigor histórico. Quizá se imponga, como dicen algunos, la nueva cultura de los 120 caracteres y se juzgue que el legado cervantino está ya más que embalsamado, pero yo creo fervientemente en la coexistencia de todas las propuestas. Debe haber un lugar para toda clase de obras, pero algunos entienden que el espacio solo debe reservarse a las que generan dinero. Al trabajador de las letras le toca resignarse con ello y, lo peor, aceptar que del dinero que generen sus obras solo le corresponde un porcentaje ínfimo. Quizá esta que te doy no sea la respuesta más políticamente correcta. Supongo que ahora toca decir todo eso de que la piratería mata el mercado y ese tipo de cosas. Pero mientras hablamos de piratería olvidamos que hay otros muchos males que afectan mucho más profundamente al autor y al proceso de creación literaria.



10.- ¿Cómo compatibilizas tu vocación con tu vida particular?
Como puedo y a veces no es nada fácil. El mérito real es la comprensión y la propia dedicación que mi mujer y compañera, Mireia, empeña en mi afición. Sin su complicidad sería prácticamente imposible conseguir nada. Para escribir hace falta, por encima de todo, tiempo, y si la persona que tienes al lado no te lo concede, difícilmente podría salir nada adelante. Escribir novela histórica, y hacerlo de una forma comprometida, exige no solo tiempo para escribir, sino también para leer, para documentarse, para viajar… El tiempo es la clave de todo y conseguir disponer del máximo posible es fundamental, aunque ello suponga recortar horas de sueño, prescindir de salir a dar un paseo o renunciar a tomar una cerveza en el bar con los amigos.

11.- ¿Cuál es tu peor manía a la hora de escribir?
Beber café de manera obsesiva. Eso, y olvidarme de que la vida sigue más allá de puerta de la mazmorra en la que me encierro durante horas.

12.- Indícanos un autor predilecto anterior al s.XX que te haya convencido como lector y como escritor
Geoffrey de Monmouth. En realidad podría citar a muchos, pero ninguno, anterior o posterior al siglo XX, ha determinado mi vida y mi actividad creativa como el autor de la que considero una de las obras cumbre de la literatura medieval. Geoffrey fue el creador de Arturo, sin duda uno de los grandes personajes de la literatura heroica, y su obra podría ser considerada tanto una fuente esencial para la narrativa histórica como para la fantástica. Su “Historia de los reyes de Britania” cayó en mis manos cuando tenía 15 o 16 años, y no podría decir con plena conciencia cuántas veces la he leído, pero seguro que no exagero si digo que el capítulo que dedica a Arturo lo han recorrido mis ojos más de medio centenar de veces.

13.- ¿Ebook o en papel?
Papel. Lo digo de manera rotunda. Arrancarle la tinta a la literatura es como pretender que alguien viva sin arterias, capilares y venas. Ello no quita para que el ebook tenga su espacio y para que como autor que trata de sobrevivir en el siglo XXI no dude en adaptarme a las nuevas tecnologías y los nuevos mercados digitales. Mi segunda novela, “Como polvo de la tierra”, solo ha visto hasta ahora la luz en formato digital, y lo cierto es que me siento como si solo hubiese conseguido publicar la novela a medias. Me obsesiona el hecho de poder ver mi novela impresa en papel y creo, honestamente, que a cualquier autor en mi situación le sucedería lo mismo. Quizá todavía no estemos del todo preparados para el cambio, aunque yo solo pido que el dilema se resuelva con la convivencia entre formatos. Para ser justo, en cualquier caso, hay que saber ver las ventajas del ebook, que, para mí, son esencialmente estrechar las distancias con el lector hasta quedar un click de ratón de su casa y, sobre todo, que se pueda acceder a lo que uno escribe a un precio decente y no tan obsceno como el que estamos acostumbrados.

14.- ¿Qué relación te une con Granada?
Granada es una ciudad muy especial para mí por lo que ha significado en mi carrera como autor. En 2010, como ya he dicho, fui finalista del CajaGranada de Novela Histórica, posiblemente el premio más prestigioso que existe en nuestro país dedicado a este género. Si piensas que por aquel entonces todavía no tenía nada publicado, salvo algún puñado de relatos en alguna edición conjunta y algunos artículos, comprenderás lo que supuso para mí aquella experiencia. Viajé junto a mi esposa y compañera hasta allí para disfrutar del mérito que suponía que un novel como yo fuese finalista del certamen, y allí coincidí con muchos grandes de la narrativa histórica como Pilar Queralt del Hierro, Almudena de Arteaga, José Luis Corral o Toti Martínez de Lezea, pero sobre todo con el ganador del premio, Jesús Maeso de la Torre, por el que siempre he tenido una grandísima devoción y del que me reconozco un fan entregado y leal a cada una de sus magníficas obras. Nunca antes había estado en Granada, aunque había utilizado sus lienzos de muralla y su puerta de Elvira para ambientar un viejo relato protagonizado por el arzobispo Juan de Cerezuela.

15.- ¿Qué te traes, actualmente, entre manos?
Pura y llanamente sobrevivir. Son tiempos pírricos en los que el simple hecho de salir adelante ya supone un coste grandísimo, y no pasa desapercibido para nadie que es una mala época para los que nos dedicamos a la Educación y la Cultura. A vueltas con el día a día está mi tercera novela, que va tomando forma poco a poco y que espero poder publicar algún día con la misma dignidad que sus predecesoras. Por lo demás, uno siempre anda envuelto en diversos proyectos: artículos para revistas, alguna colaboración para algún volumen de Historia… El tiempo es precioso y últimamente parece escasear, pero aún así trato de mantener los lazos que me unen al Cuaderno Rojo —un colectivo literario de aquí de Valencia que terminó por adoptarme hace pocos meses— y al grupo de recreación histórica CONCA, con el que me hallo estrechamente unido.

16.- Recomienda un libro para este verano.
Podría recomendar muchos, aunque siempre he creído que recomendar un libro a un lector sin conocer personalmente sus gustos puede resultar temerario. A veces uno llegar a pensar que no hay que recomendar libros a los lectores, sino lectores a los propios libros. En cualquier caso, y por no evadir el compromiso al que me somete la pregunta, diré que cualquier novela histórica que esté bien escrita y que reproduzca con fidelidad el contexto histórico y social en el que se desarrolla merece la pena. En España, afortunadamente, ha aparecido una hornada de autores en los últimos años que parece tener mucho que decir; Luis Zueco, Blas Malo, Sebastiá Roa… son nombres que se van abriendo paso en los estantes de las librerías con aportaciones interesantísimas que abordan la novela histórica desde muy diferentes enfoques. A parte contamos con grandes autores de gran prestigio y largo recorrido, empeñados en el rigor de sus obras o en su calidad literaria —algo que a veces se echa muy en falta—. Yo me quedo, de entre todos ellos, con Maeso de la Torre y su forma magistral de escribir, y de todas sus obras con “Al-Ghazal: el viajero de los dos Orientes”, que disfruté enormemente y que me demostró que se puede realizar una gran obra sin abandonar presupuestos elementales como la ambientación, la riqueza del vocabulario, el uso de la descripción, etc.

17.- ¿Qué es para ti la novela histórica?
Ante todo es un género de novela, con todo lo que ello implica. Considerarla de otra manera distinta a esa es errar de manera evidente. A mí me gusta también utilizar esa otra expresión de “ficción histórica”, que deja claro que, ante todo, al enfrentarte a una novela histórica te encuentras frente a una historia inventada que tiene como principal cometido el entretenimiento. Me sorprende a veces la ingenuidad de algunos lectores que llegan a creer hasta la última coma de lo que se cuenta en una obra de ficción, y eso ocurre esencialmente en el ámbito de la novela histórica, lo mismo que sucede con el cine de este tipo. Dicho eso, que me parece una obviedad, sí es necesario dar el valor preciso a la etiqueta “histórica” que define el género, y en ese sentido, a mi juicio, la novela histórica debe distinguirse del resto por el compromiso que el autor adquiere con la propia Historia. El autor, obviamente, es creador de una historia ficticia, pero debe tener en cuenta el marco histórico en el que se esta se encuadra, la propia sucesión de acontecimientos conocidos y la realidad social y mental de ese período concreto. No errar en ninguno de esos aspectos es esencial, pero la necesidad de que la novela sirva también para ilustrar y acercar al lector a la propia realidad que trasciende por encima de la propia ficción de la novela me parece fundamental y determinante. A mi juicio no todas las novelas que cuentan historias que se desarrollan en períodos pasados son necesariamente históricas. Y no digo con ello que no puedan ser magníficas obras, sino simplemente que, por culpa de algunos fenómenos literarios sobradamente conocidos, se ha abusado, y mucho, de la etiqueta “histórica”, haciendo un flaco favor a los seguidores reales del género. 

18.- ¿Qué te has dejado en el tintero?
Demasiada tinta que ya se evaporó con el paso del tiempo: personajes que no llegaron a existir o que se quedaron en el útero de su padre que los creó; historias realmente extraordinarias, algunas no tanto, que permanecerán enclaustradas entre las rejas neuronales de mis pensamientos y que están condenadas a disolverse entre la nada cuando los huesos de este creador se conviertan en polvo de la tierra; proyectos que jamás merecieron más nombre que ese y que durante mucho tiempo llenaron mi vida… A un nivel más real, pues a veces la línea que divide la realidad de la ficción es muy ténue, muchas experiencias que debería haber vivido, pero a las que renuncié por querer diferenciarme del resto; muchos viajes que proyecté, pero que jamás realicé; muchos momentos que quise pasar junto a los míos, pero que al final dejé que se perdieran; ser padre… No sé. Creo que en el tintero se han quedado las mil vidas que pude vivir y que no he vivido. También es cierto que me encanta la vida que perfilé con la tinta que no se evaporó en el tintero y que me siento lo suficientemente joven como para creer que puedo vivir otras mil vidas más.

19.- ¿Existe algún libro que no te hayas atrevido a leer? ¿Puedes decirnos cuál y por qué?
Con vergüenza he de decir que “El Silmarillion” de Tolkien. Disfruté mucho en mi adolescencia con “El hobbit” y “El señor de los anillos”, años antes de que el reclamo de la gran pantalla, si se me permite decirlo, pervirtiera de alguna forma esa esencia mágica que siempre tuvieron las obras de este magistral autor. Sin embargo, un velo impenetrable siempre rodeó esa otra gran obra —lo digo con la frustración de no haber sido capaz de conocer su contenido— que es “El Silmarillion”. Me tranquiliza el hecho de saber que muchos de los seguidores más acérrimos de Tolkien tampoco lo han leído. Yo lo comencé hace muchos años y decidí dejarlo por respeto a Tolkien y a mí mismo. Cuando uno no está preparado para leer un libro, lo mejor que puede hacer es dejarlo. Hasta las palabras más honorablemente pronunciadas o escritas pueden soportar la indiferencia, pero jamás el ser incomprendidas o malinterpretadas.



20.-  ¿A qué escritor te gustaría que enviáramos este cuestionario? 
Esta pregunta es muy comprometida. Podría dar uno de esos nombres de referencia a los que uno tanto admira, pronunciar el de quien a uno siempre le ha guiado los pasos o citar el de algún buen amigo —por aquello de que uno siempre se decanta por lo que le toca de cerca—. Sin embargo, con el permiso de los grandes, de los mentores y de los amigos, te diría que Luis Zueco, por aquello de que algún día será uno de los autores de referencia del género, si es que no lo es ya, porque siempre me sentí algo apadrinado por él tras publicar mi primera novela y también porque lo considero un amigo, o al menos alguien que sin duda lo sería, y de los buenos, si la distancia que nos separa y las circunstancias fueran otras.

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