domingo, 27 de octubre de 2013

PEDRO DIEGO GIL LÓPEZ RESEÑA SU NOVELA "EL PERGAMINO DE SHAMAT"


Todos los escritores, al finalizar una novela, deseamos ser el centro de atención. Anhelamos las opiniones rápidas de los lectores y la reseña positiva de los críticos que impulsen nuestra obra a ser leída por todos. Pero esto no siempre sucede. ¿Alguien se ha preguntado qué siente el novelista al finalizar su obra? ¿Cómo definiría su trabajo una vez publicado?

Este cuestionario pretende transmitir la visión del escritor. Le preguntaremos sobre su novela y le daremos la oportunidad de promocionarla y hacerse autocrítica. En definitiva, será su manera de convencernos para que leamos su novela.

HOY NOS PRESENTA SU OBRA PEDRO DIEGO GIL LÓPEZ

1) Este cuestionario lo leerán muchas personas, algunas no te conocerán. Preséntate a tus nuevos lectores.

Hola, me llamo Pedro Diego Gil López, nací en Cieza (Murcia) (1961). El pasado abril presenté mi primera novela histórica. Anteriormente me he dedicado al relato y a la novela corta. Para mi escribir es una necesidad del pensamiento, una forma de recapacitar ampliando los deseos. En cuanto al concepto histórico, no sé cuando empecé a considerar que leer la historia es afirmar el presente, y escribir sobre hechos del pasado, contando los sucesos de una trama, es abrir la puerta a otra dimensión, para hacer posible un verdadero viaje en el tiempo. 

2) ¿Cómo se llama tu nueva novela?

“El pergamino de Shamat”. Quisiera aclarar que shamat, en árabe, significa el rey ha muerto, o sea jaque mate, empleado en el juego del ajedrez para alzarse con la victoria. 

3) Dinos, lo más resumido que puedas, cuál es el tema central de tu novela, en qué tiempo se desarrolla y qué has querido transmitir con ella.

Un pergamino con tres problemas de ajedrez puede tener la clave para salvar el reino Nazarí de Granada. Su poseedor, un médico judío, instruye a un joven en una villa del reino de Murcia, llamado Diego. Hace de él un incipiente maestro de ajedrez, con el fin de que sea el custodio de los problemas.

Todo se precipita cuando un ejército granadino ataca la villa. Uno de sus objetivos es encontrar el pergamino. Torturan al médico judío sin conseguir nada, solo averiguan que lo entregó a alguien desconocido. 

El joven Diego es hecho cautivo y llevado a Granada. Allí es forzado a los peores trabajos de esclavo. Consigue librarse de la muerte gracias a su forma de jugar al ajedrez. La habilidad que muestra en el juego lo alza a la fama. Pronto es conocido con el nombre de Shamat. Hasta que, los consejeros de Muley Hacen, relacionan su habilidad ajedrecística con su procedencia, para pensar que puede saber algo sobre el pergamino. La intervención premeditada de Soraya, la favorita del Sultán, logra que se salve de la tortura. La señora de la Alhambra, con su deslumbrante influencia, consigue que Diego confiese la posesión del pergamino, con la promesa de concederle la libertad, junto a su amada, una mora que vivía junto a la villa a orillas del río Segura, y que su padre cedió al Sultán. Se suceden las intrigas en los fastuosos palacios de la Alhambra, mientras todo se complica. La guerra entre el reino nazarí y los reinos cristianos está muy avanzada. Todas las predicciones auguraban la ruina del reino. Muley Hacen se ve abocado a una guerra total contra el Rey Católico. Y la empresa del pergamino, podría lograr la paz y salvar el jardín granadino. El secreto que encierran los problemas de ajedrez promete la reconciliación entre las tres religiones monoteístas que rigen el mundo.

4) ¿Se ha publicado en papel o en digital? Dinos con qué editoriales y no dudes en poner su página web para que podamos conocerlas.

Publicada en papel por la editorial Atlantis www.edicionesatlantis.com

5) Los autores nos encariñamos con nuestros personajes. Háblanos de ellos y dinos cuál es tu preferido.

Los personajes que salen en mi novela son muy variados. Desde el médico judío hasta el obispo Hernando, me quedo con Baasin, un mago árabe y con el Hijo del Sillero, un adalid rebelde, incluyendo la vieja Usla, una daifa desahuciada que ayuda a disparar la trama. La novela recrea constantes alusiones a la hermosa Zafira, la protagonista, fiel al amor de su vida, o sea, a Diego, el hábil jugador de ajedrez, protagonista de la novela y custodio del pergamino.

6) Las ideas surgen como chispas, a veces nos vienen cuando menos nos lo esperamos. ¿De dónde partió la idea de escribir esta historia?

La imaginación me permitió crear esta historia inspirado en el rico patrimonio arqueológico que tiene Cieza, con la medina musulmana de Siyasa, cuyas ruinas perduraron sin cambios desde su abandono en el siglo XIII. Luego, un trabajo razonable y constante enriqueció poco a poco la obra hasta darle la forma definitiva. 

7) La novela histórica es un trabajo muy arduo. ¿Cuánto tiempo te llevó documentarte y recopilar todos los datos suficientes para desarrollarla?

En mi caso, la búsqueda de documentación fue constante, y a través de los cinco años que he tardado en acabar la obra, fui recopilando datos a la vez que escribía. Conforme aumentaba el trabajo crecía la necesidad de documentarme, y la trama misma de la novela fue sumergiéndose en los hechos históricos capítulo a capítulo, inspirándome a la vez. 

8) ¿Qué fue lo más anecdótico que te encontraste en esta documentación?

A parte de mi asombro por la Alhambra, la difusión que tuvo el ajedrez en la época con la incorporación de la Dama, o Reina, al juego, con las normas que permitieron dilatar en el tiempo su práctica hasta nuestros días. 

Recientemente se descubrió que fue en un pueblo de Valencia, con el poema de Escacs d,amor, que apareció entre 1475 y 1477, (Fecha está última que coincide con el año del ataque nazarí a la villa de Cieza, en el Reino de Murcia), donde se deja constancia del uso de la Dama, como un eco del creciente poder de la mujer, de cara al Renacimiento. Escacs d'amor habría sido escrito por tres poetas de la época: Francesc de Castellví, Narcís Vinyoles y Bernat Fenollar, este último considerado un auténtico factotum de la actividad cultural de la Valencia del final del siglo XV.

9) ¿Por qué crees que esta novela merece ser leída?

Porqué ensalza la convivencia entre personas de distinta religión, y también, porqué ensalza a la mujer y su poder benefactor, y por describir personajes que representaron un mundo único, donde la riqueza de ideas y propósitos agrandaban los lugares, convirtiéndolos en grandes monumentos del tiempo. 

10) Déjanos abrir boca. ¿Nos permites leer un trocito de ella? 

Zafira se había enterado de mi regreso. Largos eran los tentáculos que se deslizaban desde la Alhambra por todo Granada y la posición de las mujeres del sultán era privilegiada. Mi mora pudo hacerme llegar sus palabras, escritas con suma delicadeza sobre fino papel, para levantar el ayuno de mi alegría. Empezaba hablándome con dureza, que el trazo de su letra lo vi yo recio en demasía, sin alargamientos. Mas luego sus palabras se deslizaban con suavidad sobre letras aladas como garzas y, con sencillez, empezaron los renglones a formar manadas de gacelas para decirme: “Si piensas en mí, siente el deseo que sufro por verte, de mi mano a la tuya, alívialo pronto”. Signos alárabes que hacían fluir las palabras plenas de significados en el río caudaloso de mi pensamiento. Eran aquellos bellos garabatos el lenguaje fresco de mi mora, eufonía de una voz que cubría la distancia con el verbo, atravesando los muros y las paredes que se interponían inútilmente entre nosotros. Rizados tallos que se extendían por el papel, enredadas zarzas cuajadas de espinas, pardos rizomas de orozuz, verdes pámpanos de la vid. Leyendo llegué a sus reproches, que eran una larga manada de asnos abrevando en un río de letras: “Eres un insensato, torpe cristiano. ¡Qué mal me has hecho, abandonándome!”. La tinta, perfumada con la esencia de romero, resbalaba al escribir mi nombre destrozado y con finas líneas atravesaba el papel hacia esa libertad que ambos deseábamos; que no estábamos atados con grilletes ni con cadenas, entre sólidos muros soterrados; era peor así, por estar ambos con el corazón entre hierros invisibles, las ideas amuralladas entre aquellas altísimas torres de la Alhambra. Mucho peor era gozar de movimientos, ver la luz del día, las estrellas en la noche, y no poder alcanzar a la amada. “Deseo tanto verte”, me decía, dibujando con aquellas letras aguadas el alborozo de las aves del paraíso. Su caligrafía seguía creando significados, corría desembocando en un pálpito de ruegos, mezclándose los sinsabores que el tiempo había mediado hasta aquel delicado momento; finísimo hilo del que estirar y guiarse, y volver a su boca, con mis labios libres en los suyos. No había mayor galardón.

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