jueves, 1 de agosto de 2013

CUESTIÓN DE ESCRIBIR NOVELA HISTÓRICA: HOY CONTESTA… FRANCISCO GIL CRAVIOTTO



FRANCISCO GIL CRAVIOTTO


  

  1. Preséntate tú mismo a tus lectores.
 Soy un escritor que, salvo el teatro y el guión de cine, he cultivado, con mayor o menor fortuna, todos los géneros y subgéneros que emanan de la prosa: novela, relato, biografía, ensayo, crítica, -literaria y de arte-, periodismo, conferencia, traducción… En todo momento he procurado huir de la grandilocuencia, la parrafada, el tópico y, como diría Machado, he intentando mantenerme “au-dessus de la melée”, sin pertenecer a ningún grupo, escuela o tendencia literaria. Si tuviera que encasillarme, me incluiría entre los marginados.
  1. ¿Cuándo escribiste tu primera historia?
Es muy difícil responder a esta pregunta. Seguramente cuando estaba en el internado de frailes, suponiendo que aquello se pudiese considerar el inicio de mi obra. Yo suelo decir que, todo lo que escribí antes de mi etapa parisina, pertenece a mi prehistoria literaria y no merece la pena recordarlo ni conservarlo.
  1. ¿Cómo recuerdas los comienzos de tu profesión de escritor?
Mis comienzos literarios fueron muy duros. Yo pertenecía a una familia de la pequeña burguesía rural en la que tener un hijo escritor casi se consideraba una desgracia. “Mira cómo terminó Federico”, era una frase muy corriente y aterradora en la Granada de entonces. Cuando mi padre se lamentaba ante sus amigos de su desdicha, éstos lo consolaban diciéndole: “Peor es que te hubiera salido maricón”. Yo era a la vez estudiante de Derecho –en teoría-, colaborador fijo del diario “Patria” y “Hoja del Lunes” de Granada, agente de publicidad de ambas publicaciones y colaborador esporádico de varias revistas. Aún así logré sacar los dos primeros cursos de Derecho y parte del tercero. Cansado de soportar aquella Granada hipócrita y levítica, en la que no ir a misa y leer a Voltaire se consideraba poco menos que un crimen, me marché a Francia.  Allí permanecí treinta y cinco años. Cuando regresé, España era una democracia –al menos de fachada-, y yo tenía el pelo gris.
  1. ¿Has podido, en algún momento de tu vida, vivir de la escritura?
Esta pregunta, en mi caso, tiene dos respuestas: si sólo considero como producción literaria mi obra creadora, la respuesta es un no rotundo; si, con un criterio más amplio, incluimos la traducción, la respuesta es sí.
  1. ¿Cuál es el primer libro que recuerdas haber leído?
El Quijote. Lo teníamos como libro de lectura en la escuela rural de mi pueblo. Un Quijote abreviado, en el que habían suprimido toda escena escabrosa, pero con un lenguaje del siglo XVII que ningún chico comprendía, ni el maestro se molestaba en explicar. Si alguien me hubiese dicho que “duelos y quebrantos” era simplemente un guiso, me habría llevado las manos a la cabeza.

  1. La inspiración siempre es esquiva, o no. ¿Tienes algún método o rutina para que no falte a la  hora de escribir?
En efecto la inspiración es esquiva. Por si fuera poco, nos suele visitar en los momentos más inoportunos. Para conseguir sus favores el sistema que yo utilizo es el paseo. Apago el ordenador, tomo bolígrafo y cuadernillo de apuntes y me voy por zonas solitarias o el campo. Así consigo a veces solucionar un capítulo o incluso dos. El problema en estos casos es que, si se cruza alguien conmigo, no lo veo, -tampoco veo los charcos ni las cacas de perro-, lo cual ya me ha producido más de una sorpresa desagradable y alguna enemistad.
  1. Reseña, sin humildad, tus libros mejor escritos.
Yo siento un cariño especial por las dos novelas del díptico “Los Papeles de Juan Español”, recientemente publicado en la editorial Transbooks, en la que también han publicado otros escritores amigos míos, como Fernando de Villena, Carolina Molina, Alberto Granados y Enrique Morón. El primer libro del díptico comprende la infancia del protagonista, mi alter ego, Juan Español, y el segundo la adolescencia. El escenario del primer libro es un pueblo de la España rural en los años más duros de la dictadura y el del segundo un internado de frailes. También, justo es reconocerlo, siento cierta predilección por “La boda de Camacho” –un fuerte alegato contra la violencia de hogar- y “El Oratorio de las Lágrimas”, una historia de amor en el verano de 1945 entre dos adolescentes: ella republicana y él franquista.
  1. ¿A qué personaje de tus novelas te gustaría dar vida?
A Carmen, la protagonista de “El Oratorio de las Lágrimas”. Me parece que en el cine daría un personaje extraordinario. Guapa, inteligente y con una habilidad extraordinaria para salir victoriosa en todas sus aventuras. Pero dudo mucho que a los gerifaltes de la tele y el cine se les ocurra llevar a la pantalla la novela de un escritor que vive al margen de los circuitos políticos y comerciales.
  1. ¿Crees que el negocio editorial va por buen camino?

No. Las editoriales son grandes empresas comerciales a las que sólo interesan las ventas. La mayoría de ellas hacen honor al famoso dicho de Lope de Vega: “Puesto que lo paga el vulgo, justo es hablarle en necio para darle gusto”. Si un escritor llega con una gran novela y una tonadillera con una recopilación de sus aventuras de alcoba, podemos estar seguros que al escritor le darán con la puerta en las narices y la tonadillera verá su libro publicado.
  1. ¿Cómo compatibilizas tu vocación con tu vida particular?
Es difícil. El hecho de permanecer horas y horas sentado frente al ordenador, sin que esto tenga una inmediata recompensa económica, en la mayoría de los casos, es interpretado por las familias como un pretexto para rehuir los deberes del hogar. Incluso algunas familias convierten la literatura en el refugio del desertor. Por lo que a mí respecta procuro mantener un precario equilibrio entre la familia y mi vocación literaria. Fue precisamente esta realidad la que llevó a Pío Baroja a permanecer toda su vida soltero.
  1. ¿Cuál es tu peor manía a la hora de escribir?
El silencio. Tengo la suerte de vivir en una calle silenciosa, pero a veces me llegan los ecos de la caja boba que en el comedor hace la apología del último cantante de moda, lo cual me obliga a cerrar la puerta, gesto que es interpretado como un deseo de aislamiento.
  1. Indícanos un autor predilecto anterior al s.XX que te haya convencido como lector y como escritor
Me permito cambiar ligeramente la pegunta y, en lugar de un autor, voy a señalar tres. El primero, naturalmente, es Cervantes. Aunque mis primeros contactos con su obra maestra, en la escuela de mi pueblo, fueron negativos, ahora es mi autor preferido. Una de mis novelas más queridas, “La boda de Camacho”, tomó el título de uno de los capítulos de la segunda parte de “El Quijote”. El segundo es Voltaire. Creo que a él le debo gran parte de la ironía que dicen hay en mis páginas. El tercero es Octave Mirbeau, un escritor muy poco conocido en España. Aunque se trata de un escritor del siglo XIX –también vivió unos pocos años del XX-, ocurre que coincido con él en un montón de cosas: el amor a la naturaleza, animales y plantas, la mirada compasiva hacia los débiles, marginados y niños, el pacifismo, el laicismo, el horror a la guerra y a los internados de curas y frailes… Y, por si faltaba algo, a los dos nos gustan los perros y las mujeres guapas.


  1. ¿Ebook o en papel?
Papel. El encanto que tiene el papel no lo puede tener la pantalla del ordenador ni el lector digital. No obstante, como soy consciente de la época que vivimos, mis dos últimos libros los he publicado en versión digital en la ya mencionada editorial Transbooks.
  1. ¿Qué relación te une con Granada?
Soy granadino, aunque haya vivido más tiempo fuera de Granada que en Granada. La vida tiene esas ironías.
  1. ¿Qué te traes, actualmente, entre manos?
Estoy terminando una traducción: la novela “Sebastián Roch” del ya mencionado Octave Mirbeau (1848-1917), que publicará el próximo otoño la editorial Transbooks. Se trata de una novela –denuncia de la pedofilia en los colegios de frailes y curas y, aunque el libro se publicó en 1890, creo que aún no ha perdido actualidad.
  1. Recomienda un libro para este verano.

Me voy a tomar la libertad de recomendar tres libros. Para quien tenga lector digital, recomiendo la lectura del libro “Cabos sueltos” de Alberto Granados, recientemente publicado por Transbooks. Para quien prefiera el papel, recomiendo “Noches en Bib-Rambla” de Carolina Molina y, para quien no lo haya leído antes, recomiendo “La lluvia amarilla” de Julio Llamazares.
  1.  ¿Qué es para ti la novela histórica?
Mi concepto de novela histórica es muy amplio y no implica la necesidad de que en sus páginas tengan que aparecer reyes, generales, dictadores y putas de palacio; me basta con que la novela en cuestión narre cualquier aspecto de la realidad histórica y social de la humanidad, para que yo la eleve a la categoría de histórica. La trilogía de Baroja “La lucha por la vida” o la ya mencionada “Sebastián Roch”, entran dentro de lo que yo considero novela histórica. Pero hay, en esta amplitud de la novela histórica, un subgrupo que me interesa particularmente: el que yo llamo novela-denuncia. Algunos ejemplos: la mencionada novela de Carolina Molina “Noches de Bib-Rambla” no sólo cuenta las atrocidades cometidas contra el patrimonio artístico de Granada en los finales del siglo XIX, sino que además las denuncia; algo parecido podríamos decir en el caso de “Sebastián Roch” respecto a los colegios de curas en la Francia de Napoleón III, o, si recordamos la trilogía de Baroja, de la lamentable situación social de las clases trabajadoras en la España de comienzos del siglo XX. Creo que todas mis novelas entran dentro de la categoría de novelas-denuncia. El caso más llamativo es “La Boda de Camacho”, sobre la violencia de hogar. Ahora se contabilizan las mujeres asesinadas cada año, durante la dictadura todas entraban en la categoría “caída por las escaleras”.
  1. ¿Qué te has dejado en el tintero?
Siempre se deja uno algo en el tintero. Es inevitable. Pero hay un aspecto de mi vida y mi obra que me gustaría destacar: mis paseos por las riberas del Sena, unas veces acompañado de mi perra “Chica” y otras, solo. Estas vagancias fluviales han dado dos libros: “Mis paseos con Chica”, publicado por la editorial Alhulia, y “Orillas del Sena”, aún inédito.
  1.  ¿Existe algún libro que no te hayas atrevido a leer? ¿Puedes decirnos cuál y por qué?
No existe ningún libro que no me haya atrevido a leer, pero sí existen muchos que, una vez comenzados, los he tenido que abandonar. No quiero dar nombres. También existen otros que, debido al acicate de que están en el famoso “Índice” de  la Iglesia, en mi época joven me he apresurado a leer. Recuerdo cuando apareció en la prensa que “San Manuel Bueno y mártir” de Unamuno había pasado al “Índice” me apresuré a comprarlo antes de que lo retiran de las librerías. Ahora no tengo necesidad de estos acicates para releer –o traducir- a Voltaire o Mirbeau.


  1.   ¿A qué escritor te gustaría que enviáramos este cuestionario?
Hay un escritor español actual, cuya obra más conocida, me produjo, hace unos veinte años, una impresión tan agradable y perenne, que todavía no la ha olvidado. Me refiero a “La lluvia amarilla” de Julio Llamazares. Una auténtica filigrana literaria. No lo conozco, jamás he escrito una línea sobre él, sin embargo, a la hora de recomendar un libro de lectura, siempre comienzo por el suyo.

 

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